The National – Sleep Well Beast

THE NATIONAL - SLEEP WELL BEAST

Nuestra puntuación

9

8

“Duerme bien, bestia”, repito susurrando en mi cabeza mientras desenfundo el séptimo álbum de The National. Mientras su primer tema se carga en el reproductor, no puedo evitar esbozar una sonrisa al darme cuenta de que los chicos –adultos, en verdad– de The National han vuelto a dar en el clavo, en esa fórmula que les acompaña desde Alligator en 2006 y que ahora deciden reinventar para decir adiós a sus monstruos internos.

Un sonido multi textural en que cada uno de los instrumentos tiene hueco para lucirse y aporta su grano de arena al producto final. Y entre los instrumentos, se cuela la voz barítona de Matt Berninger –letrista y cantante de la banda–, desgarrada entre gritos y susurros, que declama letras cargadas de verdades y curtidas tras 18 años de experiencia, de éxitos pero también de fracasos y ansiedad.

La estética de los vídeos que acompañaron a los primeros adelantos para este Sleep Well Beast, así como el sonido de algunos de ellos, anunciaban una tónica algo más electrónica y experimental, un giro sonoro a lo Bon Iver y su 22, A Million –aunque no tan radical–. Y es cierto que sí se nota una mayor experimentación en el uso de efectos sonoros. Una experimentación probablemente influida por los distintos proyectos colaborativos desarrollados por la banda en los últimos años, de forma paralela a la gestación de este trabajo.

En él, la experimentación se suministra en dosis lo suficientemente amplias como para dar color al sonido global del álbum, para aportar significado al sonido y las letras de Berninger, pero lo suficientemente discretas y orgánicas como para ser aceptadas y abrazadas como una nueva evolución en su fórmula sonora. Distintos tipos de beats, capas, samples y otros materiales sonoros se cuelan en la mayoría de las piezas, a veces como apoyo, otras veces como contrapunto y otras como valiosa decoración a la melodía y ritmo de las piezas. La textura sonora de Born To Beg, por ejemplo, viene enriquecida y coloreada por esos adornos electrónicos que se repiten y subyacen la voz de Berninger y el teclado para, hacia el final de la pieza, tomar la voz cantante y sumirnos en un rico paisaje sonoro.

Si la experimentación electrónica otorga color al álbum, la percusión de Bryan Devendorf es la que corona el panorama sonoro de la mayoría de las canciones de Sleep Well Beast, como fiel compañera de la voz de Berninger. También el teclado de Aaron Dessner gana protagonismo en ciertas piezas, como la balada Carin at The Liquor Store, la gris Nobody Else Will Be There o Born To Beg. Las guitarras, menos presentes que en otros trabajos de la banda, siguen sin embargo aportando su matiz y brindando una atmósfera multi instrumental al más puro estilo The National, destacando en temas como Turtleneck o The System Only Dreams In Total Darkness.

Sleep Well Beast no se planteaba menos oscuro que los anteriores trabajos del quinteto. Sin ir más lejos, los de Cincinnati anunciaban que el álbum versaría sobre el desgaste de las relaciones, sobre el divorcio. Y si los retoques electrónicos le otorgan ya una atmósfera diferente –paranormal, onírica, cósmica-, las majestuosas letras de Berninger sumen a uno en la más profunda de las reflexiones. Sleep Well Beast ostenta letras mucho más directas y crudas, en que las metáforas de anteriores entregas parecen dar paso a un estilo más directo entre Berninger y quien escucha.

Lo agridulce empaña las palabras de Berninger desde la primera canción hasta la última; desde la más asequible Carin at the Liquor Store hasta la pieza de inspiración noise que supone Turtleneck, o la ambiciosa Sleep Well Beast, imbuida de aportes electrónicos. Pero todas ellas transmiten una oleada de emociones en que el letrista de la banda adopta diferentes posturas. El ruego –en Born To Beg–, el recelo –en Day I Die–, la desidia –en Walk It Back–, la rebeldía –en Turtleneck–, la nostalgia –en Dark Side Of The Gym–, o lo entrañable –en Carin At The Liquor Store–, son algunos de los matices que se entretejen en esta preciada obra musical.

“Hey baby, where were you back then?/ When I needed your hand/ I thought that when I stuck my neck out/ I’d get you out of your shell/ My faith is sick and my skin is thin as ever/ I need you alone/ Goodbyes always take us half an hour/ Can’t we just go home?”, parece gritar Berninger al cielo neoyorkino en la pieza que abre el álbum –Nobody Else Will Be There– y que ya nos muestra la honestidad y transparencia, el ‘tú a tú’ que plantean las letras del álbum desde el minuto cero.

Cada una de las notas del teclado que introduce la entrañable Carin At The Liquor Store parece pulsar también una tecla en el interior de quien la escucha, llegando a conectar a un nivel extremadamente íntimo en torno a un amor no correspondido y un protagonista que se llena la boca en promesas. Uno de los temas más asequibles del álbum, con menos elementos electrónicos y más presencia del teclado pero, sin embargo, una de las canciones con más garra y desnudez emocional.

Por su parte, Walk It Back se configura como una especie de contrapunto minimalista entre voz, guitarra, percusión y beats electrónicos que funciona a la perfección para envolvernos y acercarnos a la mente y alma del cantante. Y así, una lista de 12 canciones únicas e irrepetibles, que cierran con el broche perfecto y experimental que supone Sleep Well Beast, hipnótica pieza en que la experimentación electrónica instrumental toma las riendas y ocupa la mayor parte de la duración del tema, dando paso en ocasiones a la apagada voz de Berninger.

¿Habrán conseguido los de Cincinnati poner a dormir a sus bestias?, me pregunto. Y si lo han hecho, ¿qué les queda ahora? Dieciocho años de trayectoria les han dado un nombre en el panorama indie, un sonido único e irrepetible y un puñado de álbumes memorables. Sleep Well Beast, en este sentido, se consagra como un cúmulo de experiencias maduradas, pero también como la necesidad de dar un giro –por pequeño que sea- en el sonido de la banda. Un sonido que, si tratan con el mimo que siempre han hecho, es imposible que defraude en el futuro.