Marika Hackman – I’m Not Your Man

Nuestra puntuación

9

8

A sus 25 años, la británica Marika Hackman se ha adentrado con su último trabajo en el terreno de la sexualidad femenina, mediante un imaginario propio y un sonido que se desmarca de su línea de trabajo anterior. A lo largo de los quince tracks de su tercer álbum, I’m Not Your Man, Hackman abandona su sonido folk minimalista previo para adentrarse en un sonido mucho más lo-fi, con influencias de shoegaze y bedroom pop.

I’m Not Your Man discurre con naturalidad a través de una oleada de reflexiones y recuerdos en que la británica se abre al oyente por completo, permitiendo a su sonido evolucionar paralelamente a las historias que desvela: viñetas de su propia vida. Ya desde el single Boyfriend, Hackman sienta los trazos de su nuevo estilo. Se muestra rockera y desafiante, en una pieza que habla sobre una relación insuficiente entre un hombre y una mujer, quien busca el placer en otra mujer.

Boyfriend es una gran burla a un tipo de relación heterosexual vacía y conformista, cargada de ironía en líneas como “He knows a woman needs a man to make her shout” (“Él sabe que una mujer necesita a un hombre para hacerla gritar”) o “I held his girl in my hands/I know he doesn’t mind/She likes it cause they’re softer than a man’s/I like to moisturize” (“La sostuve en mis manos/Sé que a él no le importa/A ella le gusta porque son más suaves /Y es que a mi me gusta hidratarme).

Los acordes que abren la segunda pieza, Good Intentions,  se mueven hacia un sonido más lo-fi y descuidado. Sonidos estridentes arropados por la voz de Hackmann que se moverá entre lo celestial y los gritos desgarrados del estribillo, que emulan la eléctrica melodía de las cuerdas y corean: “Yeah, yeah, yeah…”, con una Hackman cínica ante las señales contradictorias de su propia amante.

Esta tónica fresca e irreverente, que aparece de nuevo en My Lover Cindy –muy recomendable, brillante guiño en clave surf a las relaciones fugaces–, acabará por dar paso a algunas pistas más suaves en que Hackman retoma la persona artística de su anterior trabajo, de voz suave y lacónica, con un sonido algo más acústico. Las influencias marcadas en las dos primeras pistas del álbum, sin embargo, vuelven a aparecer una y otra vez en aquellas que están por venir. La angelical voz de Hackman, arropada en ocasiones por voces de coro, contrasta con la dureza del bagaje musical y lírico de las canciones.

Adentrándonos en el álbum, encontramos la pieza folk con resonancias medievales Apple Tree, o la lúgubre AM, en que la guitarra pierde peso para dejar paso a la voz de Hackman contra una marcada percusión.

En Cigarette encontramos un folk muy intimista, con ciertas resonancias a sus primeros trabajos y a los de su compañera de tour y patria, Laura Marling. Esta breve pieza, de dos minutos y medio, nos trae de vuelta a una Hackman con su guitarra acústica, hablando sobre la tristeza de un amor que ya no funciona.

Violet, quinta pista del álbum,  brilla con luz propia. Se trata de la primera canción que escribió del álbum –allá por el verano de 2015– y una de las piezas más honestas y explícitas del mismo. En una entrevista, la británica aseguraba que la canción iba sobre la boca de su ex novia. Y así lo reafirma la frase más repetida de Violet: “I love your mouth”.

Acordes arpegiados de guitarra eléctrica introducen la voz de Hackman, quien describe, a través de un imaginario riquísimo en metáforas, las emociones que surgen en su interior al evocar los recuerdos de esa boca. Un vocabulario explícito y visceral, para describir las complejidades y deseos de una relación sexual –“I’d like to roll around your tongue/Caught like a bicycle spoke” (“Me gustaría retorcerme sobre tu lengua/Atrapada como un radio de bicicleta”).

La melodía de las guitarras eléctricas se repite en bucle, poco a poco. La sensación de ensoñación es cada vez mayor, y el relato de Hackman no hace más que dar vueltas sobre nosotros. Tras un abrupto silencio, Hackman se queda ensimismada en una frase –“I love your mouth”– hasta que rompe en un amalgama de guitarra eléctrica y percusión, junto a una letra que se desdobla en dos líneas, superponiendo ese “I love your mouth” al relato de Hackman, que se repite una y otra vez. En Violet más que el resto del álbum, Hackman alcanza un nivel extremo de honestidad y transparencia respecto a sus sentimientos, su vida personal y un imaginario cargado de deseo.

Pero en el tercer trabajo de Hackman hay hueco para otras temáticas. En Blahblahblah, por ejemplo, satiriza con el efecto de la tecnología en la sociedad actual: “Ghost town, walk among the zombies / Faced down, their eyes are never on me / Backs up to the wall, plugged into a pocket / Sigh, might as well just die” (“ Ciudad fantasma, andando entre zombies / Boca abajo, sus ojos no me miran / Espalda contra la pared, enchufados al bolsillo / Uf, también podrían morir”)

En I’m Not Your Man, Hackman cultiva la intimidad de sus anteriores trabajos, aportando ahora un nuevo matiz sonoro sin perder su capacidad de ponernos los pelos de punta. Guitarra eléctrica en mano, esta nueva Hackman se muestra irreverente y decidida a apostar por una tónica hedonista y abandonar todas las restricciones a la hora de hablar de su inmenso mundo interior.

Comenzando por un sonido más lo-fi, acaba con unos últimos tracks que recuperan la tónica de su anterior trabajo We Slept At Last, con mayor minimalismo de guitarra –en acústico- y mayor presencia de su voz. Comenzando por un tono pícaro y emocionante en Boyfriend, Violet o My Lover Cindy; finalmente acaba retratando la desidia del desamor y la frustración de ver cómo se apaga la llama en  I’d Rather Be With Them, Cigarrette, So Long o Eastbound Train. Hackman retrata así el ciclo natural del amor en una era –la actual– en que lo efímero se impone a lo duradero.