SAMPHA – PROCESS

Nuestra puntuación

8

Para quienes no le conozcan, Sampha era, hasta esta semana, miembro del club de los músicos más reputados del panorama alternativo que no tenían álbum en la calle. Sus colaboraciones y producciones se cuentan por decenas e incluyen nombres como Kanye West, Drake, SBTRKT, Solange o Jessie Ware… Todo esto con dos simples eps en el mercado. A pesar de ello su elenco de seguidores y su figura mediática ya han alcanzado bastante renombre, cosa que no parece atraerle al británico, discreto y un tanto escapista de los focos. Este Process, el debut al uso de Sampha, es un disco que recoge el sonido melancólico pero vanguardista que bien nos ha mostrado el productor y cantante a lo largo de los años.

Process es sofisticado, complaciente con el oyente, contemporáneo, y sin embargo muy personal, todo un mérito teniendo en cuenta los conceptos musicales que recoge. Un disco de new R&B, con raíces trap y en ocasiones de balada clásica, que aleja a su autor de la etiqueta de simple pianista e intérprete que podía tener. El largo abre con 100ºc, de forma sensacional y contundente, como los graves que se cuelan en el estribillo. Sampha habla de la presión a la que le somete el mundo de la música, y lo hace sobre un corte especialmente abierto a nivel instrumental (el resto tienen direcciones más definidas). En él se mezclan las guitarras acústicas, coros evocadores, e incluso un sample de Neil Armstrong. A nivel de producción es prácticamente la pieza más interesante del disco, pues no termina de definirse a si misma, convirtiéndose en impredecible pero hermosa. Le sigue el single Blood On Me, un hit se mire por donde se mire, en el que el británico nos habla de una pesadilla. Sampha se desvela así, al igual que Frank Ocean (aunque no al mismo nivel) como un letrista con una capacidad innata para narrar de forma atractiva historias, mezclando sus propias experiencias con otras inventadas. La canción está guiada por un tempo de hip hop especialmente orgánico, el ritmo es trepidante y el ambiente grave hace el resto. Aunque no es el tema más moderno, sí que es el más pegadizo y memorable del largo (también es un grower). Le sigue Kora Sings, de influencia tropical e incluso oriental en algunos arreglos. En ella Sampha se desentiende totalmente de su lado más íntimo y nos acerca una canción sugerente y exótica, que no termina de calar como sus predecesoras.

Tras este viaje transatlántico llega la sección más personal, una que parece claramente arraigada en las raíces y la infancia del cantante. La conforman No One Knows Me Like the Piano y Take Me Inside. La primera, es la canción más cercana a los trabajos anteriores de Sampha. Sin embargo, la segunda, con su crescendo final, pasa de una nostalgia casi trágica (bastante característica) a una euforia incontenida que se culmina en los cortes ulteriores. Reverse Faults y Under son así el clímax del largo, colocadas idealmente en el tracklist forman la otra pareja de hits que debería ser singles (junto a Blood on Me y Incomplete Kisses). Lo son porque su sonido es el más electrónico y divertido del largo, con estallidos en los estribillos y grandes melodías, además de unas bases hermanadas a las del trap (kicks, subgraves). Pero Sampha no realiza ninguna concesión en lo vocal, plantándose siempre con su tono limpio y su gran rango, que suena siempre afligido y delicado.

El conjunto final lo forman el primer single, la canción más pop, y la balada más triste e íntima (What Shouldn’t I Be?). Timmy’s Prayer ejerce como remanso tras la intensidad del culmen del disco, aunque termina acelerándose, tal vez para ajustarle a uno al tempo de Incomplete Kisses. Se siente como uno de los cortes más flojos del disco, tal vez por el nivel de los que lo rodean, o tal vez porque es el que menos transmite hasta su outro, pero no rechina ni estropea la escucha, completándola como una pieza necesaria. Hablando de la penúltima, viene rodeada por una casposa atmósfera, unos colores muy saturados, y una producción similar a la de SOPHIE, de pop nostalgia glitch, y por disonante que todo esto parezca, se convierte en una esencial de Sampha. Es agradable encontrar un momento tan luminoso y redentor en el largo, aunque éste de paso a otro más cohibido y desangelado. What Shouldn’t I Be? cierra Process con aflicción y pena, como una oda familiar y de nuevo este sentimiento hogareño, este deseo de recogimiento truncado por el propio mundo de la música.

El debut de Sampha es un éxito asegurado. Su funcionalidad es evidente tanto para público como para prensa, pues suena accesible, moderno, agradable y cercano. Este año el británico se dará un merecido baño de masas (no sabemos si deseado) gracias a Process, un disco que aunque no arriesga mucho, muestra con creces el talento de su autor.