NACHO VEGAS – LA ZONA SUCIA

NACHO VEGAS - LA ZONA SUCIANacho Vegas ya estaba aquí cuando a principios de los 90 la primera hornada indie despertaba. Y es que la vida a veces da varios círculos. Mientras Jota y sus secuaces cambiaban el nombre a sus Subterráneos para evitar coincidencias con una tal Christina (demasiado ligada al mainstream por aquel entonces), Nacho jugaba al noise grabando también en Elephant con Eliminator Jr. Luego vendrían los éxitos con Manta Ray y, con el fin de los 90, la decadencia de una primera época, la deformación y tendencia a la complejidad de la escena indie nacional y el Nacho Vegas que decide seguir solo.

Y es que el compositor de Gijón había caído en la trampa, se dejó fascinar por grandes como Cohen, Dylan, Waits o Nick Drake. Había un escritor dentro de Nacho, seguramente con influencias a medio camino entre los beat y la postmoderna Generación X con Bret Easton Ellis a la cabeza (aunque Nacho odia que lo tilden de postmoderno), y salpicado también por los poetas malditos. A título personal, siempre me pareció ver algo de Baudelaire en sus canciones. Lo que queda claro es que Nacho tenía todo un mundo propio que ofrecer y tenía que hacerlo solo y paso a paso.

Así ha sido la carrera de Nacho Vegas, sin prisa. Y así ha ido generando un público enfermo pero muy fiel. Hay quien dice que, tras hitos como El hombre que casi conoció a Michi Panero o Nuevos planes, idénticas estrategias, han sido sus colaboraciones con Bunbury o la horma de su zapato, Rosenvinge, lo que le ha devuelto los pies a la tierra y le ha puesto en contacto con toda la amplitud de su generación. A título personal, siempre he pensado que el mini LP Verano Fatal supuso un punto de inflexión en el imaginario de Nacho y El manifiesto desastre su primera consecuencia.

Siguiendo esta secuencia lógica, La zona sucia supone la cúspide del camino. En este nuevo trabajo, parece que Nacho se reconcilia con los estribillos y con una arquitectura mucho más simplificada de las canciones (sin que por ello mengüen las historias). Quedaron atrás los temas de seis minutos. Tal vez el paradigma de esta nueva forma de concebir las canciones es Reloj sin manecillas, seguramente la canción más corta de toda su discografía.

Este disco es una antítesis en si mismo. Nacho aborda en él sempiterno desamor, el fin de una historia, con una arquitectura llena de luz inédita en su discografía. Añade como recurso brillante los coros infantiles a los temas Perplejidad y Lo que comen las brujas, una clara influencia de Leonard Cohen o del grupo Dead Man’s Bones. También cuenta con los coros de Pauline en la Playa en Taberneros, un tema con claras influencias del folklore asturiano (otro de los campos de investigación de los últimos años).

El tema elegido como primer single ha sido La gran broma final, rodado durante la última gira y que podría ser un resumen casi profético del disco entero. El videoclip de la canción, o más bien el collage de lugares comunes, es obra de Jonás Trueba y su genialidad da otra vuelta de tuerca en el universo excepcional de Nacho.

A toda esta marca de autor cabe añadir que, una vez más, Nacho ha contado con Abraham Boba y sus excelentes músicos para grabar esta historia y que esta vez se ha auto-producido. El paso lógico era la marcha de Limbo Starr y el paseo por la absoluta libertad. Para conseguir este hito, Nacho se ha unido al proyecto Marxophone, una suerte de cooperativa de creadores compuesta por gente de la talla de Raul Refree. Además, Nacho ha apostado esta vez por el libre acceso a su obra y ha editado este nuevo trabajo bajo licencia de Creative Commons. Lo mejor de todo es que, a pesar de esto, ha colgado el cartel de Sold Out en sus primeros conciertos de presentación y ha colocado su trabajo en el número tres de ventas de la escena nacional, todo un ejemplo de por dónde van a ir los tiros en los próximos tiempos.

A modo de conclusión. Frente al caos delicioso de El manifiesto desastre, La zona sucia es un disco redondo, un trabajo con forma de vinilo y con una estructura clara. Con canciones algo más luminosas y cortas de lo habitual pero sin perder ni un ápice del universo Vegas al que tanto nos ha acostumbrado el genio asturiano. La continuación de una obra que nada tiene que envidiar a los grandes artífices de las noches hechas canción. Eso es este disco, más Nacho y más vida, a pelo.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10