WAXAHATCHEE – IVY TRIPP

Nuestra puntuación

7

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS

La norteamericana Katie Crutchfield sigue su minimalista y melancólico camino hacia ningún lugar. Tras debutar con American Weekend en 2012 y continuar su andadura un año después con Cerulean Salt, ha llegado el momento de hablar del cierre de su primera trilogía, fuera de su discográfica de siempre, con solamente dos colaboradores en la composición total del álbum y en un tono más alegre pero, al mismo tiempo, más perturbadoramente triste.

Obviamente colapsada, Crutchfield decidió marcharse a su cabaña del pueblo un tiempo tras hacer su anterior álbum. Además murió un ser querido, al que hace referencia en el título del álbum con la segunda p en Tripp. En su disco más popero y fresco hasta la fecha, Waxahatchee referencia la temática de siempre en sus letras, abriendo paso además a una rama un tanto existencialista que por momentos roza el nihilismo entre esos acordes pausados y tristes de guitarra. Ivy Tripp suena a una salida abrupta de la infancia, un final entre los árboles y el campo, con cierta pena y escepticismo, la aceptación del fin de una época despreocupada e indiferente, y un dolor que se vive de forma bella gracias a la melancolía.

En cuanto a su contenido; una vez más es un trabajo que se hace corto por su sencillez y accesibilidad. A pesar de su sonido en ocasiones depresivo (que no deprimente), es el álbum más folk de la artista, que aparca su rama más noise y lo-fi, convirtiendo las sencillas melodías y letras bastante directas en el centro de su composición. Se siente como un álbum contemplativo, existencial. Atrás quedan todas las experiencias vividas de manera cruda y directa en sus canciones, ya que aquí el protagonista es el pensamiento de la cantante, que en un estado de lucidez nos muestra todo lo que ha reflexionado en este último año y medio mediante grandes canciones que (no como anteriormente) pueden atraer a todo tipo de oyentes.

Quedan como ejemplo la casi funeraria Breathless, que con el sonido de órgano nos sobrecoge y nos mete ya en un estado de pena y meditación, o la inédita La La Loose, con una base de caja de ritmos, quedando como el primer ejercicio (acertado además) synth pop de Crutchfield. A ellas se unen la triste y bellísima Blue, con sus coros a modo de protesta vejada, casi escéptica ya, el genial single Air, que sobra decir por qué, ya que es puramente lo que ella representa, y el cierre Bonfire, que se asemeja la que más a sus lanzamientos anteriores, a modo de recordatorio de quién es, y de que seguirá sintiendo de la misma forma a pesar de componer o hablar con su música de una forma diferente.

En este Ivy Tripp, Waxahatchee avanza de manera acertada y accesible, haciéndonos participar de su viaje, pero no por ello moviéndonos de la manera en la que ella lo hace, dejando ciertas sensaciones de monotonía a pesar de lo acertado de todas y cada una de las canciones. Siendo un buen álbum (que hay que escuchar esta primavera), este tercer disco es otro escalón que sube la norteamericana, que esperamos no se relaje, pues aún tiene mucho camino por andar.

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