TOUNDRA – (III)

Toundra vuelven a confiar en la labor de Carlos Santos y el sello Aloud Music para la producción de su tercer disco. Un álbum que, sin salirse del todo de las tesis del post-rock más enérgico, demuestra que la banda madrileña atesora, sino un discurso propio, al menos una manera personal de entender un género que hasta hace poco tiempo muchos daban por muerto. Una apuesta por las guitarras de corte épico y los ambientes claustrofóbicos que no ha impedido, sin embargo, que este tercer álbum se haya convertido en una de las novedades más esperadas de este otoño.

Y es que si algo ha puesto sobre la mesa la publicación de (III) es que una banda puede llegar a triunfar a pesar de nadar a contracorriente. No es sólo que la música de Toundra se encuentre en las antípodas de la estructura de canción pop a la que tanto nos hemos acostumbrado, sino que redunda en un concepto aparentemente caduco: el álbum como obra cerrada y unitaria. En estos tiempos de avances, singles y escuchas parciales, resulta casi un suicidio artístico obligar al oyente a sentarse frente al reproductor durante cuarenta minutos seguidos. Un esfuerzo que tiene su recompensa.

Sin haber logrado todavía parir una obra completamente redonda, Toundra confirman en su tercera referencia su buen estado de forma sobre el escenario. Una pegada que se deja traslucir desde los primeros acordes de Ara Caeli, reflejo de lo que es capaz de hacer la banda cuando se la deja volar libre. Y no, no se trata de simple demostración de fuerza. Si de algo presume (III) es de haber conseguido equilibrar el habitual derroche de energía con el gusto y el cuidado por la melodía. Basta oír canciones como Liliam, con esas guitarras de texturas vaporosas. O el final de Marte (Mars), con la trompeta doblando la línea principal.

Mención aparte merece Requiem, un corte que podría interpretarse como simple bisagra entre las dos caras del LP y que sin embargo se termina convirtiendo en uno de los momentos más acertados del disco. Una pieza marcada por los arreglos de violín, los solos de guitarra y una melodía principal que se cuenta desde ya entre lo mejor que hayan compuesto estos cuatro músicos hasta la fecha. Una bella tonada que nos descubre a unos Toundra dulces y emotivos, sin perder por ello posiciones en el terreno de la épica.

Cielo negro (un tema que podría haber encajado perfectamente en el Spiderland de Slint) y Espirita completan un disco que, según palabras de la banda, tiene como hilo conductor temas como la muerte o el espiritismo. Un giro hacia el lado tenebroso, que no empaña el hecho de que nos encontramos ante un nuevo paso al frente del cuarteto madrileño en su intento por llevar su música a un público más amplio.

Seguidos tanto por la escena indie como por los amantes de los sonidos más crudos y rockeros, Toundra han sabido mantenerse fieles a su tormenta guitarrera sin hacer prisioneros. Lo suyo, más allá de su adscripción al universo post, es de otra pasta. No la copia de la última moda extranjera, sino la apuesta por una fórmula que después de tres discos ya tiene una silueta definida. A saber, acordes al rojo vivo, bajos martilleantes y una batería que, esta vez más que nunca, se encuentra en el centro de la escena. Sin duda, unos de los discos de la temporada en el panorama nacional.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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