Tori Amos – Native Invader

Nuestra puntuación

7

8

Native Invader es la enésima demostración de Tori Amos de que otra forma de hacer pop es posible. Una compositora con mucha personalidad, mucha seguridad en sí misma, y la sensación de que no le debe nada a nadie; que puede hacer lo que quiera en la música sin dar explicaciones. Por eso, después de una ligera incursión en la música clásica, vuelve a la senda a la que nos tiene acostumbrados. Un pop rock delicado en ocasiones pero a la vez lleno de energía y personalidad, cimentado en gran medida en su voz.

Tori Amos no es una artista convencional. Feminista, comprometida y luchadora no termina de encajar en las etiquetas clásicas. Es una escritora de historias, de realidades y de consignas que sintetiza en los escasos minutos que dura una canción. En este caso el disco está muy influenciado por dos eventos muy diferentes: un viaje de la artista por las Great Smoky Mountains y por las elecciones de 2016 que terminaron con Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Si entramos en profundidad en la sonoridad y las letras del disco, se percibe la mezcla de intimismo y ebullición social en muchos de los cortes. Un disco conceptual por el que ha merecido la pena esperar.

Con este LP vuelven las guitarras acústicas, y con ellas llegan ligeros toques de electrónica, aunque incluso en estos arreglos se percibe su gusto por la música clásica. El álbum está plagado de canciones que te remueven por dentro, que te reconcilian con el agitado mundo exterior, como la descarnada Breakaway, con una maravillosa melodía en el piano y una voz a punto de quebrarse que te ponen los pelos de punta. Mary’s Eyes consigue recordarte las baladas clásicas de la artista, destacando por su delicadeza y cerrando el disco con un maravilloso estribillo.

Hay otras como la potente Bang, que mezcla en su letra referencias bíblicas con existencialismo para terminar proclamando que quiere ser una máquina molecular después de enumerar todos los elementos químicos posibles. Reindeer King combina en sus siete minutos momentos tediosos con grandiosidad y pop barroco que terminan por no funcionar.

El pop rock clásico característico de la artista canadiense se muestra en otros cortes como Cloud Riders (de las mejores del disco), Wildwood o Broken Arrow. Chocolate Song, Climb y Bats son temas agradables y bien estructurados, con detalles de nivel pero que no calan en el oyente. Sin embargo, en ninguna de éstas abandona por completo esa vertiente del pop íntimo tan suyo. Up the Creek es una rareza dentro del disco, con un ritmo mucho más alto de lo habitual en Tori Amos, incluye electrónica, un solo de guitarra que se extiende por prácticamente toda la canción y arreglos de cuerda con reminiscencias clásicas. Un experimento del que sale airosa y que particularmente me fascina.

Un disco sólido pero sin alardes que rompe con algunas de las características clásicas de las referencias de la artista. Abandona esas letras tan crípticas marca de la casa y se baja del pedestal, hablando de política, racismo, cambio climático, religión y otros temas sociales candentes, pero esta vez desde un prisma más mundano. Desgraciadamente no podremos escuchar este disco en directo en nuestro país, ya que ,como tantos otros artistas, ha optado por no hacer parada aquí. La artista visitará unas pocas ciudades europeas entre las que no ha incluido ninguna fecha en España