TENNIS – CAPE DORY

TENNIS - CAPE DORYMe acerco a este disco de Tennis sin tener ni idea de qué voy a encontrarme. No sé quién o quiénes son, no he oído hablar jamás de este grupo o cantante, así que me dispongo a diseccionar el álbum libre de prejuicios y sin nada que perder, porque sólo hay dos opciones: que me guste o que no. Pero no habrá decepciones. Es lo buenísimo de los debuts, que si te gusta te llevas una alegría por haber descubierto un nuevo grupo, y si no, pues haces borrón y cuenta nueva, y sólo te acuerdas de nuevo cuando alguien te dice “pues he escuchado a no sé quién” y contestas “ah, sí… son horribles”. Y, ¡oh, sorpresa!, éste es uno de los grupos que pasan a la lista de “bien, algo que merece la pena”.

Rebuscando por la red descubro que son un dúo que se ha hecho los mares a bordo de su barquito y, por la pinta de este LP de presentación, Cape Dory, la aventura les ha hecho muy felices. Porque las canciones de este largo suenan a felicidad. Rezuma por todas partes. Ya te podrían estar cantando acerca del fin de los tiempos que, con esas guitarras ligeramente sucias y la voz tan dulce que gasta la cantante, te sentarías a esperar el día final con una sonrisa en la cara.

Es un disco sin grandes alardes ni recursos. Suena a pop tradicional, del de toda la vida, pero del bueno, muy en la onda de Camera Obscura, pero con un toque todavía más naif (sí, se podía conseguir) e inocente. Incluso podemos encontrar similitudes con dos artistas patrias como son Russian Red y Anni B Sweet, con la diferencia de que las canciones de Anni se hacen un pelín largas y de las de Russian Red estamos hasta las narices, porque desde que lanzó su álbum, se ha hablado y se ha escuchado tanto de ella que hemos acabado saturados (no les resto un ápice de talento a ninguna de las dos).

Metidos de lleno en el análisis del álbum, hay ciertas canciones que son dignas de señalar por encima de todas. La primera, la que abre el álbum, Take Me Somewhere. La que se antoja en un primer momento como un baladón empalagoso, rompe el esquema marcado por los primeros acordes y estrofas, y de repente, sin previo aviso, cambia de ritmo y nos planta delante un tema de baile fresco y original. Recoge el testigo la tremendamente pegadiza y alegre Long Boat Pass, que se convierte también en pieza clave, con su “shalala” y tu imposibilidad de dejar de mover los hombros siguiendo el compás y el buen rollo que desprende. Y para cerrar este movimiento bailongo, elijo Baltimore, por su fuerza y por su capacidad de alegrarte el día.

Ojo, en todo disco de pop que se precie, hay un tema lento, y como este CD cumple todos los tópicos –bien entendidos, obviamente-, éste tampoco falta: Bimini Bay es una canción que lleva escrito romanticismo y relax en cada una de sus estrofas. Le sigue muy de cerca en su estilo dulce e inocente el tema que cierra el largo, el tierno pero muy guitarrero Waterbirds, un tema que me deja la sensación de que podría formar parte perfectamente del repertorio de Best Coast.

El resto de canciones siguen la línea marcada por las anteriormente citadas: pop fresco, olor a verano, notas de playa aquí y bailes de instituto americano allá, recuerdos de películas como Grease y mucho algodón de azúcar. ¿Es que nunca volverán los 50?

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10