LAMBCHOP – MR M.

Kurt Wagner nunca fue un hombre de excesos. Su carrera, abultada, ha seguido siempre una línea recta, sin apenas oscilaciones ni discos de relleno. A razón de un trabajo cada dos años, su temperamento calmado ni siquiera se inmutó cuando recibió cierto renombre con Nixon, quizás su álbum más aplaudido hasta la fecha. Tampoco cuando en 2006 editó Damaged tras superar un cáncer. Quizás por ello, su ausencia en las estanterías de novedades durante los últimos cuatro años resulte sintomático a la hora de hablar de su último trabajo. La razón de esta tardanza: la muerte de su compañero de profesión y amigo Vic Chesnutt.

Rebobinemos. El día de Navidad de 2009 el músico Vic Chesnutt se suicida tras más de media vida postrado en una silla de ruedas. Su caso recuerda al de muchos norteamericanos sin seguro médico incapaces de pagarse los gastos derivados del cuidado de su salud. Poco importa que se hubiera granjeado un gran número de amistades en el gremio de la música, ninguno de ellos logró evitar el final trágico de Chesnutt. Tampoco Kurt Wagner, que, tras la muerte de su amigo, decidió encerrarse en la pintura.

El resultado de este retiro voluntario: una colección de cuadros (uno de los cuales sirve de portada a Mr. M) y un puñado de canciones que han hecho las veces de terapia contra la ausencia de su colega. Sin caer en la tentación del disco tributo, Wagner ha logrado que el espíritu de Chesnutt impregne muchas de las composiciones de su último trabajo. Un guiño en forma de letras cómplices, de reverencias musicales que ponen testimonio a la melancolía de la pérdida. Y a la incapacidad de una sociedad para hacerse cargo de sus ciudadanos.

Un lamento inspirado, siempre elegante, que en el terreno musical bebe directamente de las producciones de Sinatra (palabras del propio autor), relegando la herencia más campestre y country al que nos tenían acostumbrados a un segundo plano. Puro soul blanco, ligero en las formas, aunque cuidado en la instrumentación. Atmósferas cálidas, intimistas, perfectas para el fraseo profundo y cercano de Wagner. Como en If Not I’ll Just Die, pieza que da comienzo a este Mr M. y que se desgrana a base de cuerdas y swing. También Gar, instrumental entre el easy listening (no se dejen engañar por la etiqueta) y el lounge. O Betty’s Overture, que eleva el clasicismo de la banda a la máxima potencia.

Imprescindibles para entender la música norteamericana de los últimos años, el genio de Wagner puede codearse con nombres de la talla de Jeff Tweedy o Ryan Adams sin perder en la comparación. Eso sí, a diferencia de sus compatriotas, la historia de Lambchop se escribe con letras pequeñas, sin grandes titulares, aunque con grandes canciones. Composiciones que han ido abrazando poco a poco la música con mayúsculas, sin prejuicios, mientras arriaban la ya desgastada bandera del alternative-country, tan en boga en los noventa. La muestra más cercana la tenemos en Gone Tomorrow, una pieza de siete minutos que gira entre el folk, el funky suave y un mar de violines dispuestos a arrastrar la melodía. Por lo menos hasta que la guitarra de Wagner recupera el mando.

Y es que el capitán de Lambchop lo es, si cabe más, en este Mr. M. Él es el que suministra las emociones, el que toca la fibra sensible (“Don’t know what the fuck they talk about“ recita a las primeras de cambio) y el que termina dejándose llevar por el amor (Never My Love). Él es el que envuelve los textos en papel de regalo, en un pop agridulce, casi narcótico. Dejando que los silencios hagan su trabajo. Benditos silencios, que diría aquel.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7.5/10

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