Waxahatchee – Out in the Storm

Nuestra puntuación

8

El cuarto disco del proyecto de Katie Crutchfield es uno de esos discos que te cuentan una ruptura y el fin de una relación tormentosa como forma de exorcizar unos sentimientos que se han quedado atrapados en el interior. Sí, el germen de este Out in the Storm, no deja de ser un problema del primer mundo. Un banal universal que, sin embargo, ha servido, sirve y servirá como motor creativo de algunos de los mejores discos de música popular jamás realizados. Qué es sino el blues, el pop, el rock, más que el canto liberador de lo que tenemos en el interior y la liberación catárquica a través del arte.

Así, el tema inicial Never Been Wrong, es un homenaje a la propia auto afirmación, a saber que estamos haciendo las cosas bien a pesar de que la persona que se supone que nos quiere no haga más que decirnos lo contrario: esas: Everyone will hear me complain, Everyone will pity my pain ponen de manifiesto que se acabó el tragar por nada. Todo acompañado de guitarras potentes y melodías noventeras que recuerdan a Juliana Hatfield y a ese indie rock característico de la época.

Pero Crutchfield no quiere quedarse sólo en sonoridades que ya tienen cerca de 30 años, sino que las actualiza y las moderniza, atemporizándolas, un poco como lo que ha hecho Band of Horses con su rock clásico de raíces folk. Así en 8 Ball, volviendo de nuevo a una temática que habla sobre su propia autonomía como mujer, Waxahatchee apuesta por un sonido menos contundente y más claro en la exposición.

Y, como toda ruptura hay momentos para la rabia, el reproche, la ira, pero también para la reflexión, el autoanálisis del qué se ha hecho mal, y de tristeza, eso es lo que nos trae un tema como Recite Remorse, que matiza la furia guitarrera del anterior Silver. Una reflexión qué continua en los siguientes Sparks Fly y Brass Beam, auténtica mortificación de Crutchfield sobre lo pasado y lo vivido en una relación en la que se veía como subordinada a su pareja.

Poco a poco, el disco va llevándonos de viaje a través de esos altibajos emocionales, empatizando plenamente con este Out in the Storm porque, en el fondo, todos hemos pasado por lo mismo que ella, sólo que no tenemos el talento para convertirlo en grandes canciones de 3 minutos, en las que las guitarras y los estribillos nos sirven para liberar esa rabia y esa furia contenida, esa culpa que nos echamos a nosotros aunque seamos las víctimas. Pero, en el que también hay que dejar espacio para el duelo, la reflexión, las lágrimas y la frustración. Y sí, Waxahatchee suena mucho a las bandas de indie rock de los 90. ¿Pero acaso no fue la mejor época para ese estilo? ¿Qué hay de malo en rendir tributo, con esa calidad que demuestra todo Out in the Storm, a la música que nos marcó y sigue marcando a muchos de nosotros? Ojalá todas las rupturas y relaciones traumáticas acaben sirviendo para disco de la calidez, sencillez y calidad de este cuarto trabajo de Katie Crutchfield y su banda.