LEONARD COHEN – OLD IDEAS

Nos malacostumbramos. Cegados por el hambre del momento, por la búsqueda de la novedad, no supimos apreciar las cosas pequeñas, los gestos sinceros y honestos de aquellos que no pretendían llamar nuestra atención. Leonard Cohen nunca lo pretendió. Nunca le hicieron falta esa clase de artificios, de atajos hacia el éxito. Lo suyo siempre fue harina de otro costal. Fue música popular en el sentido más amplio del término. Simples canciones con las que conectar un puñado de palabras que, eso sí, en la voz susurrante de Cohen sonaban como si el mismísimo arcángel hubiera bajado de los cielos. Aunque con la sencillez del hombre de a pie, del caminante sin mucho más que hacer que contar su propia historia.

Hoy, 45 años años después de ese Songs of Leonard Cohen (revelador título), el artista canadiense, por fin, se siente con fuerzas para regresar a casa. Jugando entre la nostalgia y la comedia, se presenta en Going Home. Como si hicieran falta este tipo de rituales. Pero, claro, a veces nos olvidamos que estamos hablando de Mr. Cohen. El caballero de la música popular, el galante del sombrero que convierte cada una de sus canciones en una reverencia.

Insiste en el gesto con Amen. Allí purga sus pecados entre tonadas fronterizas con aroma a blues y llamamientos al olvido. Como un viejo amigo al que hace mucho tiempo que no vemos (8 años pasan desde su último disco) se sincera con palabras como: “Tell me again when I’m clean and sober”. Siete minutos que suenan a confesión, pero también a vuelva usted mañana que hoy he vuelto renacer.

A estas alturas queda claro que Cohen lo ha vuelto a conseguir. Su eterno intento por hacer más con menos vuelve a ser arrebatador. Quizás en esta ocasión se le vean las costuras. Incluso le pillemos tomando prestado a ratos los ropajes del Tom Waits de los setenta. Sin embargo, pocas veces se deja ver el canadiense en canciones como Different Sides; haciéndonos creer que juega en los márgenes, creándonos la ilusión de un Leonard oscuro y taciturno, casi pop. Cosas de la edad, que le permiten a uno reírse de sí mismo, mirarse al espejo y mostrar sus propios miedos. “I’m old and the mirrors don’t lie / But crazy has places to hide me / Deeper than saying goodbye” recita en ese Crazy To Love You que recupera al Cohen más limpio y acústico, al que parece grabar desde el salón de su casa.

En Old Ideas se resiste a abandonar el blanco y negro, a caer en la tentación de la floritura. Apenas un coro de voces aquí, una trompeta allá, un violín y una armónica, dan el toque de color a una mezcla cristalina. Hasta la voz se queda en los huesos en el recitado de Anyhow. Cohen sabe tocar la tecla adecuada para hacer saltar la emoción, para hacer digna justicia a sus composiciones.

En estos tiempos de austeridad se agradece el guiño, el intento por economizar resultados. La balada clásica en Show Me The Place, el country de guitarras trasteadas de Banjo, el himno de raíz gospel de Come Healing. Hasta el órgano hammond que entra con respeto en The Darkness, uno de los momentos más destacados del álbum. Todo parece apuntar en la misma dirección: esa voz rasgada, profunda, que paladea cada sílaba. Bienvenido de nuevo, amigo Cohen.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7’5/10