IGGY POP – APRÈS

Pido disculpas por mi falta de objetividad en las siguientes líneas. Reconozco que es complicado juzgar el disco de uno de mis ídolos de infancia, en el que se atreve a jugar con uno de los géneros más refinados que existen: La Chanson francesa. Que uno de los mitos del Rock se atreva con un álbum de versiones de personalidades como Gainsbourg o Edith Piaf es un mensaje cultural de un calado tan grande que no puede pasar desapercibido. El propio Iggy fue uno de los artistas que a través de su talento desterraron géneros “blandos” de la consciencia colectiva. El macarra no podía tener una elegancia clásica, debía romper con todo. Iggy Pop se empeñó en enmendar su pecado de juventud en su anterior disco, donde se atrevía con verdaderos temazos como la versión de Les Feuilles mortes, de Yves Montand. En Aprés, se sumerge, de nuevo, en los grandes éxitos del género francés por excelencia demostrando valentía y sofisticación, a pesar de que la pronunciación le pueda jugar a veces malas pasadas.

La apuesta por ese refinamiento tan parisino es una grata sorpresa de un músico que siempre se acercó mucho más a la calle que al conservatorio. Y la apuesta me parece un éxito, porque no hay nada más callejero que un buen vodevil, que él hace suyo con esa voz rota que pone una nota de oscuridad a la luz de la Chanson. Este disco de versiones sorprende a cada corte, músicos franceses barnizados por el estilo Iggy y músicos yankis barnizados por París. De esta manera conviven Nilsson, Frank Sinatra o Roy Orbison con Gainsbourg o Georges Brassens. La convivencia se produce a través de ese jazz francés tan peculiar que nació de las calles más sórdidas de la capital francesa. Iggy te pone el visado a ese mundo tan lejano pero a la vez tan cercano.

Si aceptas la propuesta, te sentirás como un Dandy, en un mundo refinado y seductor, dentro de en un Jazz callejero convertido en vodevil. Te recomiendo que empieces por La Javanaise de Serge Gainsbourg, quizá la versión más lograda del disco. Gainsbourg e Iggy se fusionan a través de uno de los himnos de la Chanson más sofisticados. Ideal para parejas. Aunque para osadía, la versión de La vie en rose de la mismísima Edith Piaf. Es complicado situarse al nivel de la Piaf. Por ello y quizás por cercanía, Iggy Pop se decanta por el ritmo de La vie en Rose de Louis Amstrong. El tema tiene mucha personalidad aunque es cierto que no llega a superar las anteriores versiones del segundo himno de Francia. Otro de los himnos del género que visita Iggy es Si tu n’ existais pas. El tema de Joe Dassin se transforma en un vodevil canalla donde la voz de Iggy aporta una rebeldía a la canción que en su original no es tan evidente. No obstante, creo que es uno de los cortes menos logrados de Aprés. Por otro lado, el ejercicio de arqueología musical que hace el ex-Stooge con Les Passantes de Georges Brassens es una de la joyas ocultas del LP. Ese toque de cantautor francés la convierte en un tema único en la discografía de Iggy Pop.

En la otra vertiente del disco aparecen disfrazados de francesas, canciones muy representativas de la música americana del siglo XX. Sinceramente, en su mayoría son versiones bastante prescindibles pero tienen una intencionalidad muy valiosa. Everybody´s talking, de Nilsson, es el mejor ejemplo de esa intención de fuisonar Folk y Chanson. Una versión con mucho encanto pero muy menor. Por su parte, fusionar Yoko Ono, Iggy Pop y canción francesa, en I´m going away smiling, puede producir un cortocircuito musical y aunque el tema funciona bien como una balada de atmósfera parisina, fuera de este álbum no tendría ningún sentido. Eso sí, tiene una sensibilidad especial que puede atrapar. Para compensar, no te pierdas el revival vodevil de Only the lonely de Roy Orbison.

Hay discos que hay que apreciar por su atrevimiento, por romper reglas establecidas. Olvidarse de los gustos, de los géneros, de los prejuicios y hasta de la calidad de lo que oímos. Hay que valorar este Aprés como lo que es, el disco más trangresor de Iggy Pop en las últimas décadas. Un icono del Rock convertido en un cantante melódico sofisticado es una jugada tan arriesgada que debe tenerse muy en cuenta. Volver al clasicismo y a la estética de la música francesa de los 50 y 60 es un acto de valentía que demuestra la versatilidad de un artista. Me encanta que los mitos se desmitifiquen a sí mismos, ¿por qué no va poder Iggy Pop convertirse en Edith Piaf?

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10