KANYE WEST – THE LIFE OF PABLO

kanye west

Nuestra puntuación

9

8

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS

Todo lo que rodea a Kanye West, ha acabado superando su música. El poder mediático de sus actos, de sus declaraciones, de sus apariciones ha terminado por eclipsar en cierta medida el apartado más musical de su último lanzamiento. The Life Of Pablo viene precedido de un auténtico espectáculo mediático, un hype desmedido y descontrolado, con varios cambios de título del album en menos de un mes, las tracklists dibujadas y desdibujadas una y otra vez (hubo quien nos llevamos las manos a la cabeza con la posible desaparición de No More Parties in LA). Y medios musicales de seguimiento internacional consagrando artículos a cada uno de los tuits que el rapero lanzaba, que normalmente sólo contribuyeron a marear la perdiz y reclamar la inocencia de Bill Cosby acusado de abuso sexual. El culmen de todo este show ocurrió el pasado día 11, y bajo el título de Yeezy Season 3, Kanye llenó el Madison Square Garden para poner su disco agazapado tras un portátil, y a su vez a un grupo de personas vestidas con su líneas de ropa en medio del recinto. Al menos, a partir de ese día, parecía que el contenido del disco se estabilizaba, terminado por publicarse en Tidal, el pasado domingo.

Podemos por lo tanto, establecer una infinita discusión sobre toda la parafernalia que ha rodeado a West estos últimos meses, desde su apuesta por rescatar a Tidal del ostracismo al que estaba condenado (ha cedido su disco en exclusiva a la plataforma, o al menos eso dice), al enorme ego que ha proyectado lanzando continuos avisos sobre la grandeza del disco, que luego no ha mostrado tanta seguridad cambiando continuamente de nombre y tracklist.

Así que a priori, partiendo de que estamos ante un artista que ha lanzado álbumes de referencia, ha comenzado modas, y ha estado en la cresta de la ola, convirtiendose en una influencia en la música reciente, nos hemos encontrado con un despropósito de previos al lanzamiento de su nuevo disco. Una de dos, o se le ha ido de las manos su personaje, o realmente ha preparado todo un tinglado buscando parodiar y evidenciar todo lo que rodea a la industria cultural (viendo el seguimiento de algunos medios, a alguno le cuadraría esta opción). A veces, sintiendo una mezcla de compasión y admiración, uno piensa que estamos ante una especie de Stromae, que se ríe de la fama y que en una forma de absurdo y sobreactuación parodia no sin cierta pesadez los egos que circulan por el mundillo actual. Otras veces lo fácil es pensar que tanta “creatividad” le ha acabado obturando la consciencia.

A partir de ahora, una vez soltando los previos, empecemos pues a comentar el disco, liberando el asunto mediático y centrandonos en el aspecto más artístico de este álbum.

Kanye viene con una mochila muy importante, viene de dos discos que han roto muchos esquemas en el género y en la industria. Lo lógico seria enunciar que West ha acabado construyendo un género alrededor suyo, una especie de mainstream experimental, con pocas reverencias a la “old school” (es muy muy difícil categorizar Yeezus como un disco hip hop sensu stricto), muchas colaboraciones, y bien seleccionadas, producciones impecables (Rick Rubin en buena medida), y una buena dosis de autoliteratura. Si, vale, es difícil encontrar un rapero que no construya historias y leyendas alrededor de su figura, pero en el caso de West, ha trascendido sin duda el aparato musical. En este disco vamos pues a encontrar esta fórmula, beats y composiciones bien depuradas, una dosis de egolatría irónica I Love Kanye, y featurings de deseo con Chance the Rapper, Frank the Ocean (brillantísimo el tema Fade) o Kendrick Lamar entre tantos otros. Caso de estudio es esta última figura, que después de dos autenticas obras maestras estaba construyendo la alternativa a esta opción Westista, rap EastCoast marca Compton, y que en su colaboración No More Parties in LA, desplaza a Kanye hacia su terreno, e incluso logra arrancarle un flow menos goloso y autotuneado que de costumbre.

También, podemos decir que estamos ante un disco bastante menos agresivo que Yeezus, las texturas góspel aparecen en más de un momento: Ultralight Beam, Waves o el relajado beat de Real friends. Lo que si salimos de Blakk Skinhead o Blood on the Leaves, hace pensar en un camino más popero que quizás predecían los singles previos FourFiveSeconds, o Only One, muy afortunadamente descartadas del corte final del disco.

También, para congratulación del abajo firmante, parece que podríamos asomarnos al 808’s & Heartbreak, pero es fácil encontrar en este disco diferencias pronunciadas con el discutido álbum de 2008. Lo cierto es que Kanye West encadena canciones bastante buenas, seamos justos, plantea un minutaje extenso, ambicioso, que si es cierto que fue decidido sobre la marcha, muestra signos de agotamiento, quizás un poco más afinable.

Hay temas realmente deliciosos, Real Friends, Famous, Ultralight Beam, 30 Hours, otros como Feedback o el mentado No More Parties, que plantean momentos más puramente hip hop; y otros temas que explotan recursos agotados, como el a capella de I Love Kanye, el sample de Silver Surfer Intermission (suena a las llamadas que aparecen mucho en los discos de Lamar, ¿no?) o el autotune del principio de Wolves (tema que hay que decir, gana en su mitad final).

No nos engañemos, con la constelación de apoyo artístico, productores, ingenieros, colaboradores que tiene el rapero, uno sabe a que se enfrenta cuando lo escucha. Tiene sentido sentirse contrariado ante la música que hace Kanye, sobre todo después del arrebato esquizoide que fue Yeezus, pero en The Life of Pablo aparece una faceta más cercana, amable y destilada. No es especialmente transgresor, venimos también de discos con proyección reflejada en gente como Vince Staples, difícil de entender sin un Yeezus previo. Deshacerse en elogios también sería abusivo, a uno le da la sensación de que Kanye se ha acomodado en una creación grácilmente acompasada, menos arriesgada de lo que sonó My Beautiful Dark Twisted Fantasy, o ambiciosa de lo que sí que han hecho otros amigos del género recientemente. Vamos, que no es “el mejor disco de la historia“.

Una añadidura al asunto podría ser la reflexión a la que nos lleva un momento como este, el disco puede ser también radiografía de cómo se encuentra la música negra comercial en 2016. Esto es un valor apreciable en The Life of Pablo: más que una ruptura, se ve una recolección de muestras musicales de los géneros-entorno de Kanye, destinadas a conformar un bonito y vistoso mosaico. Dicho de otra manera, uno reconoce a West acomodado en su terreno, en el que maneja un nivel bastante alto, pero habría sido absolutamente catárquico imaginarse este disco en otros términos más atípicos. Así que una conclusión podría ser: es un disco destinado a ofrecer una proyección un poco dilatada, digámoslo, merece un reposo después de la sobreexposición a la que estamos sometiendo a este fenómeno. Y lo digo, porque uno teme que envejezca bien, y dentro de un tiempo gane enteros.