Entrevista Crazyminds con… Julián Maeso

En el rato que pasamos sentados en una terraza de la madrileña plaza de Tirso de Molina la frase más repetida por Julián Maeso es la de que “el negocio de la música es así, unas veces estás arriba y otros abajo”. Lo dice alguien que ha estado a ambos lados de la trinchera. Teclista de Sunday Drivers durante muchos años, el músico acaba de editar Dreams Are Gone, su debut como solista. En él hace un repaso por todo el espectro de la música norteamericana, pasando por el soul, el funk o el folk. El resultado final son dos discos que contienen un total de 19 temas. Un suculento aperitivo de lo que podremos encontrar en la segunda referencia de Maeso, que llegará a las tiendas en los próximos meses.

 

“Firmé un contrato de encargo y obra con Sony ATV y me encargaron cuarenta temas. Una puta jodida locura. Ahora tengo estos viente, incluyendo los 19 del disco más dos de iTunes y uno del vinilo, pero tengo hecho otros veinte de rollo más jazz, funky, blues.” Retos como estos no parecen amedrentar a un Julián Maeso con el culo pelado y mil batallas perdidas. “Después de lo de Sunday Drivers salí bastante quemado y estuve un año que dejé la música. Muy decepcionado con todos los contratos discográficos que había firmado. Tienes un sueño y de repente entras ahí, tienes la suerte de entrar en giras, en disco… y ves que hay mucho mamoneo y que muchas veces la música prima poco y es más los contactos y muchas otras cosas.”

 

Parte de esa experiencia ha terminado volcada en las letras de un Dreams Are Gone que, a pesar de lo que puede aparentar por su título, desprende un halo de optimismo. “Para mí este disco es un triunfo”, reconoce el artista. Una victoria que llega tras muchas derrotas y una convicción: “poco a poco he ido otra vez metíéndome [en la música] porque tampoco sé hacer otra cosa”.

 

“Me fui a Valencia quemado y retomé la guitarra acústica. Llevaba mucho tiempo sin tocarla, llevaba diez años sin tocarla y me puse a hacer canciones. Así un poco de bajón. Empecé a hacer temas y los fui guardando en un ordenador”. De allí surgieron un primer grupo de siete canciones que sirvieron de carta de presentación de lo que era capaz de hacer Julián con sus propios medios. “Esto lo he hecho yo con cero pasta. Sobre la marcha todo, según he podido hacerlo”, afirma. “El estudio lo construimos porque no teníamos un pavo para ningún estudio. Tuve la suerte de encontrar una casa que tenía un garaje y dije: ¡Coño! Si pongo aquí una alfombra y unas maderas de contenedores y telas del mercadillo algo sonará, ¿no? Y al final hemos podido hacerlo.”

 

Cuando Julián habla del proyecto no puede evitar hacerlo en plural. Consciente de que por sí sólo no habría podido echar a andar la máquina, el artista no olvida a los que le tendieron la mano durante el camino. “Sergi [Féce, Los Trogloditas] tuvo mucha paciencia. Estar tanto tiempo sin ver un duro”. También Angie Sánchez, que sirve de contrapunto femenino a la voz de Maeso. “Angie tiene 21 años y antes de esto apenas había hecho cuatro conciertos. Pero empezó a tocar, lo hacía bien y acabé incluyéndola”, asegura el músico. Es ella la que ha terminado “robando” el puesto a Maeso en la posición de teclista.

 

Educado durante muchos años en las virtudes del órgano hammond, Julián nos descubre ahora su faceta de guitarrista, sobre todo en esa segunda parte del disco más reposada y tranquila. A pesar de ello, el músico no duda en reconocer sus limitaciones. “Realmente no soy un guitarrista muy versátil. He podido componer el disco con la guitarra y poniendo mucho acento en el blues, que es con lo que aprendí hace muchos años. La base negra está.” Sobre todo cuando Julián se sube al puesto de las teclas y comienza a insuflar energía a canciones como Bad Taste Capitol o We Live Behind A Shadow, dos demostraciones de virtuosismo instrumental incluidas en Dreams Are Gone. Es aquí donde el músico recupera ese espíritu funky y soul que ha marcado buena parte de su trayectoria musical.

 

“Es que es la música que he escuchando cuando yo era pequeño en casa”, responde. “Hay una cosa de la que no me siento muy orgulloso es de que no he escuchado mucha música en castellano. De pequeño escuchaba rock&roll, Jerry Lee Lewis, cosas que tenía mi padre en casa. Luego empecé a tocar con Speak Low, Blackbirds, Sunday Drivers, todos los grupos cantaban en inglés. Y al final he estado escuchando esa música y no he escuchado nada en castellano hasta que he tocado con M-Clan y Quique González. No me cierro a que en los próximos discos a lo mejor haga algo en castellano”, asegura.

 

A lo que tampoco se cierra a volver a enrolarse a una banda. “Lo de tocar en una banda es como las novias. A veces tienes, a veces no”, bromea el artista. Aunque vuelve al tono serio cuando la conversación pivota sobre su salida de Sunday Drivers. Él mismo reconoce que no fue una despedida agradable. “En Sunday Drivers tomaba las decisiones una sola persona”. “Al final se ha visto que en el grupo había dos partes y yo preferí salir de allí”, añade. Fue antes de que la formación toledana editara ese The End Of Maiden Trip que les catapultó a primera línea del indie-pop nacional. Después llegaría la separación y los discos de Jero Romero en solitario y Mucho.

 

A pesar de ello Julián sigue manteniendo buena relación con algunos de los músicos que le acompañaron en su época Sunday Drivers. El propio Lyndon Parish, antiguo guitarrista de la banda, ha puesto sus seis cuerdas al servicio de Dreams Are Gone. Aunque no es el único. “En el disco me han ayudado muchos de los músicos que he ido conociendo. Como Maika de The Sweet Vandals”. Es esto lo que le ha permitido editar un álbum que es “un resumen de toda la música que he escuchado y que me ha influenciado hasta ahora”, exhibe orgulloso. Un menú que traspasa las fronteras entre géneros, aunque sin perder ese alma americana que sujeta las 19 canciones. “Ahora hay un montón de bandas muy buenas que han traído esa música que estaban un poco olvidada.”

 

Como olvidado estaba también el órgano hammond por tierras españolas. “Hay teclistas muy muy buenos en España. Ahora, de tres, cuatro años a esta parte hay mucha más gente tocando el hammond que yo. Marta Ruiz de los Sex Museum, La Vaca Azul. Siempre ha habido algunos grupos aunque pocos. Ahora con el rollo americano…. Si no hay tantos organistas es porque es muy difícil y muy costoso llevar un hammond en directo”, asegura entre risas Maeso.

 

Los que le conocen le habrán oído contar la anécdota cien mil veces. Esa en la que relata las dificultades para sacar el hammond de su garaje cada vez que quiere salir de gira, esa en la que tiene que esperar a que un vecino pase por allí para subir el órgano a la furgoneta. Ese es el día a día de un músico, asegura. “La realidad de la música [en España] es tocar por 60-80 euros, 200 euros si tienes suerte”. Por eso se sorprende cada vez que recuerda el día que le llamaron de Sony para grabar Dreams Are Gone, un álbum que parece reivindicar las cosas hechas con mimo, poco a poco. Con él Julián Maeso estará girando los próximos meses con un objetivo sencillo: “pagar las facturas”. “A lo mejor la semana que viene me ves tocando en la calle y no se me caen los anillos. Concierto de Julián Maeso aquí”, dice señalando la plaza de Tirso de Molina.