WILCO – THE WHOLE LOVE

WILCO - THE WHOLE LOVEHace unos días, Jeff Tweedy afirmaba en una entrevista que sus tres solos de guitarra favoritos eran Marquee Moon de Television, Cinnamon Girl de Neil Young y Art of Almost, la canción que abre este The Whole Love. Un órdago a la torera que, dejando a un lado lo revelador de la elección de Tweedy, demuestra que la banda de Chicago no está muy por la labor de dejarse nada en el tintero en este nuevo trabajo. Con un comienzo entre lo arriesgado y lo desafiante, Wilco pone las cartas sobre la mesa desde el primer segundo, cerrando de paso las bocas de aquellos que les acusaban de haberse acomodado en sus últimos discos.

Los siete minutos consagrados a Art of Almost son una auténtica tormenta eléctrica salpicada de ritmos endiablados y con Tweedy como único anclaje con la cordura. No descubro nada si digo que Wilco son lo que son gracias al duende de su líder, sin embargo, The Whole Love, aún manteniendo parte de esta tendencia, deja vía libre al resto de miembros del grupo para que hagan de las suyas. Empezando por Nels Cline, que con su guitarra desbocada en Art of Almost demuestra ser uno de los músicos actuales con más personalidad a las seis cuerdas. Puro nervio sobre el escenario, no le habíamos visto “maltratar” de esa manera su guitarra desde que grabara la ya clásica Impossible Germany o la experimental Bull Black Nova, presente en el último álbum de la banda.

Como tampoco habíamos visto a Wilco transitar caminos tan alejados de la ortodoxia rock desde ese capricho de aromas kraut que respondía al nombre de Spiders (Kidsmoke). En un año en el que grandes nombres del sonido americano de la última década como My Morning Jacket, Iron & Wine o Ryan Adams han sacado o tienen previsto sacar nuevo trabajo, la banda liderada por Jeff Tweedy vuelve a demostrar por qué está en primera línea del panorama musical actual. Lo suyo es la sorpresa continua, la búsqueda de nuevos caminos que, sin exiliarlos del todo de sus raíces country-rock, hacen de cada nueva entrega un reto para el oyente. Tanto que a veces incluso les impide dar salida a su obra, como ya ocurriera con el célebre Yankee Hotel Foxtrot, el cual estuvo condenado al ostracismo durante más de un año antes de ver la luz.

Parece que los chicos de Wilco han aprendido la lección y han decidido crear un sello propio (dBpm) con el que poder dar rienda suelta a sus inquietudes creativas. The Whole Love es la primera piedra de este camino sin ataduras que, sin perder el contacto con álbumes como Wilco (The Album) o Sky Blue Sky, nos trae a los Wilco más eclécticos y atrevidos. Hay que remontarse hasta 1996, año de publicación de Being There, para encontrar a los de Chicago produciendo un conjunto de canciones tan rico y diverso como este The Whole Love. Entre el rock vitaminado de I Might o Dawned On Me y el folk solitario de Rising Red Long y Black Moon, la banda encaja un medio-tiempo ‘marca de la casa’ (Open Mind) y un swing con sabor a Nueva Orleans (Capitol City), dentro de un completo menú musical que nace sin intención de convertirse en algo cerrado y muerto.

Ahora que el tiempo ha colocado en el altar discos como A Ghost Is Born o el ya mencionado Yankee Hotel Foxtrot (con todo merecimiento, todo sea dicho), resulta complicado hacer un juicio justo e imparcial con lo que ha venido después. El viejo mito del artista atormentado y en perpetua búsqueda de su camino siempre persiguió a Jeff Tweedy y sirvió de trampolín para elevar a la categoría de clásicos varios de sus álbumes junto a Wilco. Sin embargo, los tiempos han cambiado para la banda. Con su alineación más estable y duradera hasta la fecha, los norteamericanos han logrado encontrar su propio espacio musical desde el que seguir creciendo como banda, sin perder de vista el compromiso con su fiel parroquia de seguidores. Y sí, el amor parece haber hecho mella en ellos, a juzgar por las continuas referencias que encontramos en The Whole Love, y que se destapan definitivamente en el tema que da nombre al LP y que se convertirá, con toda seguridad, en gran himno de la banda. Escuchen el estribillo y juzguen.

Tampoco deberían pasar por alto ese corte final que bajo el título de One Sunday Morning (Song for Jane Smiley’s Boyfriend) escarba en las profundidades del alma de Tweedy, perdiéndose entre el jazz y el folk, convirtiendo esos acordes en una especie de mantra que se alarga hasta los doce minutos. Con el cantante tomando el testigo de los Dylan, Waits y demás poetas metidos a músicos y regalándonos uno de sus mejores arrebatos literarios hasta la fecha, son sus compañeros de banda los que disfrutan desde la barrera con esta pieza para enmarcar. Broche de oro para este nuevo paseo junto a los seis músicos de Chicago, expertos en el noble arte de sacar lo mejor y lo peor de cada uno, capaces de componer una docena de canciones que, desde ya, han robado un trozo del alma de este redactor. Y ya van unas cuantas veces.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8.5/10