Mucho – El apocalipsis según Mucho

Los primeros pasos de Mucho no han sido precisamente fáciles. Su disco debut cayó en saco roto con cierta facilidad, y sus directos no fueron tan numerosos como era de esperar (rozando lo escaso). Y es que no tiene que ser fácil separarte de lo que te separas y comenzar con el listón de las expectativas tan elevado.

El segundo disco, del cual estamos hablando hoy, se titula El apocalipsis según Mucho, puede ser una forma de levantarse. No precisamente bajo un punto de vista positivo, pero uno no puede resucitar hasta que no ha descubierto que ha muerto y Mucho ha visto la muerte musical muy de cerca. Después del batacazo, un integrante se cae de la formación, y la discográfica con la que estaban, dejan de acompañarles en su viaje. ¿Quién da mas?

Dicen que después de muerto, te crece el pelo. Y puede que les esté pasando ahora a Mucho. En este disco descubrimos a una banda que ha abandonado la sencillez para redirigir su carrera hacia combinaciones instrumentales más clásicas y a su vez arriesgadas. Sonidos que recuerdan a rock de hace 30 o 40 años. Tal vez de rockeros ya muertos físicamente, a los que ya no les sigue creciendo el pelo.

Este símil con el pelo no deja de ser un símil con la segunda oportunidad. Para Mucho la tercera, puesto que Sunday Drivers fue un bote muy alto en su carrera, que ha caído muy fuerte. Y es que sin saber muy bien el punto exacto en el que había que haber parado (seguramente un minuto después de escuchar completo por primera vez el debut Mucho), Mucho debería haber aterrizado y reflexionado para averiguar desde dónde había que comenzar.

Las constantes menciones y relaciones de esta reseña con la muerte viene dada por el título del propio disco, aunque creo que, al igual que hacen ellos en el vinilo, debemos comenzar a positivizar. La poco más de media hora que aporta El apocalipsis según Mucho en el vinilo tiene un orden distinto, y separa destrucción y renacimiento. Y ese debe ser el punto en el que nos fijemos todos a partir de este momento.

Canciones como La larga risa del Emperador, un tema extremadamente vintage, nos parece una buena definición para el nuevo look de Mucho, más preocupados por la música, volcando gran parte de su peso musical en el bajo y teclado. Escuchando Sal de la Tierra ni tan siquiera podemos relacionar un disco con el otro. Y además, el reflejo que estos nuevos detalles se tienen que reflejar en directo de forma positiva. Reconozco que yo he estado presente en un concierto de Mucho. No me gustó, y después de escuchar El apocalipsis según Mucho vuelvo a tener ganas de acudir. Eso solo puede ser positivo.

Sin ser el disco de la confirmación, ni aspirar a mantenerse en los distintos métodos de audio de la gente demasiado tiempo, creo que Mucho ha entendido que el problema no es del resto del mundo, y ha fregado sus cacharros y los ha convertido en música que merece la pena ser escuchada.