IVÁN FERREIRO – CASA

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Nuestra puntuación

8

Cuando en un juego quieres salvarte, cuando te quitas los zapatos nada más entrar, cuando suspiras a… en todos esos momentos estas en casa. Donde, al cerrar la puerta, puedes llorar, puedes reír, puedes gritar. Donde te sientes cómodo, donde no tienes que fingir, donde eres tú realmente.  Y donde están los tuyos. Ese lugar es casa y de todo eso está impregnado lo último de Iván Ferreiro.

Iván vuelve a su hogar y nos hace parte de él. Porque su vuelta, tras 3 años de pausa discográfica, también es CASA. Las fotos de promoción del disco, en las que está “repanchingando” en un sofá también son un reflejo de lo que quiere transmitir, que hace tiempo que no tiene nada que demostrar pero sí nuevas caras que enseñar.

Ha dicho en varias entrevistas que no quería hacer un disco triste, a pesar de un año duro. También tiene claro que el pop es hacer canciones sobre uno mismo que a la vez sean de quien las escucha. Casa, ahora vivo aquí es el hall de entrada a un disco que parece más triste de lo que realmente luego es. Iván nos abre la puerta en la zozobra de su corazón, porque “estaba muerto, para volver había que cantar”.

Es una declaración de intenciones, una vuelta a lo más esencial de uno mismo. En su segundo tema, Farsante, se torna algo más retorcido, pero bucea en su sonido más reconocible. Ideada por Leiva, él le regaló el estribillo y él la terminó con Amaro.  “Somos diamantes imposibles de tallar, somos amantes los que siempre se ahogan”. Parece que aquello de que este también es un disco de rupturas se asoma en algunos momentos más que en otros.

Dioses de la distorsión suena al Iván de los inicios en solitario y La otra mitad al de los últimos discos. Son dos delicias que pueden pasar desapercibidas en una primera escucha, pero que más tarde se te meten dentro con conceptos tan Ferreiro como “las tinieblas de la intimidad”. Mientras el título del disco es el micromundo, la portada es el macro. La casa es la unidad mínima de lugar donde habitar y Laniakea es el conjunto de galaxias donde nos encontramos. Este contraste aparece continuamente a lo largo del disco.

El tema con el nombre galáctico es algo más rock y más colorista a la vez. En él, la voz rasgada más particular de la escena indie aparece por fin en el disco.  Si Laniakea era el aperitivo guitarrero, Dies Irae es la más cercana al rock clásico y gamberro con permiso a súbitas pausas al ruido, en forma de estrofas en las que solo queda su voz. Los restos del amor sería lo menos Iván Ferreiro que conocemos hasta ahora, con un estribillo mucho más pop que nunca, acompañado de una voz femenina que le da un toque de una luminosidad inédita hasta ahora.

Todas esas cosas buenas es de esos medio tiempos de Iván que suenan incluso a canción popular, a nana, a juego inocente pero que esconden mucho más y que, según avanzan, en realidad hablan de la pérdida. Y por fin llegamos a El pensamiento circular, el primer adelanto del disco y la cara visible, algo que suele ocurrirle a las obras de Ferreiro. Es perfecta, es redonda, es triste pero esperanzadora y tranquila a la vez. Los dramas y los sollozos esta vez no aparecen por aquí. “Hay veces, no muchas ni tampoco pocas, que pienso en ti.” Solo un gallego podría decir esto y que sonara tan bien. Y además hablar de chucherías, de porquería y de tonterías. Y de noches en las que esta canción, con una base y una melodía que te envuelven en su universo hipnótico, podría sonar en bucle sin problema.

El viaje a Dondenosabidusientan vuelve a romper hacia el tramo final del disco, juega con tintes más electrónicos, se lanza otra vez hacia la travesura, la continúa con Tupolev y finaliza con Río Alquitrán, entre el sonido más Ferreiro y lo más desconocido, entre la derrota y la esperanza. En definitiva, bajo la producción del maestro de la sutileza, Ricky Faulkner, ha conseguido un disco lleno de matices y más completo que nunca. La casa de Iván no es un sitio, la casa de Iván son muchos lugares: sus discos, el escenario, Madrid, Galicia… y nosotros un poco también.