LIARS – MESS

El dance – punk de Liars supone un viaje desde el espacio exterior hacia tu mundo más interno. Desnuda tu mente al mismo tiempo que te transporta a atmósferas distintas a las habituales. No es un viaje lineal. Oscila y vuelve sobre sí mismo. Se traiciona y se reconcilia, como haces tú en la vida contigo mismo.

Lo sé. Muy obvio todo, pero es que Liars vive en la obviedad de la excelencia. Los de Brooklyn diseñan joyas llenas de rabia y vitalidad que consiguen transmitir paz y armonía. Cosas del talento. El que crea horizontes lejanos a los que otros llegarán algún día.

La caratula de Mess no es traicionera, avisa del hostión mental que te vas a llevar. Es ideal comprobarlo en un día de nublina canábica y soledad. La canción inicial del disco evidencia la ecuación exitosa de la banda neoyorquina:

Sintetizador = Potencia + Sofisticación.

Es Mask Marker. Visitas un tema de sonido rudo y mestizo. Coquetea con los 80 y los primeros 90. Besa en los morros al technopop con su ritmo machacón pero adictivo. Buen comienzo. Vox Turned D.E.D. suena a trueno. Anticipa la tormenta mental que se avecina. Sus notas riegan tu habitación de penumbras, rabia y brillantina. Puro Liars. Electrónica lujuriosa al servicio de la corrupción de los sentidos. Vox Turned D.E.D. podría ser uno de los temas principales de una rave en el infierno. Su oscura elegancia te cautiva.

I’m No Gold pausa la velocidad alocada y autodestructiva del disco. Mira hacia los 80 y recuerda a qué sonaban los antiguos bits. El punk de brillantina de NYC se enamora de la new wave en este extraño tema que vertebra las dos velocidades del álbum.

Con Pro Anti Anti llega la destrucción sonora. La disco arde. Los conceptos del dance – punk se virtualizan mediante sintetizadores celestiales y desfases armónicos. La canción es un vaivén de emociones que luchan por imponerse una a la otra. La canción supone la antesala al punto álgido del LP. Antes de descender al averno toca bailar desnudo a la luz de la luna con Pro Anti Anti.

La entrada al infierno está coronada con querubines malcriados expulsados del paraíso. Interpretan una música de cámara tan pagana y moderna como Can´t Hear Well. A medio tiempo todo se vuelve más armonioso y claro. No obstante, si quieres llegar al punto más profundo de ti mismo tienes que explorar primero la infinitud. Para ello está Mess On A Mission. El espacio exterior se abre para ti al igual que se abrió para los magos ochenteros del Moog. El espacio ha cambiado desde entonces. Ahora abruma su elegancia y su salvajismo. No hay paz ni en el vacío. Así es Liars.

La tregua no se firma y surge Darkslide. Su tono industrial y sucio hace una caricia al techno pero le es infiel con un pop de vanguardia exquisito. Es capaz de hacerte comer techo toda la noche embobado con sus voces satánicas animándote a destruirte.

La claustrofobia se hace dueña del oyente, que ya no desea salir de Mess. Bienvenido a las atmósferas de las pesadillas. Boyzone profundiza en los rincones más oscuros de tu mente. Suena a vicio y pecado. Resulta irresistible. El amor universal murió tras una canción de Liars, seguro. Fue ejecutado por un sintetizador demoníaco. Por ello, este disco es una condena al infierno para quien lo escucha.

Aparecen cánticos espirituales de máquinas primitivas. Rezan a un dios de bits y frialdad. Están computarizando tu perdición en Perpetual Village. El lugar es una aldea de belleza macabra con una percusión y unos samples de oscuros lamentos. Nos guían hacia Fausto de camino al averno. Has vendido ya tu alma al diablo. Se acerca el final del viaje. Tienes 8 minutos para escapar pero te ha atrapado esa voz maléfica de Angus Andrew tan adictiva y esos ritmos infernales que suenan a ambrosía. La labor del bueno de Angus hace tiempo que ha debilitado tus defensas y a estas alturas ya te posee a su antojo.

La profundidad rítmica de Mess y su belleza plástica hacen saltar tus percepciones por los aires. El disco se despide en el limbo de Let Speaker Blown y su jazz perdido a las puertas del infierno. Se trata de un jazz mentiroso. Artificial pero sutil y lo suficientemente siniestro como para que obvies que las máquinas no tienen alma.

Mess es esa voz en tu cabeza que te dirige hacia el pecado. Te descubre la belleza de las tinieblas y te hace volar introspectivamente hacia la nada. Pura diversión maligna con un acabado tan sofisticado que dudas si un mortal es capaz de pulir tal perfección musical. Gracias Liars por recordarnos que la luz comienza con la oscuridad.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10

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