KENDRICK LAMAR – TO PIMP A BUTTERFLY

kendrick lamar - crazyminds.es

Nuestra puntuación

10

9

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS

Sabemos que en CrazyMinds no solemos comentar muchos álbumes sobre música negra, pero esto no nos impide abrir nuestros abanico habitual para hablar de un álbum que seguramente cambie el rumbo de su género, y que está teniendo una repercusión mundial excelsa, básicamente porque lo merece.

La última vez que hablamos de un disco del estilo fue en diciembre, otro álbum lanzado por real necesidad y que también se ha convertido en una reivindicación del Black Power y la cultura clásica del Soul, el R&B y el Hip Hop. Se trataba de Black Messiah, de D’Angelo. En este caso le toca al polifacético y maravilloso rapero Kendrick Lamar, originario de EEUU, del barrio de Compton, y ahora en todas partes. Tras su Section 80 (2011) y el casi clásico Good Kid m.A.A.d City (2012), el afroamericano ha pasado un tiempo teloneando a Kanye West y dos años produciendo y escribiendo este To Pimp a Butterfly.

Con su segundo álbum, Lamar saltó a la fama catapultado y sin control, pasó a ser cabeza de festivales de música alternativa, dar miles de conciertos, entrevistas, sus fans se multiplicaron y se esparcieron como la pólvora por todo el globo y su ego quedó desenfrenado por el poder adquirido. Siendo él una de estas personas entre un millón por su sensibilidad y su forma de observar su entorno, comenzó una batalla interior (como bien describe en este álbum) por mantener la cordura, cuando todo lo que le rodeaba era surrealista y se iba separando a pasos agigantados de sus raíces y orígenes. Así es como, mientras su predecesor es un álbum extraordinariamente narrativo, que casi en forma de película y repleto de hits nos narra su vida en el barrio, en este nuevo ejercicio aparca su vida dedicándose a su orgullo, a su interior y a lo que le convierte en la persona que es.

Entre otras acciones, Lamar visitó la celda de Nelson Mandela y, como dice en el propio álbum, habló con él y con 2Pac (ojo a la anécdota). Y de esto va To Pimp a Butterfly, es una simple pero perfecta reivindicación del pueblo negro, desde sus orígenes y desde las raíces de la música que lo representa. Como ejemplo de las aspiraciones queda la desconcertante portada, repleta de afroamericanos con pinta de estar pasándoselo muy bien en el patio de la Casa Blanca, con fajos de billetes en las manos y dando la impresión de ser los más malos del mundo, además pisoteando a un juez, una declaración efectiva en forma de “ataque”. Y es que, como acabamos de contar, al sentirse tan abrumado, el artista decidió volver a todo lo que le había convertido en quien era, llegando al epicentro de su cultura, lanzándose con ella y sosteniéndose por igual, como en el poema que recita una y otra vez a lo largo del álbum, en el que habla de las tentaciones del diablo (al que se refiere constantemente como Lucy) y de cómo su situación lo dejó al borde de la debacle, no sabiendo si amarse u odiarse a sí mismo. Pero, para contar con mayor acierto y ejemplos todo esto, vamos a pasar a hablar del contenido directamente, en el que todos estos elementos y muchos más están explícitos e implícitos.

Todo empieza con el sampler de Every Nigga is a star… (sobra explicar la orientación) y la voz de nada menos que George Clinton en Wesley’s Theory, cargada de agresividad y sarcasmo para abrir con energía y mala vibra una sección cabreada, llamativa, potente, que no huele a hit, pero sí a inicio memorable con Dr Dre recordando “Anybody can get it, the hard part it´s keeping it motherfucker”. El álbum está producido por Thunder Cat, Flying Lotus y otros tantos artistas actualmente orientados al Soul y el Funk, y adivinen cómo suena, totalmente Jazzy, totalmente Funky, divertido, fresco, muy rítmico, nada sobreproducido ni incoherentemente espectacular como en GKMC. En este caso el álbum lleva una línea que mantiene constantemente, una línea casi clásica, como si hubiese sido producido en 1993. Justamente, como ejemplo especialmente Jazz tenemos el primer interludio, divertidísimo, en el que Lamar con una mezcla de recitación y spoken-word repite una y otra vez “this dick ain’t free”. Después de esto llega la agresiva King Kunta, que es el ejemplo funk, con su ritmo bailable y guiado por un bajo, muy centrada en el tema racial y de las batallas en la calle, una canción que, como todas las demás pero de forma especial, no nos extrañaría ver hace 20 años interpretada por unos afroamericanos acercándose una y otra vez a un objetivo angular circulando por su barrio, rodeados de armas y droga, como en los videoclips de aquella época.

Institutionalized es, personalmente, una de las mejores canciones del disco, con Snoop Dog volviendo a hacer una colaboración decente después de años. El beat lento Old School total te transporta al barrio, utilizando además frases que fundamentan e introducen el espíritu familiar y casero que Lamar defiende durante estos casi 80 minutos. En These Walls vuelve el toque funk, una letra interesante, divertida y personal en una de las canciones más positivas del disco, y que recuerda por momentos a Real, del álbum anterior (seguramente la única). Esto choca totalmente con la temática de u, y es que en el disco hay una canción de carencia de amor propio (u) y otra de amor propio total (i), bien señaladas en minúscula para que nos demos cuenta de la contraposición o la hipocresía (como bien dice después). En ella Kendrick dice que es imposible que le amen por su condición y su forma de ser, y por si eso no es suficiente tiene una segunda parte con una instrumental maravillosa en la que le oímos “borracho” hablándose a sí mismo de todos los errores que ha cometido, de lo mal amigo, hijo y “hermano” que es, y de que es un monstruo en su interior. Vamos, absolutamente devastador.

Después de esta deprimente fase, Lamar vuelve a estar positivo (o por lo menos no melodramático) en Alright, con Pharrell Williams en los coros. Al final de esta introduce al demonio, que puede ser el capitalismo, las discográficas, la fama, el poder… El demonio es Lucy (Lucifer) del que nos sigue hablando en el segundo interludio, una maravilla de mensajes ocultos, primero lanzándose la pregunta de si no iba a ser un gangster por siempre y después contando cómo “conoció a Lucy” en una fantástica estrofa. Lucy, quien le ofreció todo lo que deseaba, y además calma, a cambio de su sumisión. Lo extraño es lo luminoso y chill de la canción, sin base rítmica y rodeada de capas de sintetizadores bellísimos que dan sensación de total calma, cuando todo debería ser inquietud.

Al final de esta, continúa la poesía que guía y enlaza el álbum, hablando de que su paranoia le hizo volver a casa a buscar respuestas, dejándonos con otra de las canciones calmadas del álbum, Momma, con unos coros geniales, resaltando la relevancia de la capacidad individual de la persona, pero aceptando finalmente que no se es nada sin una familia, una madre, o un sitio al que volver, por más que no aporte las soluciones finales a nuestra búsqueda. Entonces entra Hood Politics, con un sampler de Sufjan Stevens (!) y dedicado especialmente al rap real, desde el inicio, a la pureza del movimiento del Black Power y a la total devoción a la muerte por la causa. Para indicarnos que estamos entrando en la parte más “jodida”, esta vez la poesía es recitada con unos vientos de fondo, con los mismos acordes del piano de How Much a Dollar Cost; una de las canciones más accesibles del disco, y de las más potentes, con una letraza que pone en cuestión el funcionamiento de la sociedad y la realidad de todo lo que nos incumbe, un ataque directo y acertadísimo. Una de esas canciones que también huele a clásico por letra, instrumental, y casi por el flow (palabra que odio) y el estilo que utiliza Lamar.

Si bien esta es una declaración de incomprensión hacia el exterior y su funcionamiento, le sigue Complexion como calma tras la tempestad y como tema casi ¿innecesario? hablando de la condición única de cada uno, que mejora con la entrada de Rapsody e introduce de manera ligeramente desacertada y muy cortada The Blacker the Berry. Esta es una canción de odio personal y de odio al entorno. Casi como un suicida, Kendrick Lamar nos va describiendo los pasos que sigue en su relación con el exterior, un cabreo monumental, una definición personal única y unas ganas enormes de quemar.

Casi como despedida tenemos el You Ain’t Gonna Lie, el otro temazo funk que te relaja extrañamente, en este momento en el que ya están jugando totalmente con los sentimientos del oyente, que debería estar haciendo arder los objetos que le rodean, y eso que esta canción no es en absoluto moco de pavo, totalmente justificada y bien colocada, hablando de la variedad racial y de que [email protected] deben buscar su oportunidad. Además, con su propio beat introduce i, pero una versión totalmente diferente a la del single, mucho más enérgica y eléctrica, grabada como si fuera en directo, única, bailable, y con un aire a redención, de euforia. Después de toda la búsqueda durante 60 minutos, Lamar se vuelve a sentir cómodo consigo mismo y lo demuestra en un temazo para disfrutar, no sin –claro- dejar un buen mensaje al final en protesta hacia la violencia actual contra la raza negra, y con un acapella genial con la misma temática.

Y lo mejor para el final: Mortal Man, una canción sobre la herencia que se deja culturalmente, y sobre varias de las figuras relevantes para la historia del pueblo afroamericano. Aquí es donde habla de Mandela, y tras un par de estrofas geniales comienza la surrealista entrevista a Tupac, con fragmentos de una entrevista que se le hizo 2 semanas antes de morir asesinado, pero en la que las preguntas se las hace el propio Lamar, inapelable. Siete minutos de orgullo y motivación, de motivos para creer y para vivir, y Kendrick Lamar nos lo enseña después de decirnos lo alegre y orgulloso que está, agradecido por el resultado de su cruzada, y cerrando su tercer álbum de manera magistral.

Es la primera y seguramente la última vez que le doy esta nota a un álbum en esta revista, pero en este caso es irreprochable e indiscutible que To Pimp a Butterfly se convertirá en un clásico de su género. Por más que pueda entrar en nuestras listas por su forma, es una marca en la historia de la música afroamericano, y un ejercicio personal único e irrepetible de alguien que se postula como una de las figuras musicales de la década.

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