Entrevista Crazyminds con… El Faro

EL FARO

El Faro es uno de esos casos peculiares que, hasta que no lo ves en carne y hueso, no puedes creer que a tres canarios que no pasan de los veinte años les haya fichado Acuarela, uno de los sellos más influyentes del país. Con menos de diez canciones bajo el brazo y abanderados de la cara más fresca del pop costumbrista, nos propusimos entrevistarles.

 

Llego diez minutos tarde a la pensión París de la calle Salvà en Valencia, donde he quedado con El Faro. En la puerta me encuentro a Gabriel, batería, y le acompaño a Mercadona a comprar espuma para el pelo de Saray, que acaba de salir de la ducha. Volvemos a la pensión y  nos sentamos en las camas de una minúscula habitación de cortinas kitsch mientras Carlos, voz y guitarra, nos cuenta cómo han sido los dos días que llevan en Valencia.

 

Nos cuenta que han venido a la ciudad para grabar unas cuantas canciones en el estudio de Pei, de Betunizer, y de que dentro de unas horas estarán teloneando al gran Daniel Johnston, el cual, cuando vea a Carlos, dirá “¡Caray, nunca pensé que encontraría a alguien más grande que yo!”.

 

CRAZYMINDS: ¿Cómo empezó el grupo?

Carlos: Pues todo empezó en un concierto en Tenerife de Zahara, allí conocí a una chica medio chalada…

 

C: ¿Saray?

C: (risas) No, no era Saray. Se llama Ana, luego nos agregamos al Facebook y hablamos toda la noche. Meses después nos volvimos a ver en un concierto y le dije “Oye, ¿tú no tenías un grupo?”  (por curiosidad), y dijo “No, yo no… y tú, ¿tocas algo?” y le dije que sí, que yo tocaba la guitarra. Entonces me propuso montar un grupo. Después quedamos para hablar por Skype pero yo me puse a buscar una cosa en Google Maps y al final no lo hablamos (risas). Es un buen dato porque demuestra que ya empezamos mal. Así que empezamos a ensayar, la primera canción que compusimos fue Imaginaciones Nuestras. Después vino Saray y luego Gabriel. En abril hará un año que empezó todo esto, es nuestro aniversario este mes.

 

C: ¿Cómo empezáis a hacer una canción? ¿Quién escribe la letra y quién la música?

Gabriel: Aquí cada loco con su tema (risas).

C: Yo escribo la letra, pero también la música. Estoy en mi casa deprimido por algo, cojo la guitarra y me flipo un poco y, si queda bien, lo grabo. Luego voy al ensayo y les digo “¡Mira lo que se me ocurrió!”. Gabriel siempre se ríe de mí, coge la batería y dice: “Esto hay que hacerlo más rápido“,  y con Saray a los teclados vamos construyendo la canción. Pero las canciones van cambiando todo el rato, hoy por ejemplo en el estudio cambiamos la batería mil veces.

 

C: ¿Entonces es en el último momento, en el estudio de grabación, cuando queda todo claro?

Saray: Sí, nos faltan recursos pero imaginación nos sobra, entonces siempre nos van saliendo las ideas sin ningún control.

C: Llevamos dos días en el estudio y se nos van ocurriendo cosas en el momento, así que improvisamos mucho.

 

C: ¿Y ahora en total cuántas canciones tenéis?

C: Diez y un aborto (risas), una canción sobre el café que tocamos en directo un par de veces.

S: El Aborto… A mí me gusta, pero está mal hecha. La última vez que la tocamos, el teclado eran grillos. Nunca hemos llegado realmente a pillar lo que necesita esa canción.

 

C: ¿Qué se siente cuando, con solo diez canciones grabadas, te ficha uno de los sellos más influyentes del país como es Acuarela?

C: En realidad fue con dos canciones grabadas.

 

C: ¿Qué pasó ahí?

S: Pues es como cuando estás de viaje y te despiertas un día y dices: “¿Dónde estoy?”. Algo así nos ha pasado, aún no nos lo creemos… Nosotros solo buscábamos crear algo para nosotros.

C: Nos juntamos a ver qué podía salir de ahí.

S: No mandamos nunca la maqueta a nadie. La pusimos en Facebook y la vio Jesús (de Acuarela).

C: Eso fue en junio y la historia es totalmente surrealista. Jesús nos dijo, “el día tal de este mes cojo un avión a Tenerife y voy a veros ensayar”. Y dijimos: “¿Cómo?… ¿Qué?” (risas). Y además, nosotros ensayábamos con dos amplificadores del tamaño de una caja de zapatos. Total, que llegó Jesús, lo fuimos a recoger, y nos trajo un montón de discos y de cosas. Nos esperábamos a un hombre trajeado y muy serio, pero de repente llega Jesús con barba y una camiseta de dibujos. Cuando acabamos el ensayo, dijo: “Ahora vamos a tomarnos algo”. Así que vamos a un bar, coge, se apoya en la mesa y dice, “yo quiero trabajar con ustedes, ¿cómo lo vamos a hacer?”. Tuvimos un momento un poco patético, dejamos a Jesús en la Plaza de España en Tenerife, íbamos en el coche todos callados y a los cinco minutos paramos, nos miramos y dijimos: “¿Qué acaba de pasar?”. Y aquí estamos. Todavía no te haces a la idea.

S: Soltamos muchos grititos, era muy surrealista. Íbamos diciendo, “¿te imaginas que vamos a tocar a Barcelona?”… Y hace unos meses fuimos a Barcelona.

 

C: Al ser una banda tan joven, en producción musical y en edad, ¿qué es lo que más os ha sorprendido de entrar en el mundillo de la música?

S: Siempre he querido responder a esa pregunta (risas). Me ha chocado la gran competencia, hay mucha rivalidad. Exponerte y que puedan hablar de ti, se nota sobre todo en Tenerife, porque cuando vamos por la calle hay gente que dice: “Mira, esa es la de El Faro”. A veces hay también como una tensión en el ambiente, porque pueden hablar mal de ti sin ni siquiera conocerte. Nosotros solo hacemos lo que nos gusta, y a quien no le guste no tiene por qué escucharnos. También me ha chocado muchísimo que alguien me pueda admirar a mí como yo admiré a otra gente.

C:  Además que yo soy un superflipado de todo lo que es la parte de atrás de la música y me encanta ver cómo se graban los discos, cómo se compone y tal, y de repente veo que estamos en un estudio, que hay gente que se interesa por nosotros y que los medios nos prestan atención. Además, ahora soy mucho más crítico cuando escucho a alguien tocar o cuando escucho un disco en mi casa. Ahora estás todo el rato con la alerta de ser músico.

G: Antes te sentabas en tu casa y disfrutabas de la música. Ahora lo que haces alguien lo va a escuchar, y es surrealista, porque todo te viene de golpe y de repente te ves tocando delante de gente. Yo nunca pensé que podría llegar hasta aquí.

C: Y eso en realidad tiene algo positivo, porque nunca nos olvidamos de que somos unos pringados. Estamos aprendiendo constantemente.

S: Y somos conscientes de que tenemos un montón de errores como músicos individuales y como grupo. Pero lo bueno, lo que hace que sigamos juntos e ilusionados, es que vamos mejorando todos juntos con el tiempo. Y si llevamos un año y alguien como Acuarela ha creído en nosotros, realmente te da confianza para pensar que a lo mejor no es solo por lo que soy ahora, sino por lo que puedo llegar a ser.

 

C: Ahora, mirándolo desde fuera. Imagínate que eres un grupo que llevas diez años tocando por la ciudad o un músico que lleva años estudiando, y entonces llegáis vosotros y en nada conseguís tanto. Se les debe caer el mundo encima, aunque también podríamos llamarlo envidia.

C: Nosotros no tenemos ningún problema con eso (risas).

S: La verdad es que me planteé dejar el grupo al principio por eso. Formación no tengo ninguna. Hay personas que están en el conservatorio años y no pueden llegar a lo que a mí me acaban de dar, es como ir de gratis. Pero no tenemos culpa de nada.

C: Es preocuparte por tu trabajo y, si ves a otro grupo por la calle, lo saludas. Y cuando triunfe nos alegraremos por él, sin recelo ninguno. Así somos más felices.

 

C: Hace poco sacasteis un split con el venezolano Algodón Egipcio, ¿cómo fue?

C: Un día del agosto pasado me llama Jesús (de Acuarela) y me dice que vamos a sacar el primer físico, un vinilo. No lo podíamos creer. “Un 7 pulgadas”, dice. Eso ya no sé lo que es, imagínate (risas). Nosotros grabamos dos temas y Algodón Egipcio otros dos. Fuimos a casa de Jaír (Pumuky) a grabarlos y fue increíble. Está todo el rato teniendo ideas, y cuando nos levantábamos nosotros a las nueve, él ya llevaba dos horas delante del ordenador mirando a ver qué podía hacer con esto y con lo otro. Es una máquina de pensar. Lo pasamos muy bien.

 

C: ¿Cómo es la vida de un músico en Tenerife? ¿Tenéis oportunidad de ir a conciertos o tocar vosotros mismos?

C: No, no hay nada (risas).

G: La cultura de Canarias está por los suelos

C: Pero va mejorando, está en vías de desarrollo.

G: Tú vienes a Valencia o a Barcelona o a Madrid y dices, “Madre mía, ¡dónde estoy viviendo yo!”. Aquí hay de todo a nivel musical y a nivel cultural.

C: No hay dinero para traer a gente a Tenerife. Así que tenemos mucha curiosidad y vamos investigando nosotros mismos. La verdad es que está en vías de desarrollo, pero no hay recursos. Eso sí, en Canarias grupos de música hay que ni te imaginas. A nivel local está muy bien, porque hay un montón de gente y muy buena, de todos los estilos que se te ocurran. Lo difícil es que te traigan a gente de fuera, pero a nivel local está muy bien. Hay veinte músicos por metro cuadrado.

S: Por ejemplo, Pumuky, Miniatura, Diego Hernández, This Drama, Grenuille y El Guincho, por supuesto. Hay mucha gente muy buena.

C: Y para que los grupos salgan de Canarias está muy difícil. Los canarios somos el terror de los promotores de conciertos. En Canarias hay gente muy buena que no logra salir de allí, pero también es verdad que lo que consigue salir suele ser muy bueno.

 

C:  ¿Cómo os veis de aquí a un año?

S: Ni idea… Es que ni idea.

C: Ni siquiera podemos prever dónde estaremos de aquí a dos semanas. Y (esto que voy a decir es un apunte y debería haberlo dicho antes) cuando estás dentro del mundo de la música, cuando formas parte del backstage (risas), te das cuenta de que la música, tal y como la conocemos, es un ínfima parte de lo que es en realidad. La música en realidad está en los mails. Ahí te llaman, te dicen, te descargas, te avisan de muchas cosas que no se pueden contar todavía… Eso es horrible.

 

Como ellos mismos nos han contado, ni siquiera saben dónde estarán de aquí dos semanas. Pero estad atentos a El Faro, porque parece que van a dar mucho que hablar en los próximos tiempos.