MICHAEL KIWANUKA – LOVE & HATE

Nuestra puntuación

9

En 2012, Michael Kiwanuka lanzó Home Again, su álbum debut, presentando su estilo soul vintage setentero, mezclado con un folk intimo que gustó a más unos cuantos. El pasado 15 de Julio, 4 años después, el músico nos sorprendió con Love and Hate, dando un gran paso en la evolución de su sonido, contando con la notable ayuda de Danger Mouse como productor –conocido por trabajar con Adele, Red Hot Chilli Peppers, o Gorillaz, entre otros muchos artistas-.

Nos ha demostrado que ha aprendido de los errores de su debut; Love & Hate es personal e introspectivo, pero esto no supone una barrera para el oyente. Se siente a un artista a gusto, en distintos estilos afroamericanos de los 70, como R&B, blues o soul, que muestra al mundo con una producción musical moderna. Además, en ningún momento el compositor pierde de vista sus influencias musicales, como Otis Reading o Curtis Mayfield. La producción musical del disco complementa el estilo de cada canción; tanto con los efectos usados, como la no utilización de sintes o pads, y así como la gran instrumentación casi orquestal, basada en coros e instrumentos de cuerda. Esto demuestra la ambición total del trabajo y, del mismo modo, provoca que los arreglos musicales sean más importantes y que no haya ningún elemento que destaque más que otro.

Las letras son simples, lo que en principio se puede contraponer a la gran instrumentación que he nombrado anteriormente. Sin embargo, es una obra tan minuciosa, que todo su conjunto aporta al mensaje, sin dejar que ningún elemento sea irrelevante o superfluo. Por otro lado, esa simpleza ayuda a que sean más potentes y transmitan mejor el tema general del desamor y la desigualdad sociopolítica. Podemos verlo en frases como “I’m a man that belongs alone”, en Falling, o “You can’t take me down/You can’t break me down/You can’t take me down”, estribillo de la canción que da nombre al LP, Love and Hate, entre muchos otros ejemplos.

Desde un principio, con Cold Little Hard, deja claro a qué nos vamos a enfrentar. Son diez minutos de canción, estructurada de una forma maravillosa, y, aunque tarde 5 minutos en entrar el ritmo, en ningún momento se hace pesada o repetitiva, debido a que los instrumentos entran de manera progresiva en el tema. Tampoco podemos olvidarnos de Black Man in a White World, el pegadizo segundo corte que nos recuerda más al blues con ese ritmo de palmas, o The Final Frame, el final idóneo para el trabajo. Sin duda, ninguna tiene desperdicio y aporta algo más que la anterior no tiene.

Concluyendo, Love and Hate es atemporal, además de un referente de este año y una escucha totalmente recomendada. Es tan personal como meticuloso y cuidado, y Michael Kiwanuka canta desde el alma todas y cada una de las piezas musicales del álbum.