RICHARD HAWLEY – STANDING AT THE SKY’S EDGE

RICHARD HAWLEY - STANDING AT THE SKY'S EDGECrooner. Un apelativo con una maldición más que implícita, impuesta por la maquinaria de ventas de las discográficas. Sí, esa que se oxida y se desmorona a pasos agigantados; la que, en vez de enfocar sus esfuerzos en la producción y promoción artística, se dedicaba a explotar «burbujas» masivas de clientes potenciales para las que diseñaba productos de envoltorio atractivo. Todos estamos pensando ahora mismo en un ¿músico? de apellido francés y versiones melosas de clásicos que no debían haberse mancillado de semejante manera.

Pero un crooner no es eso: Un crooner es un artista que describe la realidad más cercana, un cronista de la vida, si queréis. Si nos ajustamos a esta sucinta (y simplificada) descripción, podremos desentrañar la paradoja de que el álbum más eléctrico (y reseñado en los medios como «visceral» y «político», atendiendo al sonido) de Richard Hawley sea, curiosamente, el más íntimo y el más cercano a la melancolía de su obra. A través de la descripción amarga de una Sheffield (epicentro de la mítica huelga de la minería de la época Thatcher) azotada, décadas después, por una crisis más despiadada si cabe, Hawley nos describe una ciudad que resiste con rabia y desesperación por su vida: esto es, en sus calles y sus casas se lucha por la supervivencia, y ello implica sufrir la desazón, la tensión, la desesperación y el ansia de vivir, que despunta en medio de la amenaza del desahucio y la pobreza en islas de momentos íntimos, refugio de la esperanza. La calma a través de la electricidad. El camino menos obvio. El hilo que emparenta Standing at the Sky’s Edge con Coles Corner y Lady’s Bridge, y que ahonda más en la sensibilidad crooner que comentaba más arriba. Delicadamente paradójico.

Y tampoco es obvio que esto ocurra no tan sólo en las canciones más cercanas en sonido a sus últimos discos, como la preciosa Seek It (una balada que contrapone la idealización del amor con la relación terrenal) o la melancolía lacerante de Don’t Stare at the Sun, sino en pasajes desolados como los de Time Will Bring You Winter, martilleados por el sonido metálico que recuerda esa Sheffield minera, áspera y maltratada por el poder. Esas reminiscencias de una ciudad, una ciudadanía, en continua lucha contra los acontecimientos forman esa espina dorsal sobre la que se yergue un disco de brazos poderosos (que rasga con rabia y brío en Down in the Woods y Leave Your Body Behind, canciones pesadas armadas sobre un camino de luz y esperanza) y corazón sensible (She Brings the Sunlight o la que da nombre al disco, una visión de la Sheffield natal de Richard Hawley, una ciudad que siempre está presente en sus discos: en este caso, una reflexión desde Sky’s Edge, una colina de las afueras que da pie a una panorámica, física y sentimental, del hogar de Hawley).

Aun a pesar del formato de rock clásico, alejado de la lujuria orquestal de Lady’s Bridge o de la desnudez acústica de Trueloves Gutter, el disco es inequívocamente Hawley. ¿El secreto? Como él mismo revela en cualquier entrevista: la necesidad de ser sincero a la hora de componer. Escribir desde el corazón, tocar desde las entrañas. Quizá Standing at the Sky’s Edge no sea el disco más redondo (el tránsito de la electricidad a la calma, una calma huraña y afilada, quizá no sea del gusto de todos, y tiende a romper la sensación unitaria de la obra) de su discografía, pero a poco que uno deje de hurgar en la técnica y se olvide de etiquetas, quedará subyugado por la belleza de la verdad. Que no es poco, en estos tiempos que corren.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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