Joe Crepúsculo – Disco duro

Nuestra puntuación

8

“Esto es música para adultos que aún no puedes comprender… como yo antes no podía comprender. Así es.”

Diga lo que diga la letra, Joël Iriarte no es un adulto al uso (¿qué es ser adulto?), pero si a trayectoria y discografía nos referimos podemos decir que está crecidito. Son ya 8 álbumes publicados, pero no solo eso: también cosecha unos cuantos himnos y mucha presencia en salas y festivales a partes iguales.

Disco duro (El Volcán Música / Ópalo Negro, 2017) es hasta ahora su disco más pausado, más armonioso, sin dejar a un lado un sonido personal en el que lleva 9 años trabajando. Sí, ha bajado las revoluciones, pero las ha afinado con un resultado más serio, en el buen sentido de la palabra. En su anterior referencia discográfica, Nuevos Misterios, su sonido estuvo más cerca de la rumba que nunca. En el recién publicado, Joe Crepúsculo pretende deshacerse de etiquetas que a menudo le ponen y que poco merece. No quiere ser solo el de la cumbia, el rumbero, el maquinero o el trash… Que siga siendo cualquiera de esas definiciones para quien lo desee, pero más allá de géneros y subgéneros lo que Joe Crepúsculo hace es pop.

En lo conceptual es un disco que también parece más trabajado y a la vez está lleno de dualidades, se mueve entre lo viejo y lo nuevo, lo digital y lo analógico, rozando estilos y mezclándolos de una forma que nunca ha mostrado complejos ni lo va a hacer ahora. El primer tema que lanzó hace unos meses fue Te voy a pinchar, el primero del álbum. Es de los más gamberros, con un sonido muy peleón. Pisciburguer continua en esta línea, tanto en arreglos como en letra.

Tras ese inicio, en el que parece que estamos en algo que ya hemos escuchado, aparecen temas muy distintos entre sí. Familia y Cigarros se acerca al reggaeton y al trap, algo que ya ha hecho antes Crepus, pero que esta vez afina como el que sabe bien lo que está haciendo. Ya ha dicho que Rosas en el mar es, para él, una de las mejores canciones de Disco duro. Sin duda, es una de sus canciones más difíciles de catalogar y a la vez más sugerentes. Con El dicho se pone tan maquinero e irónico como popular. Vuelve al organillo al que tanto le han ligado y con el que tan pocos se atreverían. A partir de aquí comienza a dibujarse otra parte del disco: Ojos de conejo, Vamos al bosque y Un demonio con piel de cordero con Soledad Vélez, Las Alas del adiós…  De pronto las letras hablan de metáforas animales, de naturaleza, de costumbrismo. En concreto Un demonio con piel de cordero es una pieza única que se mueve entre el bakalao y la rumba de una forma tan orgánica que no parece real.

Lidera la última parte del disco Música para adultos, que desde la primera escucha se presenta como su nuevo himno festivalero y bailongo, con guiños a sus inicios y seguramente a su futuro. El videoclip, a cargo de Querido Antonio, es de las mejores cosas que verás este año en el panorama musical-audiovisual. Rumba, bakalao, tecnopop, tropical, maquinero, verbenero… definidle como queráis, desde Escuela de Zebras ha demostrado que ser especie única se le viene dando muy bien.