Wolf Alice – Visions of A Life

Nuestra puntuación

8

Es complicado empezar esta reseña sin mencionar el debut de Wolf Alice. En primer lugar, porque sirve para poner en contexto esta valiente reválida; y segundo, porque es uno de los debuts más aclamados en la escena alternativa de los últimos años. Aquel My Love Is Cool de 2015, ponía sobre la mesa una propuesta atrevida, que bebía de diversas vertientes del rock alternativo de los 90. Se catalogó por la crítica más conservadora como un disco demasiado heterogéneo y sin un rumbo fijo. Pues bien, la joven formación londinense, no solo ha hecho oídos sordos, sino que ha construido en Visions Of A Life un lienzo relleno de numerosos matices y diversos estilos, dejando una mezcla mejor de la esperada. Todo ello bajo la supervisión del productor Justin Meldal-Johnsen.

Ellie Rowsell, vocalista y guitarrista de la banda, es lo que más destaca del compacto. Muestra durante los tres cuartos de hora de duración una gran variedad de registros, enrabietándose en algunos tramos, dulcificando el tono en otros o entristeciéndolo en momentos puntuales. Además, la acompañan unas letras cargadas de metáforas y con varios temas tabú como la muerte, la religión o el amor como elementos principales.

Comienza el viaje con los cuatro adelantos seguidos, uno de cada palo, aunque no se nota un déficit de cohesión. La distorsión shoegaze de la celestial Heavenward, en la que se contraponen las guitarras desgarradas y la voz angelical de Rowsell; la enérgica Yuk Foo, con Rowsell dejándose las cuerdas vocales expresando lo mucho que le aburrimos; los punteos funk de la pegadiza Beautifully Unconvential, mostrando frescura y nuevos detalles como los coros femeninos; y para cerrar este heterogéneo inicio, la seductora y sintética Don’t Delete The Kisses.

Destacan especialmente las siguientes tres piezas que dan continuación a las mencionadas. Una Planet Hunter que parece indagar en el año de su debut y la locura mediática que les rodeó; no en vano, Ellie advierte que se olvidó de su mente en 2015 (“I left my mind behind in 2015″, repite durante el estribillo). La prosiguen, Sky Musings y Formidable Cool. La primera de ellas yo la denominó como “susurros en la oscuridad” e irradia tensión y desesperación. Totalmente diferente es la segunda, con unas melodías psicodélicas, en las que coge protagonismo el bajo de Theo Ellis.

En la parte final del álbum es en donde más peros se le puede sacar al cuarteto. Sobre todo el comienzo apisonado de Space & Time y, pese a que no repercuten demasiado, las alteraciones vocales de Sadboy, con las que parecen emular un sampleo. Aun así, siguen regalándonos perlitas como St. Purple & Green, comenzando a capella, como si de un coro de góspel se tratase; y rompiendo hacia el final a base de riffs melódicos. Antes de llegar a esa osada Visions Of A Life, dan otra vuelta de tuerca en After The Zero Hour, cubierta de arreglos acústicos y con un ritmo inquietante.

Como conclusión, pasan de la teatralidad y el barroquismo, a un tema de casi ocho minutos con varios giros y, pasando por el noise o el shoegaze, llegan incluso a sonar desérticos cercanos a Queens Of The Stone Age. Toda una reivindicación de intereses. Wolf Alice, acaban de llegar, pero denotan una creatividad que los propulsa como candidatos a capitanear esta nueva ola alternativa que se basa en hacer lo que te dé la gana en estudio, sin pensar en el que dirán.