MILES KANE – COLOUR OF THE TRAP

MILES KANE - COLOUR OF THE TRAPLo confieso, yo nunca fui fan de The Rascals, es más, empecé a escucharles tarde, cuando ya se habían separado. Yo era de los Arctic Monkeys y, por ello, todo lo que hacía Alex Turner me interesaba. A través de Alex pasé a escuchar a The Last Shadow Puppets y conocí a ese compañero de viaje que se había buscado, un chaval de agradable talante llamado Miles Kane.

El señor Kane me cayó bien desde el primer momento que lo vi, sin ser especialmente atractivo, ganaba en presencia y en talento compositivo. Realmente tenía curiosidad por sus posibles trabajos en solitario, así que me armé de paciencia y esperé. Del disco se iban filtrando cositas como, por ejemplo, aquel día que llegó un comentario tipo “Miles Kane está grabando en el mismo estudio que Noel Gallagher”. Ese fue el momento ojiplático numero uno. Más tarde, que resulta que Noel ha dado el visto bueno al trabajo de Miles Kane. Momento ojiplático número dos. Creo que alguien llegó a decir que el ex-Oasis había producido algo, pero no, el señor ya tenía bastante con grabar algo mucho mejor que su hermano (se supone que debo ser imparcial para hacer críticas, ¿no? En fin, me da igual…)

Centrándonos en el trabajo de Miles Kane, el disco Colour of The Trap se filtró una semana antes del lanzamiento oficial (día arriba, día abajo). Un miércoles lo tenías en la red y al lunes siguiente en las tiendas. Y en el foro oficial además se realizaba el sorteo de algunas copias firmadas por el artífice del disco.

De este disco ya conocíamos algunos temas como Come Closer o Rearrange debido en parte a que el propio Kane había estado tocándolo en algunos conciertos, probando la respuesta del público antes de dar por finalizada la producción del disco y, por otro lado, a que había sacado algún que otro single adelanto, cosa habitual en el Reino Unido.

Colour of The Trap es de esos discos que primero te gustan, luego te encantan y ya por último te apasionan. De hecho, hay un cuarto nivel que es el de la obsesión (en éste estoy yo). Es una auténtica maravilla de debut en solitario. Pero, ¿a qué suena? Pues suena a años sesenta, por todas partes, en principio tenía aromas a The Kinks y a The Who. Eso en principio, pero va más allá. En cierto momento, llegué a pensar que tal vez me recordaba a The Animals. Pero no, tampoco era exactamente eso. Y entonces vi la luz, lo vi clarísimo.

Colour of the Trap es una película de los sesenta. Poneos en situación. Un poco a lo Quadrophenia, un muchacho en los años sesenta escuchando música rock en su habitación, la música que sus padres no le permiten escuchar (Come Closer, Rearrange, Inhaler). El muchacho siente que su padre se acerca por el pasillo y cambia de emisora y pone a Cliff Richards o a Richie Valens (Counting Down The Days, Colour of The Trap, Take The Night From Me), la música que su madre suele poner mientras cocina. Eso es Colour of The Trap, tiene de aquella música prohibida y de aquella otra permitida. Es inteligente el señor Kane.

El ex-Rascal sabe jugar y lo demuestra con este disco a medio camino entre la melancolía y la seducción descarada (que no chabacana) hasta conseguir atrapar al que lo escucha y hacerlo suyo inevitablemente.

¿Cuál es la magia de Colour of The Trap? La respuesta es su sencillez. En una época en la que los sintetizadores, los arreglos excesivos y el uso y abuso de distorsiones y otros efectos lo único que consiguen, en muchos casos, es camuflar las carencias compositivas del autor, este disco es muy claro, muy limpio y está muy bien orquestado, incluso podría decirse que rezuma nostalgia de las cosas hechas a la manera más tradicional (tomad por ejemplo, el empleo de la mandolina en Take The Night From Me).

Es muy probable que Miles Kane haya firmado uno de los mejores discos de 2011. Es tan bueno que lo más seguro es que sólo los acérrimos de Kane, The Last Shadow Puppets o del sonido sesentero británico revisitado lleguen a valorarlo como imprescindible. Para el gran público (con excepción del británico, claro está) caerá pronto en el olvido como ha sucedido con muchas otras maravillas, hasta que dentro de veinte o treinta años algún buscador de tesoros musicales lo rescate de entre la colección de su padre, lo escuche y lo etiquete de clásico atemporal, éste es de esos discos.

Seguramente me mataréis por esto pero creo que Quicksand no quedaría mal en esas películas españolas en las que los nietos modernos llevan al abuelo del pueblo a una discoteca (ya sabéis a cuales me refiero).

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10