GUCCI MANE – WOPTOBER

gucci

Nuestra puntuación

7

Con un simple juego de perspectiva cronológica y aptitud para la poetización, la miseria humana puede graduar a su antojo el nivel de tolerancia que infunde en el imaginario colectivo. Porque un misógino no es tan misógino si fue rey de Inglaterra y señor de Irlanda y ordenaba la decapitación de sus esposas hace tanto tiempo como en el Renacimiento. Y un asesino no es tan asesino cuando tiene un apodo igual de misterioso que Lead Belly (en inglés, “vientre de plomo”) y se le atribuye la autoría de algunos de los más icónicos estándares del folk norteamericano del pasado siglo. Hasta Hitler se vuelve menos abominable al descubrimiento de que su verdadera vocación nunca fue la sociopatía sino el arte, y que cuando la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Viena rechazó por segunda vez su candidatura, se vio abocado a la gasificación de polacos y a la pintura amateur diluida en lágrimas de sueños rotos como vía de canalización de una frustración profesional infinita. Tan infinita como la elucubración de la llamada historia contrafáctica ante la suculenta posibilidad de que, de haber permitido a un joven austríaco de bigote inquietante cumplir con sus aspiraciones pictóricas, el mundo hoy quizás sería otro.

Tanto en antagonismo con lo anterior como en su correspondiente escala de acontecimientos, es probable que si Gucci Mane nunca hubiese sido hallado culpable de tenencia ilícita de armas y, consecuentemente, sentenciado a 3 años de encarcelamiento en una penitenciaría de máxima seguridad en Indiana, la vida terrestre no hubiera cambiado significativamente. Lo que sí es bastante posible es que el lean (un cóctel de jarabe para la tos y refrescos popularizado en la escena del rap underground de los 90), la hierba y el hip hop hubiesen consumido ya hace un tiempo al rapero más silenciosamente influyente y prolífico de la pasada década.

Y es que, si nadie se molestara en psicoanalizarlo un poco, el nacido Radric Davis y sin lazos contractuales ni espirituales con la casa de moda italiana Gucci pasaría relativamente desapercibido como enésima caricatura de la escuela de la calle, y subrayo lo de “relativamente” porque el tipo lleva un cucurucho de tres bolas de helado tatuado en la mejilla derecha, cosa que a modo de herramienta para el camuflaje urbano debe de resultar tirando a ineficiente. A modo de símbolo de su personalidad artística, sin embargo, no puede representarlo con mayor acierto; una de las pocas cosas más heladas que el propio Gucci actualmente es su Woptober (estilizado “WOPTOBER”), último álbum de estudio del de Atlanta, segundo este año tras haber sido puesto en libertad condicional en mayo y décimo de su carrera.

Mane mantuvo su incansable ética de trabajo incluso desde la trena, y lanzó un par de docenas de mixtapes de ultratumba que había confiado dentro de un disco duro a su ingeniero de sonido habitual. No obstante, la productividad fue lo único que el nuevo Gucci se llevó consigo del viejo; un día después de salir de prisión, lanzó el muy apropiadamente titulado First Day Out Tha Feds, en el que queda patente que este renacido Guwop ni suena ni se ve como antes, a juzgar tanto por la inusualmente inteligible dicción de sus versos como por una serie de mejoras severas en su apariencia física, de la que presume en el mismo videoclip de acompañamiento donde se atreve a seguirles la corriente a los bromistas que afirman que el Gucci post-prisión federal, sano, sobrio y equilibrado, sólo puede ser un clon.

Mientras Everybody Looking, -el largo que publicó menos de un mes después de finalizar su condena-, representa el cántico triunfal y vigoroso de un héroe que ha recuperado por fin sus súperpoderes, Woptober, por contraposición, es un retorno a las raíces frías, implacables y desvergonzadamente dependientes de bajos nocivos que sentaron las bases tanto de la identidad sónica de Gucci Mane como de lo que, a veces, es considerado lo mismo: trap. El más reciente desestabilizador del mainstream musical en la segunda década del siglo presente. Zaytoven, Metro Boomin o London on da Track firman en este preciso instante los beats más cotizados de la escena, pero regresan siempre como perros fieles a la mano que primero les dio de comer. Las colaboraciones son modestas para lo que puede permitirse un hombre por quien, en sus propias palabras, ha pasado todo lo que se mueve dentro del rap actual, especialmente comparando con la estelaridad de los invitados en el esfuerzo inmediatamente anterior a este Woptober (Drake, Kanye West y su antaño protégé Young Thug).

El single promocional con Travis Scott como invitado, Last Time, es palpablemente lo más alejado y templado de la clásica identidad gélida que caracteriza a Gucci y que, sin tapujos, pretende volver a encapsular. En el primero no existe apenas nada de la ostentación salvaje, procedente del último coletazo del gangsta rap, que campa a sus anchas en temas como Money Machine (con Rick Ross) o Bling Blaww Burr (junto a Young Dolph). En Aggressive, que cuenta con vídeo y cameos de Young Thug, 2 Chainz y Meek Mill, así como Icy Lil Bitch”y Dirty Lil Nigga, tres de los temas más contundentes y elegantes de la colección, su temple de hielo se torna intimidante de tan inamovible. Para cuando es la hora de comenzar con las conclusiones en la antepenúltima pista, Hi-Five, Woptober ya ha perdido bastante fuelle, aunque justo antes de desinflarse por completo, Love Her Body, regala la verbalización de otra gran duda existencial de nuestra generación: “do I love my bitch or am I in love with her body?.”

No es nada fácil romantizar la trayectoria vital de Gucci; la fealdad en la parte más decadente de su historia es excesivamente moderna como para hacerla digerible por distanciamiento. De forma análoga, la lírica tradicional puede tener dificultades comprensibles para sintetizar a un hombre que le abre cuentas de Twitter e Instagram a un medallón de Santa Claus helado en diamantes (como él mismo se cuestiona en Intro: Fuck 12, how you gon’ keep it real and your diamonds not real?). Queda poco más que esperar que el tiempo y la poesía le den, como la razón a los que la tienen, su merecido estatus de fascinantemente corrupta leyenda popular. Gucci Mane sigue trabajando con ahínco en el forjamiento de dicho estatus; sin ir más lejos, ya hay fecha en diciembre para un próximo y tercer lanzamiento este año (The Return of the East Atlanta Santa). Woptober ha sido, sin lugar a duda, otra prueba fehaciente más de su incombustibilidad.