SPOON – THEY WANT MY SOUL

Tras un parón de cuatro años, Spoon regresa con un disco sorprendente. En 2010 dejaron cierto sabor agridulce con Transference, obra bastante menor si la comparamos con los tres aldabonazos marcados por los de Austin la década pasada (Kill the moonlight (2002), Gimme Fiction (2005) y Ga Ga Ga Ga Ga (2007). sobre todo el último, su auténtica ‘masterpiece’). Los de Austin habían arrancado su carrera cuando el ‘grunge’ campeonaba en las emisoras y receptores de todo el mundo, y tras alcanzar a finales de los años 2000 cierto estatus –dentro del pelotón de The National, Modest Mouse o The Flaming Lips, hay que decirlo- decidieron en 2010 dejar en pausa una carrera que empezaba a ofrecer ciertos estertores preocupantes.
Pese a ofrecer una imagen de banda compacta, Spoon ha funcionado desde su nacimiento a mediados de los 90 a partir de dos egos bastante opuestos pero a la vez complementarios: el expansivo cantante de voz aguardentosa y guitarrista Britt Daniel y el más reconcentrado y metronómico batería Jim Eno. De hecho, los dos acostumbraban a coger la mesa de mandos en las producciones del grupo –también han trabajado para otros artistas interesantes como –ojo al parche- I Love You But I’ve Chosen Darkness, Interpol o White Rabbits el primero, y !!!, Tennis o The Strange Boys el segundo- hasta la llegada de este They Want My Soul.
Puestos a renovar repertorio y, según ellos, para volver a encontrarse como grupo disfrutando en el local de ensayo han puesto la producción en manos de dos referencias capitales del rock de los últimos lustros com son Dave Fridmann y Joe Chiccarelli. El resultado es más que satisfactorio y, aquí radica el quid de la cuestión, de fácil digestión para el oído.
Los Spoon ‘rockeros’ y ‘souleros’ continúan ahí y el arranque del disco remite a sus mejores obras pero, poco a poco, casi de puntillas, las canciones empiezan a desplegar un sonido que, si se me permite la expresión, los hace más comerciales y agradablemente pop. Los riffs de guitarra angulosos y secos se mantienen pero el piano –instrumento capital en sus discos anteriores- cede protagonismo en favor de sintetizadores y efectos que ofrecen otra cara de Spoon sin dejar de sonar a ellos mismos. Si nos remitimos a los colegas de Pitchfork, They Want My Soul es Costello, Lennon, Can y The Cure, una panoplia de referencias muy bien ligada. Y es que, posiblemente, Spoon sea la banda que mejor ha sabido absorber el kraut-rock y el postpunk en la era del ‘indie’ sin renunciar a la espontaneidad y la inociencia naïff de los pioneros del pop.
Su retorno a primera línea viene de la mano de un buen puñado de canciones de rompe y rasga que se incorporarán al repertorio más revoltoso y genuinamente Spoon –chispazos como Rent I Pay, Do you, Knock,Knock, Knock, They Want My Soul– pero también incorporan una faceta más contemplativa e innovadora en piezas donde la electrónica marca el paso – Inside Out, Outlier o New York Kiss– y que, personalmente, me remiten a Future Islands, una de las bandas más interesantes del momento presente.
Sin llegar a ser una operación de cirugía estética radical, sí podemos afirmar que con su octavo disco Spoon ha actualizado su sonido con una puesta a punto más acorde a los tiempos actuales. ¿Nuevas inquietudes artísticas, huída hacia delante, oportunismo? En todo caso, talento a capazos.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10