NICOLAS JAAR – SIRENS

Nuestra puntuación

8

Si uno le echa un vistazo a los larga duración de Nicolas Jaar parece que el músico Chileno/estadounidense no ha  hecho prácticamente nada desde que lanzase su notabilísimo debut en 2011. Pero nada más lejos de la realidad, el niño prodigio de la escena de tempos alicaídos y electrónica sofisticada no ha parado quieto. En estos cuatro años ha lanzado la banda sonora reinterpretada para El Color de la Granada, los EPs de Nymphs -que él cataloga de un largo-, el álbum Psych como Darkside (con Dave Harrington) y la banda sonora de Dheepan (Palma de Oro en Cannes 2015). Con este currículum  llegaba casi por sorpresa Sirens, el lanzamiento más político y repleto de reminiscencias a sus orígenes que Jaar ha realizado hasta la fecha. Compuesto por sólo seis cortes, este el disco altera unos pocos tics que caracterizaban la música del chileno, mientras que la gran mayoría los deja intactos, preservando la mayor parte de su identidad. Las principales noticias son los tempos veloces y la canción en español (que además es extremadamente contagiosa, tal vez por la cercanía).

Sobre una intro de lo más pausada y experimental, Sirens se nos abre con un abanico de texturas muy reconocible en los últimos singles de los eps de Nymphs. Gracias a ellas, al falsete de Jaar y al piano, se va entrando poco a poco en el álbum. Killing Time se presenta así de aburrida de forma voluntariosa, pero con el toque de misterio y los inesperados giros rítmicos (para nada permanentes) que cabría esperar. Seguidamente, en The Governor se exhiben varias de las principales novedades. Con la entrada cantada, Nicolas Jaar genera una tensión que estalla sobre una base que se asemeja a un beat de Drum & Bass. Sí, así de movidito se pone el álbum en el primer tercio, por no decir salvaje cuando entra el sintetizador y las líneas más agudas se pasan al free jazz.

Aunque Sirens peca constantemente de mostrar unas armas que luego no optimiza, se puede atribuir este “defecto” a la contención y la elegancia que Jaar ya nos ha mostrado en estudio con respecto al directo. De todas formas esta afección no es tan evidente en un disco en el que el hijo del fotógrafo Alfredo Jaar se muestra más suelto y destemplado que usualmente. Tras el interludio escuchamos las primeras referencias en nuestro idioma del cantante a la dictadura de Pinochet y a cómo vivió su infancia entre dos aguas por la separación de sus padres. Es en No donde se versa sobre la votación que en 1988 se llevó a cabo en Chile. En ella las concesiones al país son evidentes, si no ya por la lengua, limitémonos a escuchar el fantástico beat de cumbia, que nos recuerda irremediablemente a artistas sudamericanos actuales que ceden de forma más grata ante sus orígenes. La accesibilidad del mismo nos pone ante músicos como Nicola Cruz o Chancha Vía Circuito, salvando las distancias y sobre todo la producción, pues Jaar no se limita a plantarnos un beat latino.

El otro tema largo, Three Sides of Nathareth vuelve a mostrar la inquietud apremiante y su obsesión con el 3. En esta ocasión parece clara la “prisa” con la que Jaar compone, la urgencia de lo que dice. La instrumental podría ser de Yeezus o de cualquier producción industrial con aires techno, y aunque de nuevo parece que una parte de la canción se queda a medias, la suma resulta apasionante. El cierre se muestra melancólico pero desenfadado, lo más cercano al hip hop que Nicolas Jaar ha hecho (género que adora, referenciando a Kendrick Lamar como influencia conceptual en Sirens). Y como siempre nos ofrece al final una variación rítmica de lo más interesante , que se mezcla con su voz retocada hasta la abrupta conclusión.

Aunque Sirens no es el trabajo más redondo de Nicolas Jaar, sí que es atrevido, moderno, evocador, y ante todo como el propio músico desea; agitador. Una nueva y más que notable entrega del chileno/estadounidense, que sigue manteniendo su estatus de celebridad en su propio subgénero, mientras se atreve con algún que otro reto inédito para él.