Ra Ra Riot – Beta Love

Ra Ra Riot, Beta Love

Desconcertante es, como poco, el adjetivo que a uno le viene a la mente tras escuchar Beta Love (Barsuk Records, 2013), el tercer disco de los de Syracuse, Ra Ra Riot. Y no es que nadie les obligue a mantener esa senda aterciopelada del pop barroco que practicaron con matrícula de honor en The Rhumb Line (Barsuk Records, 2008), y con notable justo en The Orchard (Barsuk Records, 2011), faltaría más. Aun partiendo de cero, este disco infestado de amores cibernéticos (¡de verdad!), paisajes lánguidos y corazones rotos. Porque, en realidad, la única canción que se podría considerar optimista es ese arranque retro-dance de Dance With Me. No, los chicos de Wes Miles no han desaparecido del mundo musical, simplemente se han extraviado en un extraño plano dimensional y temporal que los ha llevado a vivir en una peli teen ochentera llena de cacharros retrofuturistas. O a eso evoca Beta Love.

La trampa estriba, quizá, en pensar que la tríada inicial, el ya mencionado Dance With Me (con un verso tan manido y superficial como “I wanna be your toy”), Binary Mind y la canción que da título al álbum, marcan un cambio radical de rumbo, como si esta fuese la carta de presentación de unos nuevos Riot, vitales, optimistas. Sin embargo, la melancolía que en el pasado forjó canciones tan conmovedoras como Ghost Under Rocks o la contagiosa Dying Is Fine ha quedado mermada y arrinconada en versos desconectados del tono de las composiciones. En Binary Mind, el lamento de una conciencia inorgánica por no conectar con su amor suena, en el mejor de los casos, irónico. Sin embargo, la esencia del grupo, tal como lo conocíamos, aparece desenfocada en temas como Is It Too Much o When I Dream. No, tampoco estamos lamentando la pérdida de Alexandra Lawn por el camino; quién sabe si era la pieza clave que vertebraba el alma del grupo; sin embargo, When I Dream es el mejor ejemplo de que el grupo canta sin alma. Casi mejor que ese experimento jungle que es What I Do For You, donde el sonido electrónico ahoga una melodía que se antoja tierna en la voz de Miles, pero que no llega a florecer del todo.

Por otra parte, Beta Love tiene sus bondades, aun a pesar de que, de entrada, el sonido retrosynthpop nos haga recordar (por lo menos a los más veteranos) a los juegos musicales de los Spectrum o Commodore 64 de hace tres décadas que a influencias musicales de entonces y de ahora, léase Depeche Mode, The Human League o, en la actualidad, a sus compinches de Vampire Weekend o a la escena C-86 de Summer Camp y similares. Si a medida que el disco desgrana canciones uno nota que va perdiendo fuelle, no es menos cierto que en todas ellas queda patente el talento para enhebrar hermosas melodías, en gran parte maltratadas por la instrumentación y un afán de experimentación que, si bien muy loable, no por eso hay que dar por buenas exageraciones como en el solo de guitarra de Binary Mind o el violín sintetizado de For Once. Por qué han querido esconder sus cualidades resulta un misterio. Pero el resultado es, y sabe mal decirlo, a ratos esperpéntico y, en su mayor parte, claramente insatisfactorio.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 4/10