Paul Weller – A Kind of Revolution

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Nuestra puntuación

8

Normalmente el músico tiene una carrera larga en la que siempre resaltan ciertos momentos: un buen disco, un par de grandes canciones, participar en un movimiento generacional, su carisma, su personalidad, su talento…cuando reúnes todas esas cualidades y has sido capaz de liderar a una banda como The Jam hace ya más de 3 décadas siempre serás recordado por ello. Paul Weller tiene una cualidad más a las ya nombradas: la perseverancia.

A principios del 2000 Paul Weller era recordado como el cantante de The Jam. Diecisiete lustros después, Paul Weller es también reconocido como una gran artista por sí solo. Su último trabajo se llama A Kind of Revolution y fue publicado el pasado 12 de Mayo. Sin mucho ruido y con poco marketing ha vuelto a diseñar un disco lleno de estilo donde se ha vuelto a adentrar (como en los 3 discos anteriores) en terrenos que quizá no son su punto fuerte pero que aportan frescura debido al gran talento que posee.

Se abre el disco con el funk de Woo Se Mama que nos hace imaginar a Jimmy de Quadrophenia bailándola en esa legendaria película. Nova ha sido su primer single donde la influencia de David Bowie está presente en todo momento y en la que Weller le declara amor infinito a la música “No puedo dejarlo ir, tengo demasiadas cosas que decir”.

Como de costumbre, el modfather se ha rodeado de grandes músicos para grabar este disco. El trompetista (y batería, y cantante…) Robert Wyatt le da su toque personal a She moves with the Fayre donde Weller demuestra que su mente está abierta a todo tipo sonidos, incluido el brillante soul que nos sirve en esta canción. En One Tear le toca el turno a Boy George de hacer las voces de acompañamiento en lo que es la canción más larga del disco y la más bailable con momentos muy dance y house a lo largo de los 6 minutos que dura. También Josh McClorey, guitarrista de The Strypes, colabora en las canciones más guitarreras del álbum demostrando que a su edad es un verdadero fuera de serie (escuchar sus guitarras en ‘Nova’ or ‘Satellite Kid’).

Aun así, Weller se mueve mucho mejor en las aguas más familiares para él. Por ejemplo, en la oda al britpop Long Long Road nos da una balada con estribillo potente que encajaría perfectamente en el catálogo de Ocean Colour Scene (Steve Cradock, guitarrista de Ocean Colour Scene es el guitarra principal de Weller). Hopper brilla por su elocuencia con trompetas marcando el ritmo y ‘New York’ prueba que las melodías más pop tampoco escapan a los experimentos de esta leyenda viva de la música.

En definitiva, un disco muy disfrutable que no hace más que constatar que estamos ante uno de los grandes artistas de la historia británica. Debido a ello pasa por alto que Weller se crea un cantante de góspel en The Cranes are Back, pero no podemos ser muy duros con alguien que hace tanto y tan bien por la música. Seguramente todos entenderíamos mejor la música y todos los estilos si escuchásemos más a menudo a Paul Weller. Él lo hace y gracias a ello está viviendo una segunda juventud a sus 69 años. Casi nada para el cuerpo.