THE DECEMBERISTS – THE KING IS DEAD

THE DECEMBERISTS - THE KING IS DEADJugada perfecta de Colin Meloy y los suyos. Después de alumbrar su disco más conceptual y progresivo hace un par de años, se sacan de la manga un álbum de raíces, que destila folk y country a partes iguales. Conscientes de que quizás con The Hazards of Love (2009) habían tomado un camino que les podía llevar demasiado lejos, aparcan su sonido más oscuro y nos regalan un puñado de melodías que llegan a la primera escucha. Y para rematar la jugada, qué mejor que llamar a Peter Buck, guitarrista de REM, para cerrar el círculo.

En The King Is Dead, los chicos de Oregón siguen dando donde saben, construyendo relatos que nos llevan en globo, que nos conducen a parajes extraños, a bosques frondosos en los que cualquier cosa puede pasar. Quizás dejando a un lado su vertiente más literaria, intentando que las canciones hablen por sí solas, pero sin perder ese gusto por las historias nostálgicas y fantásticas.

Canciones que parecen salir de un rodeo (Calamity Song), con un sonido rústico pero sin perder esa sensibilidad indie que siempre acompaña a la banda. Canciones que podrían haber firmado otros habituales del alternative-country como los Jayhawks o los más contemporáneos Band Of Horses. Como Down By The Water, single indiscutible del álbum, en el que Colin Meloy, llevado por la guitarra de Peter Buck, casi parece querer cantar como Michael Stipe. Puro homenaje a aquellos que hicieron posible que hoy podamos hablar de grupos como The Decemberists.

Incluso ciertos sonidos más clásicos y folk terminan haciendo su contribución al sonido del disco. Rise To Me podría haber sido compuesta por Uncle Tupelo (otro de los nombres clásicos de la americana). June Hymn comienza con ese fraseo de armónica que nos hace recordar a grandes de la talla de Niel Young o Bob Dylan. Hasta un piano honky-tonk y un violín entran en escena para animar la fiesta en All Arise!.

Pero es, precisamente, cuando la banda se vuelve a subir al tren de la electricidad, como en This Why We Fight, cuando logran alcanzar su mejor versión. O cuando recuperan ese sonido oscuro de anteriores entregas, cerrando el álbum.

Un disco que va de menos a más, que gana conforme las canciones giran una tras otra, desde ese inicio melódico, alegre, en Don’t Carry It All, hasta esos dos minutos finales de Dear Avery, con los teclados y la guitarra silbando de fondo. Un pequeño viaje en el que Colin Meloy y los suyos rinden tributo a aquellos que ayudaron a construir la escena independiente del otro lado del Atlántico.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7.5/10