THE WEEKND – STARBOY

cs47zarvyaag5ds

Nuestra puntuación

7

6

Abel Tesfaye, quien comenzara subiendo sus maquetas anónimamente en 2011, ha completado una línea perfecta de lo que banalmente se llama “venderse”. Ya lo comentábamos con su segundo álbum de estudio Beauty Behind The Madness, y en este Starboy (título como anillo al dedo) se han confirmado nuestras predicciones. The Weeknd cierra su primera trilogía de álbumes al uso con un disco repleto de momentos extremadamente pegadizos y concesiones constantes y desacomplejadas al pop, que no nos engañemos, le sienta de miedo.

El mensaje que imprime este nuevo álbum quedó claro en el videoclip de presentación, donde Tesfaye se asfixia a sí mismo y después se nos muestra con su nuevo corte de pelo, cuando decía  que el antiguo “le diferenciaba del resto”. Además en esta obra visual también encontramos otras metáforas obvias como al canadiense rompiendo sus referencias anteriores, o incluso le vemos bailando, como hiciera sólo en I Can’t Feel My Face (bailando un poco raro). The Weeknd se eleva al olimpo de estrella pop, no sin problemas de empatía y –todavía- alguna duda en cuanto a su dirección artística. Starboy tiene hip hop, new R&B, trap, pop al uso contemporáneo, y funky. Son básicamente los géneros que Tesfaye había rodeado y tocado con más frecuencia, y que en su tercer disco trata de consumar con más y menos aciertos a lo largo de 18 -posiblemente innecesarias-  canciones. Por fin le hemos visto eso sí, tocar con éxito un poco de disco y funk como deseábamos desde su hitazo I Can’t Feel My Face, y es que al menos Secrets y Rockin son pistas que vamos a poder bailar en cualquier sala que se precie durante estos meses de invierno.

De las colaboraciones con Daft Punk salvaría I Feel It Coming, pues Starboy suena tan fría como su ejecutor, y no termina de ser ni siquiera el grower que parece. En el caso de la última, su toque un poco emocional, su colorida producción y su melodía acercada al pop de grupos como Genesis, sí que hacen notar al dúo francés, más allá de los coros con vocoder. Quien repite en el tracklist después del año pasado es Lana Del Rey, esta vez en un interludio que hace menos pesados los gorgoritos (en esta ocasión con más acierto) de la neoyorquina. El breve aperitivo da paso a la colaboración más redonda del disco, Kendrick Lamar está fogoso como siempre en Sidewalks, que se completa con un genial riff de guitarra y Tesfaye encerrado en un autotune que para nada emborrona su trabajo vocal.

Obviando las canciones más pop, como la desconcertante False Alarm, The Weeknd se lanza en el resto del largo a alear el trap y el R&B con inmersiones de mayor y menor profundidad. Six Feet Under (Metro Boomin produciendo) cierra el clímax del álbum que desde Rockin reparte con grandísimo acierto un buen elenco de temas para las listas. Es a partir de este ecuador donde Starboy se siente menos conciso, y deja de ofrecer canciones tan ideales para la radio internacional, ese colocar tanta tralla en mitad del largo es tal vez uno de los grandes errores. En cambio uno de los grandes aciertos de Abel en Starboy ha sido contar con Cashmere Cat (con el que ya colaboró este año), quien aporta a varios temas gran refinamiento a través de sus composiciones minimalistas, aunque aparezcan más tapadas por la estructura pop que rodea el álbum completo. Este es precisamente otro de los puntos a favor del largo: esta vez sí que suena como un producto pop bien cerrado, con una dirección más clarividente y una producción que aunque imprecisa, resulta más homogénea.

El dúo Attention y A Lonely Night son los más destacados de esta segunda parte del disco (salvando el cierre). En el caso del primero con el ya mencionado Cashmere Cat editando la voz de Tesfaye con una gran sensibilidad. Aunque homogéneo, el conjunto de cortes final se siente bastante repetitivo, con las letras de The Weeknd acercándose a lo fácil; el “die Young”, las drogas y el desamor con un toque nihilista como leitmotiv desde Kiss Land. Este chico malo que tampoco quiere ser chico malo, ni chico bueno ni nada, ni sabe qué imagen proyectar o dejar de hacerlo, pero que a pesar de ello sigue lanzando hits en los que parece más confundido que otra cosa.

Con un fin de fiesta conciliador, Starboy se despide luminoso y positivo, o al menos sonriente. The Weeknd está definitivamente completando su transformación desde un crío drogadicto y malhumorado (gusano) a una desangelada estrella del pop (mariposa), que aunque cada vez más alejada de su humanidad, al mismo tiempo se acerca con firmeza a un estatus de celebritie, que parece interesarle más. Su tercer álbum de estudio es un ejercicio contemporáneo, pop, inteligente y pegadizo, y ya que no lo he dicho todavía; Michael Jackson, Michael Jackson ¡Michael Jackson! No estaría tan mal tener un nuevo artista que ejecute con grandísimo acierto el pop, aunque a este aún le falta recorrido.