TY SEGALL – TWINS

En poco mas de cuatro años, Ty Segall se ha erigido como apóstol del rock garagero de la Costa Oeste recuperando un género que parecía trasnochado y reservado a los más nostálgicos del movimiento setentero de las flores en la melena, ahora rala y canosa, y las camisetas tie-dyed. Todo, hasta que un tío que por el 2008 apenas superaba la veintena se echó el estilo a la espalda, reivindicando el sonido que en su día encumbró a deidades del subconsciente musical colectivo como los Stooges o MC5 y transportándolo al nuevo siglo y a sus coetáneos, en una especie de confrontación con una música que consideraba desvirtuada: “Todos estos chicos que están criándose con Skrillex y toda esa música digital, ¿qué van a pensar cuando oigan rock’n’roll?”, llegó a decir en una ocasión.

El año más prolífico de, posiblemente, el autor más prolífico de su generación nos ha deparado ni más ni menos que tres nuevos discos. A mediados del año, con su banda en “Salughterhouse” le daba un repaso al sonido del Basement Party mas mugriento del Bay Area en un disco que parecía tocado en directo mientras que en su trabajo al alimón con Tim Presley, su colega de White Fence, buscaba su inspiración en la improvisación de la jam session en un disco menos fulminante y mas complejo pero no por ello menos interesante.

Con dos discos verdaderamente brillantes en poco más de un mes, es normal que este Twins en un principio de la sensación de ser una especie de “cajón de sastre” en el que el de San Francisco haya incluido aquellos temas que no encajaban en uno u otro álbum.

Si bien es verdad que tras una primera escucha Twins da la sensación de ser poco cohesivo y de coger influencias de aquí y allá, no es menos cierto que por ello representa a la perfección la inmediatez y explosividad de un género y de un intérprete que más que tocar las canciones las despacha, en manera que parece querer liquidarlas a los pocos segundos de haberlas comenzado para poder pasar a la siguiente.

En cualquier caso hay que reconocer cómo resuelve con brillantez el pasar del rock costero más amable en Thank God for Sinners, el tema que abre el disco, a aullar desesperadamente There’s a problem in my Brain como lo hiciera Iggy en su día en el segundo corte You’re the Doctor. Tema tras tema pasamos de un estilo al otro sin que la transición sea en absoluto traumática para el oído, del denso fuzz marca de la casa de Inside your heart al Lennonesco mantra de The Hill (a coro con Brigid Dawson de los Thee oh Sees) o de la balada punk con detalles de surf rock adolescente Would you be my love a los aires de road movie de Love Fuzz.

Es tal la facilidad con la que los temas se desarrollan en base a tan solo un motivo, a un ritmo y a un riff de guitarra que el tiempo parece volar escuchando la folky Gold on the Shore o la oscura Handglams. A pesar de las diferencias estilísticas, uno de los hilos conductores de este Twins son las infinitas referencias a su gente y sus inspiraciones (cita a su banda al completo con nombre y apellidos en varios temas) y sobre todo a su ciudad. A esa mítica y groovy San Francisco: la de Berkeley y el LSD, la de los Jefferson Airplane y los Grateful Dead. Al fin y al cabo tiene sentido un disco de estas características dedicado a la ciudad donde se engendró el movimiento que Ty Segall ha ayudado a revitalizar y donde parece que, por suerte, los chavales siguen martirizando a los vecinos con el volumen del ampli.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10