SOAK – BEFORE WE FORGOT HOW TO DREAM

SOAK

Nuestra puntuación

8

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS

Con la ternura de la adolescente atormentada, la sensibilidad de la niña asustada por crecer y la joven adulta que empieza a florecer, SOAK ha debutado en la música por todo lo alto. Con un talento que enmudece, la joven irlandesa de diecinueve años (con nombre real Bridie Monds-Watson) ha conquistado a todo aquel que se le pusiera por delante (háblese de que la muchacha sea una protegida en toda regla de CHVRCHES y haya firmado con Rough Trade, por ejemplo). Si había quien albergara dudas sobre estas estrellas adolescentes alternativas que han estado surgiendo estos últimos años: las Lordes o Birdies de turno, SOAK ha grabado un debut de aúpa – si lo iguala o supera en un futuro cercano, alabémosla. Veteranos del indie, folk y pop, tomen nota.

Precedida por una introducción al LP bajo el título “my brain”, se escucha B a noBody, la primera carta de presentación que se pudo conocer de este disco debut (si excusamos Blud, perteneciente al EP de mismo nombre, eso sí con una producción mucho más refinada en el álbum), y en la que, tras unas altas primeras notas en guitarra y piano, escuchamos la voz de la irlandesa, que nos narra esos tormentos adolescentes que todos hemos tenido; esa presión en el corazón y el deseo de desaparecer y no ser nadie. La dulce melodía se disfruta y evoca esos días difíciles en los que replantearse la existencia de uno mismo estaba a la orden del día.

Puede que, mientras se escuche el disco, se sienta como si le estuvieran desnudando el alma, poco a poco, según avanzan los temas; porque SOAK es el acrónimo entre soul y folk que ha elegido Bradie, una fusión de palabras a la que ella intenta llegar con su música; o, más bien, su intento de llegar al alma con un poco de folk intimista, algo que consigue.

El single Sea Creatures es un canto al amor, a ese que los demás no entienden, como reza la letra: no creo que sepan lo que es el amor. Porque sí, todos hemos pasado por ese momento de incomprensión, ya sea en el amor o en cualquier otro aspecto de nuestras vidas; estamos ante una oda a la esperanza de quien ama, de quien tiene la certeza de ello y no necesita nada más. Todo ello encapsulado entre olas de mar y una base que bien evoca al Stand By Me de Ben E. King, transformándolo en una melodía sencilla y reinventada.

“a dream to fly” es un interludio instrumental, al igual que “if everyone is someone – no one is everyone”, con una guitarra ligera y un teclado cuyas notas funcionan como si fueran gotas de lluvia cayendo sobre el suelo. La sensación parece real si se cierran los ojos, y, como interludios que son, cumplen las funciones propias de pequeñas islas sonoras que, sin embargo, te mantienen dentro de la atmósfera del disco. Como recargar pilas antes de escuchar la siguiente canción.

Pero más allá de la melancolía, hay temas como Garden, que, como todos los cortes de este disco, no precisa de muchos arreglos para ser una brillante y colorida canción en la que un jardín puede ser un sitio perfecto al que escapar y huir de todo; encontrarse a uno mismo y sentarse a reflexionar. Uno de los temas más perfectos junto a la mejorada Blud y Reckless Behaviour, el himno a la juventud que faltaba en el tracklist. Básicamente, un “no malgastaré mi juventud” como estribillo es un potente estandarte.

Y es cierto que los adjetivos para cada tema y el álbum en sí se repiten, no cabe duda, por lo que queda muy clara la intención que tenía SOAK y las sensaciones que quería provocarnos. Desde luego, si continúa madurando en esta dirección, su carrera seguirá apuntando alto y seguro hará muy felices a todo aquel que escuche sus canciones y se deje llevar por su peculiar voz.

En definitiva, este es un disco que no precisa de mucho; de mucho en el más parafernálico sentido de la palabra. La joven compositora se ha valido de sus letras honestas, sensibles e íntimas, junto a una guitarra y algunos instrumentos más, para firmar uno de los discos indies del año. Un oasis en el que respirar profundamente en este mundo de electrónica y letras vanas en el que vivimos; el soplo de aire fresco que necesitaba la escena. Huir de los artificios nunca resultó tan gratificante.

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