The Good Company: “Hay mucha sonoridad en la prosa de los grandes escritores”

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The Good Company llega a Madrid para cerrar una gira peninsular cargada de literatura y mensajes profundos. Hemos estado con ellos para conocer sus inquietudes artísticas y literarias. Su último disco, Walden year traspasa las barreras entre disciplinas artísticas y nos acerca la sonoridad de la alta literatura. Pero tras su música ambiental y sus ritmos africanos hermanados con el rock encierra la sabiduría del gran Henry David Thoreau. Toda una filosofía de reencuentro con lo natural, con los pequeños detalles de lo somos en realidad. Algo que han aplicado a su propia carrera musical, dejando de lado el trasiego de las discográficas y apostando por el crowfounding como una manera de reactivar el contacto con sus seguidores. En esta extensa entrevista hemos conocido su vertiente más íntima como previa a un concierto memorable en la Moby Dick madrileña este jueves 14 de abril.

 

¿Cómo ha sido vuestra exitosa incursión en el crowfounding?

Teníamos la experiencia de nuestros dos primeros discos con una discográfica y fue decepcionante. Consigues que alguien te apoye y tienes un control sobre tu música, porque esos tiempos donde el sello controlaba la música ya pasaron, pero los pocos resultados que puedes lograr se nos iban de las manos y no teníamos nada de vuelta. Al final, queríamos un álbum autoeditado donde tener el control sobre todo lo que rodea al grupo, no solo a nivel musical porque nosotros hacemos de todo, incluso nuestros propios vídeos. Eso nos ha llevado a buscar entre la gente que nos había seguido en nuestros dos primeros discos y pedirles que confiaran en el contenido de este nuevo álbum sin haberlo escuchado antes. Iniciamos la campaña y fue muy bonito porque no solo tuvo éxito sino que vimos que la gente cuando tiene un motivo para implicarse con un artista lo hace y la relación con él cambia. Hicimos muchos eventos promocionales, conciertos privados o encuentros con la gente y la gente se involucró mucho con el grupo. El resultado económico fue impensable, casi todo lo devuelves en copias físicas, pero si no es por ello, hubiera sido imposible que este disco se llevara a cabo. Walden year necesitaba una producción cuidada y el dinero recaudado hizo que la continuidad del grupo fuera posible. Básicamente ya no se trata de que salga bien o mal sino que el crowfounding es una manera de sobrevivir, de que vea la luz tu trabajo.

¿Con qué método os quedáis, tradicional o crowfunding?

Este método nos parece mucho más sano y mucho más pegado a la realidad musical hoy en día. Quien esté apostando fuertes cantidades de dinero por un grupo o está fuera de la realidad o está esperando un resultado en unos circuitos en los que nosotros no estamos. Era la ilusión que teníamos más jóvenes pero un grupo con la música que hacemos no puede pretender estar en los circuitos de Amaral o Pablo Alborán. La auto financiación me parece le camino o al menos la financiación con gente que está en tu mismo camino.

¿El futuro del pop pasa más por proyectos auto-financiados que por el mainstream?

Al mainstream puede llegar un tema suelto, una melodía incluida en una serie, por ejemplo. Yo pongo el ejemplo de Bon Iver a menudo. Él tiene un Grammy y ha sido #1 en algún país y no lo conoce nadie que no esté en un círculo alternativo. La mayoría no sabe quien es. Ha tenido un pico y a pesar de ser una estrella volverá a su zona de influencia. Nosotros estamos en un contexto muy particular, y nuestra banda está en otra lucha. La de sacar los proyectos adelante, en que si la gente paga una entrada por ver a un grupo como nosotros vea un espectáculo que le haga algo, que le cambie algo. No solo que sea correcto a nivel técnico sino que le conmueva. Luego que eso te lleve a un nivel superior está tan fuera de nuestro alcance aún haciendo las cosas bien que cada vez nos preocupa menos. Este es un grupo que se encarga de todo, de diseño de portada, clips… pero más allá de todo eso los grupos alternativos tienen una realidad y deben trabajar en esa realidad e intentar saltar tres niveles de un golpe es como intentar adelgazar 20 kilos en una semana. Volverás a recuperarlos rápidamente.

¿Qué les diríais a una de esos mecenas que colaboraron con la financiación del disco?

Pues muchas gracias, siempre que nos ha pasado algo así nos gusta invitarles a conocernos porque es algo que debemos hacer. Es agradecimiento, la salida que le vemos al mundillo musical es reconectar con costumbres que se perdieron en la era digital. Ser de nuevo un recomendador de música y no dejar que sea Spotify quien te diga lo que tienes que escuchar. Eso también pasa con el mundo del directo que está sufriendo otra caída de nuevo, no en las grandes cifras pero si en grupos de nivel medio para abajo. Al público le está volviendo a costar ir a estos conciertos y con estas iniciativas buscamos que el público se implique.

¿A qué se debe ese descenso?

Hay un enfriamiento. La gente debe ocuparse de sus asuntos y la vida no está fácil y creo que cuando pones los acentos en una serie de cosas los quitas de otras cosas. Es tan fácil escuchar música y está tan presente en tantos dispositivos que puedes sentir que la tienes en tu vida sin acudir a un concierto. Es posible que la gente esté cerca de ir de nuevo, que haya perdido momentáneamente el toque, pero hay muchas bandas que se mueven en una escena un poco débil comparada con las que hay en ciudades enormes como Madrid o Barcelona. Si se te cruzan varios planes por delante es complicado elegir pero la solución es seguir. Algunos no seguirán, otros sí. La criba nos autoregula en ese sentido. A nosotros nos toca seguir y esperar a que cuando la gente recupere el apetito estando ahí.

Vuestra música proviene de muchas culturas, ¿De dónde proviene este viaje musical que planteáis en vuestras canciones?

Son influencias musicales presentes siempre en nuestro interior. Yo, Víctor, soy canario de raíces madrileñas y canarias con familia libanesa. En casa siempre ha habido discos de diferentes pelajes y en Walden hay referencias que vienen de esa primera música marroquí que se abría al pop y al rock con guitarras eléctricas. Hay mucha influencia de África pero también de otras músicas que emparentan bien con el tema del disco, la naturaleza. La música tiene tantos colores, tantas temperaturas, que para mí era muy obvio que para seguir ese camino debía incluir diferentes ritmos para que hubiera distintos matices. El uso de la trompa es algo que está en el álbum y que se ha ido asentando de forma destacada porque es como un murmullo convertido en una segunda voz que acompaña a la principal y todo eso va formando la personalidad del grupo. En este álbum hemos intentado abrir la paleta siendo fieles al rock e ir añadiendo esas cosas que ya estaban en la banda y que ahora las estamos asentando a un nivel estético.

¿Ese estilo es algo puntual o se mantendrá en futuros trabajos?

Creemos que sí. Puede ser que de repente demos un giro y hagamos algo acústico. Pero ya será otro tipo de decisión. Siempre buscamos en directo muchos colores porque somos 7 en la banda y buscamos fluir sobre el escenario. Queremos que cada instrumento tenga su momento. Tenemos una pequeña habilidad para manejar esta variedad instrumental.

¿Walden es un disco evolutivo o rupturista?

No creo que sea rupturista. Ha salido un álbum más ambiental, con una intensidad controlada. Hay una madurez como en todos los grupos cuando llevan tres, cuatro discos. Caminamos hacia una música emocional y los recursos que encontramos pueden ir cambiando con la manera en la que plasmamos esa emotividad. Estamos yendo hacia partes muy ambientales en los temas y mezclándolas con otras más cañeras. Ese contraste nos gusta.

¿Qué pretendíais transmitir con este disco?

El nombre del álbum que es el año Walden es como si se tratase de otro año chino, en lugar de ser el año del dragón pretendemos que este LP sea una invitación a tener un año al estilo del escritor del libro Walden, que se fue al bosque a vivir en soledad y en contacto total con la naturaleza en la bahía de Walden. Escribió un libro allí que ha sido el hilo conductor de todo este álbum. En la portada hemos puesto un trozo de madera elevando a una categoría que no tiene ese trozo de madera. Es lo que buscamos, poner la luz en las cosas más sencillas e invitar a quien lo escuche a vivir así aunque no nos vayamos a ningún bosque. Se puede incorporar esa visión a cualquier momento de tu vida.

¿Cómo ha sido colaborar con tanto talento de la escena nacional para la elaboración de Walden year?

Cada vez está siendo más común la interacción entre grupos. El talento externo nos ayuda a hacer cosas mejores. En nuestro caso fue muy poco buscado porque son contactos que ya conocíamos de colaboraciones anteriores. A Luca Petricca le conocíamos de la época de Dearland le confiamos nuestro trabajo en sus estudios Reno de Madrid. Siempre ha estado cerca del grupo y en mi caso se ha convertido en un psicólogo personal. Me apetecía mucho producir yo mismo pero Luca siempre está presente dando buenos consejos. Con Fernando Boix, que había mezclado el disco de Pollock queríamos ver un punto de vista diferente de lo que eran las mezclas del disco y le pedimos que lo hiciera él. Y ahí surgió un feedback muy interesante porque cuando estás tanto tiempo metido en composición y producción todo esta un poco viciado. Te quedas demasiado tiempo en una misma habitación creativa. Luego también ha colaborado Carlos Sosa, miembro de Fuel Fandango. Es amigo de Las Palmas y tenía ganas de meterle al disco con sus percusiones. Ha añadido muchos colores al disco y últimamente es nuestro batería en directo. Mucha gente ha colaborado y estos discos necesitan de talento de fuera también que aporten su propia visión.

¿Cómo os encontrasteis con Thoreau?

Antes de tener iniciativa de sacar un disco basado en su obra. Estaba empezando a leer el libro y me impactó profundamente frase tras frase. Hacía tiempo que no me impactaba un libro de tal manera. Había un gran musicalidad en lo que leía, en sus descripciones de cómo un ser humano percibe la naturaleza cuando entra en contacto después de no haber estado en contacto con ella previamente. Se me ocurrió hacer una especie de banda sonora a pesar de que las frases del autor tienen un estilo literario alejado del pop. Fue un trabajo duro pero el germen estaba ahí. Era un canto a la vida que yo no tenía muy presente. Me gustó dar un rodeo por algo ajeno a nosotros y a nuestras vidas y a través de las palabras de otro construir las nuestras. Todos los temas reflejan el aspecto anímico de la experiencia de alguien desconectado del mundo y conectado con la naturaleza.

¿Crees que sería posible hoy un personaje como Henry David Thoreau?

Ahora mismo en 2016 me parece un moderno total. Está gente insertada en la sociedad de hoy serían un filón para los medios de comunicación. Además termina el libro con un manual llamado Tratado de la desobediencia civil que fue el tratado seguido por Ghandi y Luther King en sus luchas sociales. Este tipo te hablaba ya en 1854 del mundo de la moda, de la frivolidad de las fiestas de sociedad, del mundo de ferrocarril que podíamos cambiar por el mundo del móvil o Internet, que lo había cambiado todo. Él describe una modernidad muy actual. Ojalá hubiese más, que sacuden la normalidad. Se pegaría un tiro pero sería muy interesante verle aquí.

¿Qué otros escritores os podían inspirar a hacer un disco?

Por la línea que estamos hablando, Waldo Emerson. Él fue un maestro para Thoreau. El espíritu de la naturaleza encaja en el punto de vista de la fascinación por la naturaleza y como la simpleza lo puede cambiar. Ese concepto de dejar de observar todo y centrarse en algo simple es interesante, porque en la música siempre buscamos innovar y complicarse demasiado y como concepto para componer es interesante. Deja los preceptos prefijados y parte de otra cosa. No lo vamos a hacer más porque es complicado. Salió de manera natural, no nos gustaría convertirnos en adaptadores de libros porque sería forzado. He descubierto muchos escritores que por su ritmo y sonoridad cuando escriben tienen música dentro, Hemingway la tenía.

¿La música debe ser natural o cabe la artificialidad?

Todo cabe y todo está bien. Desde la época más experimental de David Bowie, cuya artificialidad está más justificada, a lo más natural. Todo te lleva a una sensación, que es lo que busca la música. Si buscas transmitir una sensación de alineación, por ejemplo, tienes que hacer un estilo de música y eso es lo que va a plasmar tu descontento. Es curiosa la pregunta, porque en Madrid hay un latido de música diferente del de Barcelona. En Barcelona todo es más lírico y poético. Aquí se lleva un estilo más rock, más rudo pero que también tiene su punto. A mí por ejemplo Quique González a pesar de ser cada vez más americano me parece un artista muy madrileño y me encanta. Tiene un nervio muy literario. Cada ambiente te pide una canción. No somos muy dados a la electrónica en The Good Company pero en otros proyectos nos encanta lo de samplear y esas formas de hacer música.

¿Qué os espera después de la gira?

Tenemos tareas por terminar. Hemos grabado la continuación de Delta, el primer clip de este álbum que nos lleva a otro tema como Supreme Grey y que viene a continuar la trama que tocamos en ese primer vídeo-clip. Estamos en postproducción ahora de este material. Y de forma paralela hemos hecho una grabación en directo con una orquesta sinfónica, en el auditorio Alfredo Krauss de Gran Canaria. Cambiaban los arreglos de forma orquestal que ha sido algo que ha cultivado la banda en estos últimos años. Eso le da un giro de 180º a algún tema.

¿Tenéis nuevo material?

No, aún no. Estamos centrados en Walden. En paralelo a la campaña de crowfounding, Altafonte edita nuestro anterior disco y eso nos coloca en un estado mental curioso. A efectos prácticos el álbum está publicado hace un par de meses cuando ya llevamos año y pico con este proyecto cerrado. Hay dos tiempos y por eso estaremos en 2016 promocionando el disco y en 2017 ya nos detendremos a pensar qué es lo siguiente.

¿Qué os gustaría hacer que no hayáis hecho ya?

Un proyecto paralelo en el que volcar otras inquietudes. Hacer blues, soul. Todo lo que vamos conociendo va llevándote a tener nuevas inquietudes.

¿El inglés es el idioma del pop?

No. El pop habla castellano cada vez mejor y últimamente estamos escuchando cosas que suenan muy bien. En nuestro caso habla inglés porque no es un recurso ni un escondite donde escribir letras para no ser reconocidas y menos en este caso que usábamos las palabras de otro que sí sabe escribir. El inglés es nuestro idioma y para otros grupos también porque es un sonido y la música es sonora, no solo mensaje. Si dominas un idioma que expresan tu música y tus ideas por qué no. Lo erróneo de usar inglés es cuando lo usas como recurso, ahí hay un vacío y viceversa con el español. Con el castellano soy precavido porque para que todo suena mucho tienes que trabajar mucho y tener las capacidades para hacerlo. Nosotros lo hemos usado en algún tema porque da un poder de comunicación increíble pero no me gustaría usarlo como lo hacía la gente para encubrir cosas. Yo escucho con todos los respetos cosas en castellano que me chirrían. Hay categorías y categorías. La letra debe tener algo para incluirla en este grupo. Lo que puedes hacer a alguien escribiendo en castellano es superior a lo que puedes hacer en inglés pero debe ir de la mano.

¿Cómo se encuentra la escena canaria?

Es una escena pequeña donde nos conocemos todos. Se desarrolla en Las Palmas mayoritariamente. Consideramos que hay proyectos interesantes como Víctor Apumuki, Fajardo, Bel Bee Bee… Hay cosas de mucha calidad en las islas. Son islas pequeñas exceptuando Tenerife y Gran Canaria donde se realizan más actividades musicales pero está muy lejos de la península y no tienen la difusión debida. Se hace a veces un poco cuesta arriba presentarlo aquí aunque el panorama en cuestión de calidad musical tiene un listón muy alto. Hay una subida de aceptación por parte del público a nivel proporcional de la que sucede en ciudades como Madrid. La gente va a conciertos y hay festivales masivos. La gente tiene hambre de cultural. La idiosincrasia con el tema del clima a veces lo complica, aunque aquí también sucede. La gente prefiere unas cañas en una terraza que entrar a ver música en directo.