Protomartyr – Relatives In Descent

Nuestra puntuación

9

8

Protomartyr son un cuarteto de post-punk (o punk, o lo que demonios quieran en cada álbum) originario de Detroit. Después de debutar haciendo poco ruido (vaya eufemismo) en 2012 con No Passion All Technique, ficharían por Hardly Art para su segundo largo, dónde ya empezarían a dar bastante la nota. Su sonido resultaba poco imaginativo, pero extremadamente conciso y oscuro, combinando perfectamente con el aura de individuo repelente, nihilista y cabreado de Joe Casey, líder y vocalista de la banda. Así, en 2014 Under Colour Of Official Right, y un año después The Agent Inteligect, terminarían de poner en el mapa a la banda, sin demasiados laureles, pero de nuevo, con esa capacidad de mostrar que se sabe muy bien lo que se está haciendo.

Dos años más tarde llega sin demasiada publicidad ni resonancia pero con bastante expectación este Relatives In Descent. El cuarto disco de estudio de Casey y compañía exprime la circunstancia actual de su país y de su ciudad, conduciendo con bajos lúgubres y letras tempestuosas uno de los mejores LPs de post-punk que hayamos podido escuchar en esta década. Casey se transforma en una suerte de Nietzsche norteamericano (referencia a Heráclito en el primer corte), ácido y cínico, que critica duramente la situación política de Estados Unidos, mientras se dedica en canciones como My Children o Night-Blooming Cereus a dar por hecho que no queda esperanza alguna. La primera de estas dos, -segundo adelanto-, tiene una estructura abierta y contundente, en la que se comenta con frases de post de facebook la intrascendencia, la transmisión cultural, o simplemente el futuro que queda para las generaciones venideras o (directamente las que consumen la música de Protomartyr). “My children, they had a future, good luck with the mess I left, you innovators”. Este tono entre la aflicción y el desarraigo no deja de repetirse en el LP. Ayuda así a consumar la sensación dual que todo álbum debe transmitir; ritmos y melodías frenéticas que invitan a la agitación, combinadas con letras oprimidas y tristes, que en ocasiones crecen hasta convertirse en rabiosas.

El álbum abre con un trío de temas fantásticos y vertiginosos, tras ellos el tempo baja ligeramente, en detrimento de la energía, pero favoreciendo cierta experimentación, sobre todo en la sección rítmica. Estos pequeños e inusuales atrevimientos, siempre -y digo siempre- terminan encontrando salvación en una guitarra melódica y acertada, como en el caso de The Chuckler, o Corpses In Regalia. Destaca la capacidad de Relatives In Descent para crear un ambiente tenso, en el que el oyente puede aún así entrar a conocer las inquietudes de Casey y a realizar cierta introspección. Pocas bandas en estos siete años han podido repetir con tanto acierto este enfoque, apenas Savages (aunque en un ritmo más pausado) y Preoccupations (en todas sus formas) podrían colgarse esta medalla, pero en sus álbumes no parece haber un factor de trascendencia tan profundo.

Poco o nada parece descartable en el disco, que no rebaja la intensidad en ningún momento a pesar de las variadas caras que nos ofrecen Protomaryr. Don’t Go To Anacita , Windsor Hum y Up The Tower componen la parte central a base de trastazos, sin ser tampoco el resto de sus compañeras mucho más conciliadoras que estas. Y es que el panorama final es absolutamente desolador; con el permiso del himno feminista Male Plague (locura y desenfreno), el ambiente alienado y casi alienígena de Night-Blooming Cereus -tremendo teclado- sirve como punta del iceberg. En mitad de este corte ya se sabe que se está ante un disco soberbio, que termina de resultar devastador en las dos últimas canciones, bien las firmara cualquier figura reputada de la escena de Manchester que no mencionaré para no resultar blasfemo o parecer excesivamente impresionable.

Protomartyr han logrado que el post-punk vuelva a sonar actual en este 2017. De este éxito que apenas dos o tres bandas coetáneas pueden certificar, se sobreentiende que Relatives In Descent puede -y debe- ser un disco de referencia para el género en nuestra época. Debe serlo por el nivel de cada una de las canciones, el acierto lírico y la capacidad constante del cuarteto para transcribir con fidelidad su visión del mundo en el que vivimos: It doesn’t get much better than this.