SECOND – MONTAÑA RUSA

SECOND - MONTAÑA RUSA
SECOND - MONTAÑA RUSA

Más de quince años sobre los escenarios no son cualquier cosa, especialmente en el mundo del indie español, así que Second merecen al menos un aplauso por su constancia. Seis discos ya para los murcianos, que recogen el brit-pop enérgico de Pose (Pulpo Negro, 2003), el éxito tranquilo de Fracciones de un Segundo (Warner, 2009), el cd en directo 15 (Warner, 2012), y la transición del inglés al castellano, hasta llegar al presente Montaña Rusa (Warner, 2013), con producción del estadounidense Sebastian Krys quien también ha trabajado con Lori Meyers (inciso: muy interesante una carta escrita por Krys en 2010 dirigida a sus críticos a propósito del disco de los granadinos Cuando el destino nos alcance: http://musiczine.es/musica/contraportada/803-sebastian-krys-responde-a-las-criticas ).

Tres ideas sintetizan lo nuevo de Second: más directo, más ligero, más bailable. 2502 apuesta y gana a las tres, gracias a un romance ambientado en el espacio y a algunas de las guitarras más elegantes que oiremos en todo el disco. Meten quinta en Las serpientes, que suena a una mezcla de los primeros Bloc Party y a Love of Lesbian pasados de revoluciones. Más aciertos en una primera mitad cargada de energía con la voz de Sean Frutos como guía: la noche resbaladiza y sudorosa de Extenuación, catapultada por un bajo áspero en primer plano; y el ritmo contagioso y fuera de control del single Lobotomizados, una carga pura de baile, ideal para excesos y multitudes en concierto.

Sin embargo, a partir de ahí el grupo parece perder fuerza, como si le faltara combustible. El toque disco de Antiyo, simpático y resultón, no acaba de despegar aunque es posible que gane mucho en directo. El problema viene más adelante, cuando los ritmos se vuelven repetitivos y los estribillos, sin chispa (Si todo se oxida). Las letras tampoco ayudan ya que las referencias futuristas y científicas, presentes a lo largo de todo el disco, acaban por ser un lastre si se toman demasiado en serio (La distancia no es velocidad por tiempo). Mientras en la primera parte todo fluía sin problemas, en la segunda los sintetizadores atascan algunas canciones y ciertos momentos como el banjo de La barrera sensorial resultan bastante desconcertantes. Sólo Espectador, que brilla con luz propia gracias a una estupenda melodía ochentera, levanta algo el vuelo en una segunda mitad bastante más espesa.

Tampoco hay que buscar culpables. El cohete de Second arranca como un tiro y luego apaga motores hacia un aterrizaje plácido, eso sí, en un recorrido bastante irregular. Al final la intención de las nuevas canciones es evidente y Second no engañan a nadie: canciones para un concierto antes que un disco, para un baile a saltos antes que una escucha con auriculares y, por encima de todo, canciones para las largas noches de festivales en las que lo importante es sostener como se pueda la cerveza y bailar hasta que los pies digan “a dormir”.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 6.5 / 10