JIMI GOODWIN – ODLUDEK

Este primer viaje en solitario de Jimi Goodwin llamado Odludek está cargado de reminiscencias del sonido de Doves, por lo que en principio a los fans del grupo inglés no les debería sonar a chino. No obstante, Odludek tiene algo que lo hace sonar más personal, un sonido directo de la cabeza de Goodwin que no se plasma de forma pura en los álbumes de Doves. Esto no quiere decir que sea mejor o peor, simplemente está ahí.

También puede interponerse entre este álbum y sus fans la falta de pudor de Jimi Goodwin a la hora de virar bruscamente hacia otros sonidos y de experimentar cuanto ha querido. Otra vez, esto no es mejor ni peor, aunque suena mejor y se disfruta más cuando se escucha sin pensar en lo que había antes de Odludek, sin prejuicios. Es un disco diverso, y muchas veces excéntrico, con el que seguro no te vas aburrir y que no deja indiferente, contando con experimentaciones que amas u odias, como es el caso de Man v Dingo, del disco quizás la más experimental (y de las más interesantes), que al principio puede resultar inquietante pero va ganando poco a poco. En el caso de esta, al principio nos extrañamos con ese sonido dance/funk para luego pasar por un matiz más jazz hasta llegar al momento en el que entra la voz de Goodwin, imbuído por el espíritu de los The Clash más eclécticos. Una cierta influencia al Tom Waits más crudo y experimental, así como unas trompetas y un regustillo swing cubren todo el tema. La misma sensibilidad jazz va a haber por ejemplo en Keep My Soul In Song, una balada bellamente construida.

De la tendencia al progressive con la que desde el principio contaban Doves aquí Goodwin sigue su estela, construyendo los ambientes con pie firme y haciendo avanzar las canciones a través de diversos niveles, como en Man v Dingo o Oh! Whiskey. No obstante la duración de las canciones más largas puede jugar en su contra.

Jimi Goodwin ha cogido la esencia de Doves pero no se ha quedado en ella, tratando de estirarla al máximo y de que todas las ideas tengan cabida y posibilidad de llevarse a cabo hasta el final. Ya desde Terracotta Warrior notamos esto. Flanqueada por esos sonidos cercanos a unas bocinas de barco la voz de Jimi suena gruesa y poderosa. En ella se mantiene una tensión constante, con esos cambios bien milimetrados entre la inquietud abrasiva de las bocinas y un ambiente más neutro pero muy bien instrumentalizado con el que la canción va avanzando. Sobre una línea constante de bajo se montan numerosos sonidos (llegan a escucharse diversas percusiones) e instrumentos.

Como en Terracotta Warrior, la instrumentalización va a ser muy recargada durante todo el álbum. A ella le sigue Didsbury Girl, que, aunque no aporte nada nuevo, recuerda más a Doves. En este grupo de canciones más neutrales con el grupo inglés está también, por ejemplo, The Ghost Of The Empties.

En Live Like A River tenemos la nostálgica de Sub Sub, el grupo embrión de Doves, con un ritmo y espíritu más dance y un riff electrónico que va entrando y saliendo tras la voz de Goodwin sin llegar a agotar como podría haber ocurrido de haber sido más constante. Este punto dance también va a estar en la ya mencionada Man v Dingo.

Por la otra parte vamos a encontrar una cara más folk con canciones como Hope, que suena a canto a lo natural y acoge otras sonoridades más exóticas, Panic Tree y la ya conocida Oh! Whiskey (también de las más interesantes del disco), una cuidada pieza que oscila entre el rock más tradicional y la sensibilidad britpop de Doves.

Pese a su cargada instrumentalización, Odludek tiene algo de espontáneo, de surgido de la pureza de querer hacer algo sin más circunstancias externas. Y es que una vez que comienzas a escuchar una canción no puedes estar seguro de por dónde va a terminar tirando. Un buen ejemplo de esto es Panic Tree, que comienza como una sencilla balada folk y después introduce un pianillo como de barraca de feria que resulta inquietante a la par que entrañable.

Por tanto, en ese sonido que ya conocíamos se introducen unos pasos más marcadas, en mayor o menor cantidad, hacia otras direcciones como pueden ser el dance, el folk, el jazz… A pesar de su eclecticismo se percibe como un disco bien cohesionado, si bien debido a las experimentaciones a veces puede cansar a quien no esté preparado. Depende de cada cual, Odludek puede entrar bien o mal, si bien desde una postura neutra hay que reconocer lo evidente, que es que con Jimi Goodwin estamos ante un artista genuino que en este viaje, sin embargo, brilla más cuanto más se abre y asimila todo lo que le llega, sin importarle el qué dirán. Así es como yo percibo este disco. Por la parte que le toca, Odludek es una pieza única que se disfruta más cuanto más extraña se vuelve.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7,5/10

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