Superparkers: “Lo que esperáis ver en un escenario, no lo esperéis ver con nosotros”

Hace cuatro años, un sevillano y dos chilenos residentes en Barcelona grabaron su primer disco, Charlie (2013), lleno del más puro garage rock y apostando por un sonido distinto al que estamos acostumbrados en la escena nacional. Superparkers se abrían paso. Ahora vuelven con Time For Fight! y, aunque el título lo dice todo, Edward Parker (guitarra, voz, armónica), Krist Parker (bajo) y Phil Parker (batería) vuelven más guerreros que nunca y lo demostrarán este sábado 10 de junio en la presentación oficial del disco en la Violeta de Gracia de Barcelona (entradas aquí)

¡Que empiece el combate!

P: ¿Quiénes son Superparkers?

Edu: Superparkers desde un punto de vista compositivo hacemos pop, a mí me gusta verlo así. Las composiciones son más pop, pero tocando nos acercamos más al garage-rock porque nos gusta meter caña. Somos tres chicos que viven en Barcelona, yo soy de Sevilla y los compañeros son chilenos.

P: ¿Cómo se juntan un sevillano y dos chilenos para hacer música?

Edu: Estudiábamos juntos en la universidad, Krist me aseguró que iba a tocar el bajo, aprendió, se trajo a Robe (exbatería de la banda) y ahí fue cuando nacimos. Felipe se unió para cubrir el puesto de Robe y le ha dado un toque más profesional a las canciones, sonamos mejor gracias a él.

P: Os definís como una banda de “green-chilly-enchilada-sauce-indie-pop” de toda la vida

Edu: Para mí la música es como la vida, tiene momentos tristes, alegres y momentos en los que te apetece escuchar canciones de fiesta y otros en los que te apetece escuchar canciones más lentas. Hay bandas que hacen eso pero un poco más lineal, tienen un estilo y se amoldan y de ahí no salen, y a mí eso me aburre bastante. Escuchamos mucha música y se nota mucho la variedad de influencias de canciones playeras a ritmos latinos y grunge. Si tengo que estar tocando 24 canciones iguales todo el rato en el escenario, me aburro.

Me gustan mucho The Beatles y ellos en realidad lo que hacían era cambiar de estilo en cada canción y lo llevaban a su terreno, sonaban como ellos porque lo adaptaban. Nosotros somos un poquito así, salvando las diferencias que tenemos con los Beatles [risas]. Intentamos no sonar siempre igual.

P: Os metéis un poco con The Black Keys en las redes sociales… ¿Hay pique?

Edu: Eso es sólo por marketing [risas], no es que me apasionen los Black Keys. Nadie hace eso de meterse con una banda, sino que es más de “me gustan mucho todos los grupos”, cuando si a mí me dices 20 grupos, te diré como mínimo que diez de ellos son una mierda [risas].

P: ¿Afectan vuestras nacionalidades a la música que hacéis?

Edu: Lo bueno de contar con miembros latinos en la banda es que puedo escribir canciones con un toque latino y luego ellos lo reconocen, sobre todo Felipe, y lo toca estupendamente porque lo lleva en la sangre. Es verdad que es algo más innato en ellos. Reconozco que si nos escuchas no sueno a sevillano y flamenco, pero yo sí lo noto, las referencias musicales a Sevilla. En el primer disco había una canción que no sé por qué tenía ritmos latinos y ahora, el tema Time For Fight! es una saeta de Semana Santa sin quererlo [risas].

P: Grabasteis el disco en una sesión de ocho horas seguidas. ¿Cómo fue la grabación? ¿Se plasma en el disco esa intensidad?

Edu: Sí, y precisamente si hubiésemos tenido más dinero en aquel momento, probablemente no hubiese cogido una segunda sesión de grabación. El título del álbum lo explica, tenía que ser una cosa más ruda, más directa y que se notase en la energía de las canciones. Son ocho horas, grabamos 15 temas y han entrado 12 y se nota un montón. Grabamos las canciones, las voces y los instrumentos todo a la vez, y es la base de las canciones. En la mayoría de los temas es la misma voz en directo para que se notase el agobio.

Teníamos luego todo guardado y yo no tenía un concepto tan rudo de las canciones así que cuando lo escuchamos decidimos añadirle más guitarras y los coros. Las flautas y demás sabíamos que no nos iban a dar tiempo y lo dejamos para después. El músico se pasaba una tarde por el estudio, escuchaba el tema y grababa en el momento porque no había tiempo. Transmitíamos esa urgencia, que es lo que queríamos plasmar en el disco.

P: El disco transmite muy buen rollo, ¿queréis transmitir esa alegría al público?

Edu: Me parece que somos un grupo de buen rollo, a saber qué le parecemos a la gente [risas]. La gente quiere un poco de “muermez”, no sé por qué, y de hecho el disco se llama así por eso, me extraña muchísimo que con la que ha caído en el mundo y en España en concreto, la gente no esté haciendo rock y cagándose en la madre de todo el mundo. No lo entendía. Entiendo que haya predominado siempre la música de baile como evasión para la gente, pero dice muchísimo de nuestra generación y la posterior, que en vez de decir cojamos las armas y acabemos con esto, que decidamos bailar o directamente hagamos un “muermazo” deprimido y me amoldo a la situación que hay y punto.

P: También sois una mezcla a veces de ese baile que mencionas y el rock que hacéis

Edu: La actitud de las canciones es combativa, es un disco de protesta [risas]. Había una canción de protesta política que se quedó fuera porque era demasiado rara, iba en contra de los políticos, se llamaba “Chupacabras” y era un reggaetón rockero en do menor. Demasiado extrema [risas].

P: Dedicáis una canción a la suegra, My Mother-in-Law, y habláis con muy buen tono de ella. Lo más sorprendente es el acento raro que te marcas

Edu: En realidad estaba intentando que se me entendiese bien y darle un toque de vodevil, lo hacía mucho Ray Davies de The Kinks y luego se lo escuché a John Lennon cuando cambiaba siempre la manera de cantar (como en Ape Man). No lo hice de forma consciente, como todo lo que hago, pero creí que tenía que sonar así en el momento y así ha quedado.

P: Y también dejáis un espacio para las baladas, en esta ocasión con Since You Don’t Love Me. ¿Fue más complicado grabar esta que el resto?

Edu: Grabarla fue muy muy jodido. Ya habíamos hecho baladas en el primero, pero me resultaron más fáciles. Ésta fue la última que ensayamos y no lo hicimos mucho porque yo quería hacer lo mismo que Dylan, cuando tenía que grabar las canciones, llegaba a la sala de grabación directamente y les decía a los músicos que tocasen encima. Quería que se notase un poco la primera toma, la frescura, y eso se notó un montón. Nos costó porque Dylan tenía unos músicos de la leche y ni yo soy él componiendo, ni cuando tocamos todos somos los mejores de Nashville.

Al final se quedó la segunda toma, la parte más jodida fue grabar las voces porque a veces se me va la olla haciendo las canciones y en ésta contábamos con un grupo de góspel que al final se nos cayó el día de la grabación y tuve que hacerlo yo. En realidad salió bien, igual de manera instintiva cambié un poco la voz, pero me salieron bien las melodías.

P: ¿Qué diferencias hay entre vuestro primer disco, Charlie, y Time For Fight!?

Edu: Los temas desde el punto de vista compositivo son de periodo diferente y abordan temas diferentes. Uno corresponde a un periodo normal de una vida, y otro de rechazo general. No mío, sino con nosotros, y lo refleja mucho mejor. Somos más duros y directos. Creo que el cambio más grande ha sido la entrada de Felipe en la banda, porque le ha dado un empaque a la banda increíble, no porque Rober no pudiese, pero estaba a otras cosas. Y Felipe viene del jazz, como la mayoría de baterías de los 60, y le ha dado un toque especial.

P: ¿Qué debe esperar el público de vuestros directos?

Edu: Lo que esperáis ver en un escenario, no lo esperéis ver con nosotros. Me refiero a la parte más mainstream de salir serios, dedicar canciones rollo rockstar, nos peleamos en el escenario, eructamos… Nosotros somos naturales, de hecho la gracia está en que tocamos las canciones tal cual y quien quiera ver un rollo más de maniquíes que se busque a otra banda.