Zola Jesus – Okovi

Nuestra puntuación

8

Nika Roza Danilova (Zola Jesus) es difícil de encasillar… la cantante de Phoenix, aunque de ascendencia rusa navega entre el pop electrónico, el rock experimental y el goth-pop. Danilova, quizás más conocida por su sólo al piano con Skin y su colaboración con M83, presenta su último trabajo, OKOVI, que salió al mercado el 8 de septiembre. Okovi (“cadenas” en varios países eslavos) ha contado con la colaboración del violonchelista Shannon Kennedy (Pedestrian Deposit) y el percusionista Ted Byrnes que claramente dejan su huella en el disco y lo dotan de la personalidad necesaria para crear un universo único.

Zola Jesus vuelve de nuevo con su anterior casa discográfica Sacred Bones, con la que empezó y que había aparcado con Taiga, trabajando con MUTE. De regreso a su origen, no sólo con su anterior sello sino con su estilo lúgubre y sombrío muy parecido a sus anteriores trabajos de 2010 Stridulum y Valusia. Danilova hace una profunda reflexión sobre el derecho a la vida, la fragilidad de las “cadenas” (título del disco) que te unen a la vida. Durante la composición de este disco un amigo intentó suicidarse y personas cercanas a ella rondaron la muerte, estos hechos la marcan definitivamente para que Okovi se convierta en un álbum oscuro, que te envuelve a veces en atmósferas pesadas y que contiene temas hipnóticos que hacen evadirte del momento presente.

Okovi arrancó unos días antes del lanzamiento (8 de septiembre) con Exhumed, un tema sobrecogedor desde los primeros segundos, una canción épica que te hace recordar rápidamente a Evanescence. La primera canción del álbum Doma, es una intro ligera de apenas dos minutos, un brumoso tema que se va desvaneciendo y te anuncia ligeramente lo que va a ser el disco.

¿La mejor canción del disco? Posiblemente Witness, la voz de Danilova se entrelaza con los violines como si fueran un solo instrumento dando lugar a una creación que se convierte en una maravillosa melodía, que se hace corta cuando la escuchas y se convierte en uno de esos momentos que no quieres que se acaben. Es la joya del disco estando por encima de la media del resto de tracks. Soak, al igual que Siphon son el único “pero”, ambas se convierten en la parte del trabajo más floja de Zola Jesus que además de asemejarse bastante entre sí son las que menos reflejan la personalidad de la artista. Ash to bone recuerda a sus discos del 2010 y te hace retornar al pico más alto de Zola Jesus en su inconfundible estilo.

Wiseblood destaca sobre el resto con un pegadizo tema que contiene un repetitivo estribillo insistente entre la sabiduría y la fuerza (lo que no te hace más sabio te hace más fuerte), donde el sintetizador es el instrumento principal y hace que sea de los tracks más “bailables”. Se convierte, junto con Veka, en los temas que parecen algo más “optimistas” a lo que se añade Remains, donde el sonido principal es de nuevo el sintetizador y Danilova hace una reflexión sobre el legado que dejamos para el futuro y como seremos recordados.

Zola Jesus termina con Half Life, un preciosista tema instrumental donde vuelve a ser apoyada por Shannon Kennedy. La voz de Danilova juega a ser un lejano eco que se funde con los sonidos convirtiéndose en otro instrumento más que, como final del disco refleja un rayo de esperanza terminando con un arcoíris musical. Este puede ser el mejor trabajo de Zola Jesus hasta el momento.