Maga – Salto Horizontal

Nuestra puntuación

8

Esperadísimo el nuevo álbum de Maga, Salto Horizontal. Seis largos años han pasado desde que presentasen Satie contra Godzilla, aquel maravilloso tesoro que encerraba piezas como El ruido que me sigue siempre. En este tiempo de silencio, la banda ha podido perfeccionar su estilo, ahora más luminoso y fresco, sumados a la siempre emocionante voz de Miguel Rivera. Un disco vitalista y lleno de matices, con el que la banda sevillana recupera la energía de sus inicios y conquista una renovada sonoridad. Innovador también el diseño gráfico de este nuevo trabajo, que ha corrido a cargo de Francisco Lemos. 

Comienza el disco en Domingo, la canción que, de una manera más clara, habla de su vuelta. Con el susurro de Miguel y una letra -“¿quién me vio caer al suelo, levantarme y alzar el vuelo?”- que evidencia la reinvención de unos Maga que se han decidido entre otras cosas por primera vez a contar con un productor externo al grupo. Ángel Luján ha trabajado con gente como Xoel López o Vetusta Morla y ha sido una figura fundamental para liberar al grupo de sus corsés. Le sigue Báltico, monumental tema de enorme sensibilidad vocal y un ritmo cautivador que se abre paso con brutales percusiones. Una bella historia de amor y libertad, expresada con la habitual poesía marítima de Maga. Sin duda una de las canciones más destacadas del disco, la que fuese el segundo adelanto. El primero fue, Por las tardes en el frío de las tiendas, para el single de presentación contaron con la malagueña Anni B Sweet, una elección más que acertada. La unión de Maga y Anni ha dado como resultado una maravilla en forma de pop, enérgico y cargado de euforia. Cuando nadie me escriba, el tema más guitarrero del disco, es otro destinado a convertirse en himno en sus conciertos. Fue la primera canción con la que comenzaron a trabajar formalmente todos los miembros del grupo. Nadie más podría haber escrito un canto a la soledad como este, con esa emoción que solo son capaces de transmitir unos pocos escogidos como Miguel Rivera. Dos temas de aire folk – muy contemporáneo – son Esmeralda e Incendios a merced del viento, aquí la guitarra acústica y la voz se entremezclan con percusiones y electrónica para hacer de este género un sonido muy actual.

Son historias de amor frustradas, pero siempre dejando un hilo para la esperanza. Como en Juego, con ese grito de -“¡viva el corazón! ¡muera la impostura!”- con la colaboración de Zahara, otra perla andaluza a los coros. Y enfila el disco su último tramo con tres dedicatorias. La primera a su querido Cádiz, De plata, una canción tan llena de luz y de vida como esa ciudad. El mar siempre ha estado muy presente en sus letras, y el mar que ha inspirado tantos mares en las canciones de Maga, es el de Cádiz. Miguel es de Sevilla, pero desde pequeño ha vivido mucho en ‘la tacita de plata’ y le tiene un amor especial a sus costas. Dedicatoria a la poesía, en La casa en el número 3, residencia de Vicente Alexandre, y donde lo visitaban Cernuda, Neruda, Lorca…Y dice: “A distancia la soledad me hablará, susurrando los versos de algún poema… En la casa donde ya no hay nadie, oigo el eco de las teclas de aquel piano…”. Hablando también del día que la inspiración trae nuevas canciones. Y por último, La noria, dedicada a aquellos que dan voz a los que nunca la tienen, una canción comprometida con la situación política y social -“de nuevo sentir la plaza ocupada”- y a pesar de todo, optimista -“queda tanto por hacer, nadie va a quitarnos las ganas”.

Se cumple el 15 aniversario del debut de Maga con su gran álbum Blanco, con temas eternos como Agosto Esquimal y Diecinueve. Han cambiado mucho las cosas desde que los sevillanos empezaron, entonces en la escena indie todo tenía un punto amateur y precario, pero ya entonces brillaban. Ahora vuelven con un sonido más actual, bases electrónicas y sintes se mezclan con grandes guitarras acústicas y eléctricas. Un disco con mayúsculas el de la vuelta de Maga. Una sensación de movimiento, de cambio, de no tener miedo a reinventarse. Todo justificado por las ganas de llegar un paso más allá de donde habían llegado antes, que no es poco. Sin perder la esencia y la identidad del grupo.