YANN TIERSEN – DUST LANE

YANN TIERSEN - DUST LANEAhora que el propio Tiersen ha declarado que nunca ha compuesto una banda sonora (”bueno, quizás uno o dos”, matiza sarcásticamente), quizás podamos empezar a tomarnos en serio la obra de este francés, que un día nos regala una melodía sublime (cómo no utilizarla para una banda sonora, dirá algún director) y al día siguiente nos sorprende con una tormenta de guitarras y redobles endiablados.

Tiersen parece resignarse. Por mucho que lo intente, siempre formará parte del imaginario colectivo por haber firmado las piezas que dan ritmo a películas como Amelie y Good Bye, Lenin!. Es imposible librarse del pasado, y menos en un mundo como el de la industria musical. La única solución: superarlo. Por ello hay que aplaudir el intento del francés por demostrar en los últimos años que lo suyo es el rock, la experimentación e, incluso, el coqueteo con el post-rock más sinfónico. Una faceta que termina de explotar en este Dust Lane y que ya se vislumbraba en su anterior trabajo Les Retrouvailles de 2005.

Viendo sus directos, cualquiera diría que el artista europeo, capaz de echarse a la espalda una guitarra, un violín o lo que se ponga por delante, se dedicaba a componer melodías de conservatorio al piano y valses a la francesa. Sin embargo, este es el carácter de Tiersen, a ratos jugando con la grandilocuencia y el colorismo de toda una paleta de instrumentos, a ratos calmando la fiera en pasajes sublimes que recuerdan a Clint Mansell o Phillip Glass. Como en el tema que da nombre a este nuevo trabajo, una balada acústica, árida, que avanza sobre una carretera hasta que, en un giro, el clasicismo se rompe en una ola de ritmo y coros.

Al instante siguiente, el eco de un acordeón nos hace recordar al París perdido, al Tiersen más francés. Puro espejismo, al minuto las guitarras endiabladas han tomado el mando de la melodía mientras la banda al completo se sube al escenario. ¿Tiersen olvidando sus raíces? No, sólo dando un paso hacia delante, cogiendo el aire necesario para enfrentarse a aquellos que le quieren encasillar con su pasado.

En temas como Dark Stuff o Chapter 19, Tiersen elabora su decálogo colorista, sinfónico, su faceta más efectista, llena de fuegos artificiales, pero sin olvidar el valor de una buena melodía.

Y cuando parece que todo está perdido y los viejos fans del francés, esos que esperan cada noche que Tiersen se baje de sus ritmos endiablados y sus guitarras con el nivel de distorsión al rojo vivo, aparece Ashes. Una pequeña feria parisina que cruza el disco, y que termina convirtiéndose en una ópera de siete minutos (Till the End), dando paso a la escena final.

Como no podía ser de otra manera, la historia acaba con final feliz y la balada a dúo que cierra el disco reconcilia a Tiersen con el amor más carnal, con su versión más intimista y melódica. “Fuck me, fuck me / Love me, love me” canta, mientras la banda se va alejando, como si de un fundido cinematográfico se tratara. Al final uno termina llegando a la conclusión de que, le guste o no, Tiersen es puro cine. Incluso, mientras escucha este Dust Lane, termina fantaseando con el coche y la carretera de la portada. Quizás una persecución a lo Bonnie & Clyde, quizás el final de una película en la que el héroe y la chica guapa terminan con su coche al final de la escapada. En definitiva, un final feliz. A la vieja usanza.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10