WHITNEY – LIGHT UPON THE LAKE

Nuestra puntuación

8

Whitney son una banda norteamericana liderada por dos antiguos miembros de lo que fue Smith Westerns. Este mes publicaban su debut en Secretly Canadian, haciendo delicias de gran parte de la crítica por una buena razón; vienen como agua de Mayo para la estación que llega. El sonido de los de Chicago se mueve entre el folk psicodélico de Woods, un tranquilo y relajante indie pop que bien podría ser de Real Estate, o uno más intenso y a veces guitarrero (sin perder la parsimonia) de Galaxie 500.

Pero lo importante no es el beber de sus influencias, si no el sonido dulzón y letargoso que han logrado. Light Upon The Lake es un disco hecho para escuchar en los próximos dos meses, tendido sobre las rocas en una charca, en la playa, perdido en el monte, cubierto por las sombras de los árboles en un parque local… No peca de repetitivo, es breve, entretenido y dinámico. Si algo se le puede echar en cara es (como a tantos otros artistas que se mueven en estos géneros) su falta total de pretensión, que lo convierte en un producto ideal para desentenderse de toda preocupación en esta época estival, pero esto no termina por ser un defecto. En materia de letras hay poco que destacar, con un mood romántico-amistoso que invita eso, a rodearse de personas con las que estemos encariñados para escuchar el disco. Sin llegar a lo superficial, continúan esta idea de tener poco que decir, para dar lugar a un disfrute más sensitivo que emocional.

El álbum abre con la sensacional No Woman, la primera canción que dieron a conocer y una de las más pegadizas.  A pesar de ser breves, los cortes de Light Upon The Lake no tienen ninguna prisa, podemos estar más de media canción sin base rítmica y no resulta para nada discordante. Mientras, los arreglos de cuerdas orquestales y a veces de vientos de jazz van aportándole una sofisticación enorme tanto a No Woman como a otros temas (Dave´s Song, Red Moon). El álbum se desbanca de alguna que otra etiqueta por su uso más variado de instrumentación, la entrada de los teclados supone un constante nuevo juego que aporta estímulos muy armónicos para las canciones que podrían quedar más atrapadas en su ligera y endeble naturaleza.  En materia individual, los tres mejores cortes son seguramente el que abre el disco, Dave’s Song, y el sensacional cierre; I Follow. Este último tiene un aire más relevante, sustancial y su genial melodía se pega de forma automática junto a los gorgoritos de la aguda voz de Julien Ehrlich.

Los treinta minutos de Light Upon The Lake son una de las cosas más agradables y accesibles que vas a poder escuchar este verano, una bonita y plácida selección de diez cortes que servirán para acompañar las horas muertas y los ratos de lectura (o de bronceado para los más coquetos y coquetas). Un debut esperanzador de una banda que aunque no parece ir a dar ningún tipo de golpe sobre la mesa, sí que promete el adquirir un nombre en el panorama y en nuestros cuerpos deseosos de un poco de volubilidad.