THE LOW ANTHEM – SMART FLESH

THE LOW ANTHEMDentro del universo americana que últimamente florece en el indie, podríamos situar a The Low Anthem en un lugar lejano, allí donde las cosas no parecen moverse. Los de Providence siguen inmutables al tiempo, con su propuesta de aires minimalistas en la que la voz de Ben Knox se eleva sobre guitarras acústicas, instrumentos clásicos y armonías vocales dignas de un paraje bíblico.

Ghost Woman Blues, una composición que data de 1929, es la puerta de entrada a este edén que a ratos recuerda a los Band Of Horses más sosegados, a ratos conecta con el gusto clásico de The Avett Brothers. Pero claro, todo ello en miniatura. Cuatro músicos jugando a ser uno sólo, a compactar un sonido crudo, básico, que parece cortar el silencio. Pasado el primer corte, Smart Flesh sigue una línea recta, apenas perturbada por algún devaneo country (Apothecary love) o blues (Hey, All You Hippies!). Pequeños salidas de tono que rompen la monotonía de un disco que conviene escuchar con calma y tiento, a pequeños sorbos, no vaya a ser que nos terminemos atragantando. Por suerte, de vez en cuando parecen The Low Anthem salir del letargo y tomar un poco de carrerilla. Los casi tres minutos de Boeing 727 puede que sean lo más cercano que ha estado el grupo de hacer una canción rock. Sin embargo, sabedores de que los suyo son las distancias cortas, reculan con Love And Alter y Matter Of Time, cortes en los que la voz y la armónica se elevan hasta el cielo.

Grabado en una vieja fábrica con la simple ayuda de un puñado de micrófonos, el cuarto álbum de la banda los confirma como una de esas propuestas únicas y más allá de cualquier moda, de todas aquellas que se pasean hoy en día por el universo independiente. Así, Wire, con su instrumentación decimonónica, se termina convirtiendo en un elogio de la lentitud musical, de los sonidos hechos con las manos y la tierra. I’ll Take Out Your Ashes podría haber sido grabada en los años treinta. Y Smart Flesh, con sus siete minutos de camino por el silencio, recuerda al Bob Dylan de The Basement Tapes. Todo un manifiesto reaccionario, vaya, que más que ir hacia delante sigue en su empeño de lanzarse al vacío del pasado.

Pero que nadie tome esto último como un defecto o una crítica. Finalizado el conjunto, a uno no le queda más opción que o bien dejar que los cincuenta minutos de música transcurran sin pena ni gloria o terminar sintiendo una completa identificación con un disco hecho con el mayor de los mimos, con ese pequeño rincón poco apropiado para las grandes demostraciones y concesiones a la galería (a pesar de ello, los norteamericanos no dudan en prodigarse en grandes festivales, empezando por el DCode madrileño).

Si a finales de los ochenta Cowboy Junkies se convirtieron en grupo de culto con su country de aires lo-fi, hoy son The Low Anthem los que recogen el testigo, con una propuesta que bebe directamente de los sonidos tradicionales de América, pero evitando el exceso de color de contemporáneos como Sufjan Stevens o Fleet Foxes. Clasicismo digno del mítico Festival de Newport, sin lugar a dudas. Clasicismo indie.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7’5/10