SHARON JONES & THE DAP-KINGS – GIVE THE PEOPLE WHAT THEY WANT

A estas alturas resulta inútil presentar a una artista como Sharon Jones. Con un directo volcánico y arrebatador, la de Georgia se ha ganado con todo merecimiento figurar en la primera liga de una escena que ha ganado posiciones en los últimos años hasta terminar convirtiéndose en cliché. Hablamos, por supuesto, del revival soul, género reflotado desde que Amy Winehouse revolucionara el asunto allá por mediados de la pasada década. Sin embargo, justo cuando el invento ganaba enteros en el mercado de tendencias, la británica decidió borrarse, obligando a las discográficas a mover ficha y buscar su propia promesa de la black music. Mientras, sin hacer mucho ruido, otros seguían manteniendo la llama de Otis Redding y Aretha Franklin sin necesidad de dar el pelotazo.

Es el caso de nuestro protagonista, que, desde su cómoda posición en Daptone Records, lleva ya facturados media docena de referencias en las que soul, funk y ritmos oscuros se maridan para goce de nostálgicos y buscadores de viejas esencias. Sí, Sharon Jones suena a oro viejo, a joya mil veces lustrada, a género ancestral. Pero no por ello menos goloso. Cada vez que uno escucha alguno de sus discos se ve, acto seguido, obligado a desempolvar sus siete pulgadas de Motown y Stax. Y quizás por ello no puede evitar caer una y otra vez en ellos.

En Give The People What They Want la cantante firma su colección más aguerrida y ácida, sin miramientos, afilando las garras. Retreat, canción que abre el lote, suena imponente, con la cantante avanzando al ritmo de la guitarra de Thommas Brenneck y los coros. Stranger To My Happiness contiene una de esas codas eternas que tanto gustan a Sharon y los suyos, y cuando el disco alcanza su ecuador con Now I See la pauta parece marcada. Si Naturally (2006) era su colección más redonda y I Learned The Hard Way (2011) mostraba la cara más blue-eyed soul de la artista, Give The People What They Want contiene los momentos más potentes y sucios que se le recuerdan a Jones en años. Recordando aquellas dos primeras referencias, editadas a comienzos de siglo y recuperadas en sendas reediciones hace apenas unos años. Un sonido áspero, de arreglos secos, con la voz de la cantante en primer plano.

A pesar de todo sigue habiendo momentos para el lucimiento de los Dap-Kings. Los coros empalagosos de Making Up and Breaking Up, la percusión rumbosa de You’ll Be Lonely, los vientos brillantes de We Get Along. El marcador final del álbum incluye un catálogo de buena parte de las habilidades mostradas por Jones en las últimas dos décadas. Desde el susurro soul hasta el torbellino funk, pasando por la canción perfectamente perfilada. La cantante puede incluso permitirse el lujo de pasearse casi de puntillas, tocando tan sólo las teclas necesarias, en cortes como Long Time, Wrong Time. A veces menos en más.

No obstante, desde la distancia, la colección sobresale por los números más agitados, rugosos, en los que la artista se mancha las manos y pregona a los cuatro vientos su mensaje comprometido. People Don’t Get What They Deserve insiste en el funk de rápida cocción de Retreat, mientras Get Up and Get Out recuerda al clásico de Martha & The Vandellas Dancing In The Street. Soleado y con clase, pero sin perder su intención de altavoz callejero.

Uno podría achacar este discurso agrio a la reciente enfermedad que obligó a la artista a permanecer un año en el dique seco. Sin embargo, en aquel momento esta colección de diez canciones ya había sido grabada y empaquetada. Lista para su lanzamiento, la artista se vio obligada a retrasar la edición hasta sentirse con fuerzas para defenderla sobre las tablas. Imposible concebir un disco de Jones sin la consiguiente gira, claro. Ahora, felizmente recuperada, la cantante afronta la tarea de defender en directo un lote con aristas, corajudo y brioso, de esos que tan buen rédito le dan sobre el escenario. Los tiempos reclaman música comprometida y directa. Give the people what they want.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7,5/10

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