NIÑOS MUTANTES – NÁUFRAGOS

NIÑOS MUTANTES - NÁUFRAGOSLa canción que abre este último disco de los granadinos, La puerta, invita a seguir escuchando un trabajo en el que lo acústico es el denominador común y en el que la formación hace honor a su nombre y reconquista territorios actuales. Eran mediados de los años noventa cuando la música de Niños Mutantes salió a la calle y a las ondas. Tras muchas maquetas y conciertos, como muchos grupos cercanos en el tiempo, en 1998 llegó Mano, parque, paseo, editado por Astro discos, sello con el que publicaron seis discos. Este último tiene nombre de una de las mejores películas de Hitchcock y es el segundo con Ernie Records.

Calor y declaración de intenciones con Hundir la flota. Invitaciones a quemar las naves y una clara influencia de la música más actual en esta banda clásica. También la delicadeza de lo sutil, una constante vital en Niños Mutantes. Tras los coros de himno, viajamos con El miedo a esas influencias del oeste americano, sonido de bandas sonoras con Almería como telón de fondo y golpes de guitarra muy a lo pop nacional. Hay algo que en esta línea que los granadinos han sabido hacer muy bien desde el punto de vista del que escribe, que también opina; y es saberse mimetizar con “el sonido que suena”. Si en los noventa pegaban los Pixies, pues clara influencia de sus primeras grabaciones. Ahora en España suena todo muy al último disco de los Mutantes. La diferencia es que la madurez como grupo proporciona calidad. Ahora no son Pixies, sino Vetusta Morla o Corizonas los que orbitan en su constelación.

En ese sentido, Náufragos (el tema que da nombre al álbum) es un claro ejemplo de ese saberse empapar, en el buen sentido de la expresión, de la atmósfera circundante. El infierno, ya el quinto tema de este trabajo de doce, lleva la acústica y la voz rota a la tierra de los granadinos. Tristeza que recupera el ritmo y las referencias clásicas con Caerán los bancos, algo que mucha gente pide pero que no acaba de ejecutarse. “Piratas del aire”, se refieren así a las entidades. Recuperan con ello, aparte de un espíritu reivindicativo un tanto naif, esa manera de interpretar que ya es endémica (se me ocurre La Habitación Roja como formación de similar propuesta estética y trayectoria). Composiciones fáciles de escuchar y memorizar.

Empezar de cero revisita en su letra ese espíritu y esa intención que caracterizan al grupo. Muy alejada, por cierto, de esa influencia sesentera de la que bebieron Niños Mutantes a principios de la década de los 2000, algo que no ocurre en Dame tu mano, mucho más cerca de otras bandas también influidas por Los Bravos, Los Brincos, etc. (pienso en sus paisanos Lori Meyers).

Volverás juega a ser balada en busca de una rotundidad que no acaba de llegar. Mucho teclado coqueteando con la eléctrica, algo que tiene continuidad en El pozo. Esta penúltima canción, de letra lírica y con moraleja, vuelve al mundo visitado por los grupos españoles de moda, algo que no acaba de convencerme, pero que respeto y entiendo. No me pongo en el lugar del pop español que arrasa, aunque cuando era como me gustaba lo vendía como el que más/si fuera mío. El problema, si no me gusta, lo tendré yo: esto lo atribuyo a la edad y al querer tener un espíritu crítico, y a que la madurez implica ser más carca. Sin embargo, al último minuto y medio de este tema (largo, algo raro en Niños Mutantes) sí que me afilio.

Náufragos acaba con Muerte de un ampli, un tema de casi cinco minutos que no se olvida de la escena internacional y que pasa con nota ese reto de “letra de canción de Parálisis permanente” más ritmo contemporáneo. Un epílogo que deja buen sabor de boca para que Niños Mutantes firmen así un disco correcto pero no definitivo.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 6/10

 

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