WARPAINT – WARPAINT

Warpaint - Warpaint

Warpaint han vuelto a las listas de discos con un nuevo trabajo, que se lleva esperando con ansiedad prácticamente desde que sacaron el primero, The Fool, en 2010. Los cuatro años de espera no han hecho sino aumentar las expectativas sobre el primer gran hype del año, y aunque para muchos la espera se ha hecho demasiado larga, el nuevo trabajo de estas chicas la ha merecido.

Warpaint, álbum, se gestó bajo la mano protectora de Nigel Godrich, la mastermind de la producción de Radiohead y miembro de Atoms for Peace. Las angelinas están acostumbradas a tratar con grandes nombres, ya su primer EP lo produjo nada menos que John Frusciante, poniéndolas en el foco en el que aún están. Sin embargo, la magia de Warpaint no está en los nombres de la música que las han ayudado, sino en las (ahora) cuatro mujeres que forman la banda.

A quienes les gustó el primer disco, les gustará este. Emily Kokal y compañía dijeron que explorarían nuevos sonidos en este álbum, pero como suele ocurrir, la evolución se queda más en la teoría que en la práctica. Dicho esto, es cierto que hay una cierta evolución en el disco, eso es lo que le da la vida. Se trata de una reinvención más que de un cambio estricto: los sonidos que antes eran potentes ahora son inocentes y provocadores, más oscuros. Si antes mostraban todo lo que eran en sus canciones, ahora piden que quien las escuche entre a buscarlas.

Entrando en materia, el álbum homónimo de las angelinas abre con una Intro cruda, muy cruda, tanto que han mantenido el error y posterior grito de frustración de su baterista Stella Mozgawa al equivocarse al inicio de la canción. Es la llama que prende la mecha de un disco que se desenvuelve con facilidad, del que arrastra la voz onírica de Kokal, que se apoya en la guitarra derrotista y el bajo profundo, sin abandonar jamás los tonos graves, y girando indiscutiblemente sobre la batería. Quizás es este es el gran cambio respecto a The Fool, la introducción de la batería troncal a todas las canciones, cambiando el ritmo y dando cuerpo a las canciones.

Warpaint sueltan la tralla al principio, como si tuvieran que demostrar que debemos escucharlas. La Intro se funde con Keep it Healthy en una sola pista, y con ellas desembocamos en Love Is To Die, el single principal del disco. Macabra e intensa, envolvente hasta casi hacerse hipnótica, es una de las canciones candidatas a ser favorita en este disco. “Amor es morir, amor es no morir, amor es bailar”, nos canta al más estilo indie-pop Kokal durante el mágico estribillo. De hecho, casi se podría bailar.

El disco se mueve entre niebla y oscuridad, intimando con la electrónica pero sin perder el sonido natural de los instrumentos. No llega a entrar en líneas psicodélicas o de shoegazing, quedándose muy restringidas en ese sentido, lo que tal vez les permite mejor mantener el estilo minimalista y sencillo de todo el álbum.

Llegados a este momento, a quien no le haya enganchado el disco ya no le va a enganchar, pero a quien le haya interesado, tiene todavía casi otra decena de canciones para atreverse a nadar en un mar de tiburones con Warpaint.

Se echa en falta si acaso, o al menos una servidora echa en falta, una melodía desnuda como la de aquel Baby del álbum de 2010, conmovedor desde la primera nota a la última. Lo más parecido esta vez es si acaso Teese, mucho más instrumentada pero igualmente profunda y delicada. Sin embargo, han hecho bien al no repetir fórmula. Se habría notado demasiado, y nadie quiere eso, ¿verdad?

Es también interesante el sentido de unidad que tiene un disco tan largo. El hecho de que en Disco/Very hayan mantenido un error como en la Intro le da una cierta coherencia, una cierta realidad al álbum que es de agradecer.

Como ninfas del siglo XXI, Warpaint llevan la guerra por dentro, intrínseca en su música, de forma sutil pero sin cuartel. Y así lo demuestran en este disco que lleva su propio nombre: Son, canción final, nos despide con tambores militares.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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