Enric Montefusco: “El futuro lo veo tan mal, que tendrá que ir bien”

Enric Montefusco

Hace un año y medio de la disolución de Standstill. Tras el vacío que dejó la banda barcelonesa, Enric Montefusco presenta ahora su nuevo trabajo en solitario, Meridiana. Un disco que tiene su origen y su eje gravitatorio en el barrio de Barcelona en el que creció Montefusco. Meridiana no es solo el reflejo de un lugar, sino de un panorama al que el artista se acerca desde unas canciones directas y honestas.

En las próximas semanas Enric Montefusco presentará Meridiana con una gira que le llevará por distintos escenarios de nuestro país. Quedamos con él en el barrio barcelonés de Poble Nou para hablar sobre el disco, sus orígenes y su visión de la industria musical y del futuro que llega. El próximo 14 de diciembre tocará en el Casino de l’Aliança de Poble Nou de Barcelona.

¿Cómo han ido estas primeras semanas desde el lanzamiento de Meridiana?

La verdad es que estoy muy contento, mucho. Todo ha sido como muy natural, tanto el proceso creativo como el resultado.  Tengo la sensación de que la gente ha comprendido perfectamente de lo que hablo y por qué utilizo esta estética ahora. Quizás era lo más difícil en un momento de cambio. Me siento arropado y acompañado en este momento.

¿Sueles hacer caso a la crítica?

Con un grupo como el que he tenido ahora, en el que cada disco o cada proyecto era un salto al vacío donde había mucha parte de riesgo y de explorar, las críticas y las opiniones siempre han sido bastante fuertes. Tanto a favor como en contra. Incluso gente que está contigo y cuando en el siguiente proyecto haces algo que no tiene nada que ver se sienten traicionados. Siempre hay una actitud de rechazo muy fácil hacia un proyecto como el que he hecho ahora. Y al contrario, cuando abres camino y haces proyectos que ofrecen algo nuevo, pues la crítica te da cosas muy buenas. Creo que hay que tener mucha distancia tanto con una cosa como con la otra. Ni lo bueno es tan bueno ni lo malo es tan malo. Lo único importante aquí es ser  fiel a lo que nos sale de dentro, ser coherente y llevarlo todo hasta las últimas consecuencias.

¿Se afronta de la misma forma el lanzamiento de un trabajo en solitario que cuando lo haces en grupo?

Ha cambiado muy poco mi vida. Tanto a nivel de proceso creativo como ahora la promoción. Hace cuatro años estaba en una situación igual. Frente a personas muy parecidas, hablando de cosas muy parecidas y con un discurso muy parecido. Pero han cambiado mis compañeros de viaje y ahora estoy más solo, pero en realidad el proyecto es muy parecido.

Hace un año y medio de la disolución de Standstill, ¿la idea de sacar Meridiana surge al terminar con ellos o viene de antes?

Viene de antes. Yo desde que acabo un disco no puedo evitar que empiecen a salir cosas, que no sé para qué serán ni qué forma tomarán ni cuándo cristalizarán. Cuando acabó el grupo yo tenía varias canciones y podrían haber sido para el hipotético próximo disco de Standstill o no, como ha sido el caso.

Meridiana hace referencia al barrio de Barcelona en el que te criaste, ¿en qué momento decides hacer un disco sobre ello?

El tema es que no lo decido. Los temas que trata el disco salieron espontáneamente en un momento en el que volví a Barcelona a vivir después de haber vivido fuera. Salieron una serie de conflictos que arrastro desde siempre, y quise tratarlos de una manera diferente. Creo que por primera vez he tomado un poco de conciencia de la connotación política y social de los temas de los que siempre he hablado en Standstill. Más tarde, cuando ya estaban las canciones pensé, “¿cómo puedo sintetizar esta idea?” y entendí que una manera era concretarlo y llevarlo a un lugar específico que en este caso es mi lugar de origen, que sintetizaba y simbolizaba esos temas: ese barrio más bien popular, con sus connotaciones culturales, sociales y políticas.

¿Ha cambiado el barrio?

Ha cambiado mucho. Mi barrio ha cambiado mucho, Barcelona ha cambiado mucho, España ha cambiado mucho… Pero los temas que trato en estas canciones siguen ahí, en el mismo lugar. Lo que reclamo y lo que me gustaría que estuviera mejor atendido sigue estando desatendido. Hay algo pendiente por resolver, además es importante y necesario.

¿El disco es un homenaje o una reivindicación?

Yo no creo que sea un homenaje ni una reivindicación. Es una toma de conciencia, de clase quizás, de una cultura que me ha tocado vivir y una reivindicación de una serie de valores que estaban muy desamparados en ese contexto.

Esto también ha tenido un impacto en la parte gráfica del disco. Pienso en la portada, ¿qué quieres transmitir?

Bueno, no sé, ¿a qué remite esa foto?

¿Al pasado?

Lo que somos ahora viene de algún lugar. Aunque estemos con Instagram poniéndonos guapos y vendiendo una imagen, todo esto viene de un sitio que olvidamos muchas veces. Esa condición social es fundamental porque nos define y nos condiciona. Creo que remite no solo al pasado que está en nosotros sino a esa clase social que nos ha definido a muchos.

En el disco hay historias del pasado y situaciones del presente, ¿cómo ves el futuro?

El futuro lo veo tan mal, que tendrá que ir bien. Es tan jodida y tan flagrante la mentira en la que vivimos que hasta que no explota no hay una redacción. Es ley de vida. En ese sentido va todo tan a peor que además es una esperanza.

En Obra Maestra cantas “Y si el duende sale del dolor, esto será una obra maestra” ¿es necesario el dolor para escribir?

No es necesario, lo que pasa es que a mí es lo que me interesa más y tiene más valor. Muchas veces ese dolor no tiene otro canal con el que compartirse. Hay gente que entiende la música para pasárselo bien y me parece fantástico. Es su equilibrio, pero el mío es otro. Compartiendo estas sensaciones he crecido y he aprendido mucho.

En Meridiana hay un tema en catalán, El riu de l’Oblit, ¿hay mensajes que se expresan mejor en otra lengua?

Lo importante es cómo le sale a alguno espontáneamente algo. A mí me parecía que esta canción con este tema tenía que ser en catalán. Posiblemente me había reprimido de hacerlo con Standstill. Creo que el hecho de ser mi primer disco en solitario me dio la confianza de hacer algo así, de no auto-censurarme.

En la parte instrumental del disco juegan un papel muy importante los instrumentos populares como el violín y el acordeón, ¿también hay un mensaje ahí?

Desde hace muchos discos, a la vez que intento cerrar el concepto del álbum, no solo lo hago a nivel de letra sino también de estética musical. Creo que tiene una vocación de comunicación directa con cualquier persona. No con gente del ámbito de la cultura underground, del indie o con el bagaje que hay podido tener. Nos remite a la vida de cualquier persona. De eso va el disco. A la hora de buscar una estética coherente con esa idea, pienso que la música popular es eso. El sentido de la música popular es el de tratar temas universales con un lenguaje identificado y compartir esas cosas para mejorarlas.

Quizás Adiós sea el tema más distinto en este sentido.

Cada canción tiene su propio carácter. En este sentido Adiós es un pequeño gesto de presentar la música popular no solo como un lugar de compartir sino como un lugar de ritual donde se exorcizan un montón de cosas que cada uno lleva en su interior. En ese lugar de encuentro es donde todo sale a la luz y se trata y se cura. Ese ritual tiene mucho que ver con la cultura popular.

Has hablado del bagaje musical que tienes, como el indie. ¿No tienes la sensación de que en el indie cada vez es todo más parecido?

Sí, clarísimamente. El dinero lo mueve todo. En el momento en el que el nuevo paradigma de la música son los festivales, porque son ellos quienes mueven el dinero y manejan el cotarro, el arte queda en un segundo plano desgraciadamente. Se ha generado un tipo de música muy concreto, que puede tener su gracia pero que es aburrido cuando tras escuchar a cuatro grupos, el quinto y el sexto te suenan a a copia de la copia de la copia. A mí personalmente me aburre. Uno de los retos ahora es reconducir esto y que los medios de distribución y de presentación de esta música no condicionen tanto la música. Hoy en día si no haces música en la que haya que dar palmas y cantar el coro con un registro muy concreto, parece que no puedes dar conciertos, porque la gente apenas va a las salas. Si solo queda el formato festival, hay según que música que no se puede hacer ahí. Y eso me inquieta.

Entonces los festivales están evitando que algunos grupos puedan despuntar.

Están condicionando cuáles son los grupos de éxito y cuáles no, clarísimamente.

¿Y los medios de comunicación?

Van a remolque de todo eso. Van a remolque del dinero. En la industria musical el único dinero que circula es el que hay en los festivales gracias a la esponsorización de la cerveza y al ocio que ocurre ahí a costa de la cultura. Los medios van detrás porque también dependen de eso.

¿Pueden los nuevos grupos encontrar una salida en las nuevas plataformas de streaming?

Sí, pero tendrán un límite muy claro. Tú puedes ir a google, pero hasta que no sabes qué nombre poner ¿cómo llegas a ese artista?

Volviendo a la instrumentalidad de Meridiana, ¿es posible llevarla al directo?

De hecho no hay ninguna de las canciones que haya contado con más de cuatro músicos. ha sido más una cuestión de escoger qué cuatro personas me acompañarían en el directo. He escogido a los más polivalentes. En este sentido sí que tienen que tocar varios instrumentos.

¿Cómo afrontas esta primera gira con tu proyecto en solitario?

Con mucha ilusión. Hacía tiempo que tenía estas ganas de salir a la carretera y compartir esto.

¿Lo afrontas con nervios o es estimulante?

Esa sería la palabra. No es nerviosismo, es algo estimulante. Me hace sentir que estoy tirando adelante tanto en mi vida personal como a nivel artístico. Y eso es impagable.