MARISSA NADLER – JULY

En el nuevo disco de Marissa Nadler (séptimo en diez años, ojo) hay un constante elogio al placer estático, a la belleza monótona, a la austeridad militante. July es un ejercicio de folk mínimo, detallista, en el que cualquier novedad, sean unas cuerdas, sea un piano, sea el eco de una guitarra, se convierte en todo un acontecimiento. La base del disco, siempre apoyada en la voz, no puede ser más sobria. Así que, con tan escasa paleta, los resultados de la artista nacida en Boston son realmente meritorios.

Y eso que su voz no es la mejor de su generación. Es cierto que tiene matices e identidad, con un interesante punto fantástico e irreal, pero no sale bien parada ante otras contemporáneas más dotadas como Alela Diane o Joanna Newsom. No obstante, poco importa en Drive, alentador comienzo, suave en las formas y con unos coros femeninos que visten de maravilla la voz de Nadler.

A 1923, una sentida historia sobre el amor más allá del tiempo, le sientan muy bien unas cuerdas que se saltan la austeridad autoimpuesta de Nadler. Después, los ecos mágicos de los Cowboy Junkies de The Trinity Session aparecen con Firecrackers. El cuarto acierto en serie llega con We Are Coming Back, letal canción sobre la ausencia y el desencanto.

Llegados a este punto, hay que advertir: en el resto del disco no habrá sorpresas, no habrá sobresaltos, todo transcurrirá como hasta ahora. Así que si no hemos conectado con Nadler, lo mejor será dedicarnos a otra cosa. July apuesta en corto, con un vaivén dulce, un runrún sosegado y sin movimientos bruscos.

Aceptado esto, podremos disfrutar de la misteriosa Dead City Emily y de los tenues destellos de luz de su estribillo. También del piano de la emocionante I’ve Got Your Name y, sobre todo, de Holiday In, enorme resumen de todas las virtudes de Nadler. La canción es un repaso en toda regla (“I’d rather watch the TV than see you again”), con la artista tremendamente expresiva (casi oímos temblar su voz) y todo, claro, sobre una sencilla y solitaria guitarra.

Las cosas pasan muy lentamente y con cuentagotas en el mundo de Marissa Nadler. Tanto que puede llegar a exasperar a los más impacientes. July es un buen disco de lo diminuto, de la belleza que se cuela entre la penumbra, de la magia de la letanía. Una pequeña joya que exige un tratamiento adecuado: tras dos escuchas consecutivas, adminístrese de manera urgente una sesión visceral y sudorosa de James Brown o imitadores.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7,5/10

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