TONY MOLINA – DISSED AND DISMISSED

He derramado medio café, he puesto el disco de Tony Molina y se me ha caído el café de la emoción. “Tengo que irme de la ciudad – dice – todos mis amigos me prefieren cuando no estoy cerca”. Acto seguido he interpretado mi propia escena de película en la que alguien sale corriendo a pararlo todo mientras escupe/derrama el café de camino. En un día raro en el que yo bebo café.

 

Hacía algún tiempo que no escuchaba algo tan breve, tan intenso y tan directo. La canción más larga de las 12 incluidas en Dissed and Dismissed dura exactamente 1 minuto y 32 segundos. Cuando uno atiende a canciones de tan corta duración – como ocurre con Minutemen – termina captando todo lo que otras bandas no son capaces de sintetizar en unos minutos en media fracción de segundo. De repente, has escuchado una historia completa, has escuchado la guitarra, la batería y la voz que necesitas en una dosis completa y escueta capaz de recolocarte y dejarte temblando. Nadie sabe si es cosa del apellido, pero Molina hace magia.

 

El hecho de que todas las canciones existan o puedan existir suavizadas hace que la fórmula íntegra sea aún más reveladora. La tranquilidad – parsimonia – con la que se añaden las frases. El enchufón, casi idéntico, al comienzo de poco más o menos la totalidad de los cortes (a excepción de Nothing I Can DoSick Ass RiffSee Me Through y W.B.P.). La elegancia con la que se superpone el ruido al resto de instrumentos. Y frases como “I’m left behind once again / seeing you with another man / i’ve never known what went wrong / now i’m trying to move on”. Para terminar añadiendo “No hay nada que pueda hacer para volver contigo”, es casi como una epifanía sincera e instantánea de la realidad. A grandes rasgos. Y a grandes rasgos es casi siempre inamovible, porque los detalles – en casos como este – son desechables. A pesar de cualquier historia encubierta o mínima referencia concreta a lo que haya pasado, el combinado final es ese. Casi siempre no se puede hacer nada.

 

¿Por qué alargar la dosis de realidad? ¿Por qué arriesgar un riff que durando 16 segundos es doce veces más maravilloso que otro que lo triplica en tiempo? No.

 

Sencillamente, no.

 

Don’t Come Back recoge perfectamente lo que uno entiende por guitarra. Nowhere to Go Change My Ways le dedican bastante tiempo a lo mismo, hacer ruido. Un ruido familiar que se repite sobre todo en las ocho canciones que abren con distorsión. Sick Ass Riff y W.B.P. son los dos alardes de ternura, ternura evidente, que se adivina mucho mejor cuando el bueno de Tony modera la bulla.

 

Un descubrimiento al que cualquier fan de Weezer debería tener acceso directo desde el escritorio de su ordenador.

 

Sorprende la etiqueta ‘hardcore’ que se le atribuye. Teniendo en cuenta que, en las canciones de Dissed and Dismissed, el compromiso político o la defensa a ultranza de cualquier causa justa – lejos de la verdad sobre una ruptura o el enfurruñe del que bebía directamente su anterior proyecto Ovens – no existen. Si bien es verdad que cambia el punk por el positivismo, en realidad, no hay referencia a nada relativo a ningún movimiento.

 

Brilla la capacidad para oponer sentimientos y la rabia con la que ofrece frases sencillas, nada machacadas, llenas de amor. Pasado presente.

 

Cuando he conseguido parar lo que estaba escuchando, limpiar el desparrame de café y la taza y mi mano, justificar la huida, hacerme una coleta y retomar la evidencia. He alargado la mano y sujetando un bic azul, he apuntado: Tony Molina – Dissed and Dismissed.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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